SANTA CLARA, California.- El show de medio tiempo del Super Bowl protagonizado por Bad Bunny combinó espectáculo y mensaje político en uno de los escenarios de mayor visibilidad de Estados Unidos. A lo largo de poco más de 13 minutos, el artista puertorriqueño desplegó una puesta en escena atravesada por referencias a la historia, la cultura y la experiencia migratoria latinoamericana, en un contexto marcado por el endurecimiento del discurso oficial sobre inmigración bajo la segunda presidencia de Donald Trump.
La escenografía incluyó imágenes de una plantación de caña de azúcar, una barbería de barrio, una bodega neoyorquina y la ya recurrente “casita” puertorriqueña. El recorrido visual remitió tanto al pasado colonial de la isla como a la vida cotidiana de la diáspora latina en Estados Unidos, y funcionó como hilo conductor de un relato que articuló trabajo, comunidad y memoria histórica.
Pese a las expectativas de un mensaje directo contra el gobierno, Bad Bunny evitó consignas explícitas, pero no el contenido político. Cantó mayoritariamente en español, reivindicó una identidad panamericana al remarcar que América no se limita a un solo país y colocó en el centro del espectáculo escenas asociadas al trabajo, la migración y la vida cotidiana de las comunidades latinas. En un contexto atravesado por el endurecimiento del discurso oficial sobre el idioma, las deportaciones y la identidad nacional, esas decisiones operaron como una forma de confrontación simbólica con la narrativa promovida desde la Casa Blanca.
El idioma
La elección del español adquirió una relevancia política particular en el marco del actual clima político en Estados Unidos. Tras asumir su segundo mandato en enero de 2025, Donald Trump firmó una orden ejecutiva que estableció al inglés como único idioma oficial del gobierno federal, una medida que forma parte de un endurecimiento más amplio del enfoque oficial sobre inmigración e identidad nacional. En ese contexto, y en el evento televisivo más visto del país, el español ocupó un lugar central y deliberado.
El número 64
Otro de los gestos más elocuentes fue la camiseta con el número 64 que lució Bad Bunny, acompañada por la inscripción “Ocasio”, uno de sus apellidos. La cifra remite al conteo oficial inicial de muertes tras el huracán María, en 2017, un número que fue rápidamente cuestionado por organizaciones y expertos por minimizar la magnitud real de la tragedia.
Estudios posteriores elevaron el número de fallecidos a cerca de 3000, y con el tiempo el 64 se transformó en un símbolo de negación política y abandono institucional. En el contexto del show, la camiseta funcionó como una acusación silenciosa y como un recordatorio del impacto de la catástrofe sobre los 3,2 millones de puertorriqueños.
La casita
Otro símbolo central fue la “casita”, una estructura de concreto rosa inspirada en la arquitectura doméstica de Puerto Rico que se ha convertido en un ícono visual dentro del universo de Debí Tirar Más Fotos. Lejos de ser un simple elemento escenográfico, replica una vivienda real de Humacao y actúa como un puente sensorial hacia la isla, evocando la vida comunitaria de barrios y zonas rurales, y trasladando esa experiencia íntima a un público global.
La casita ha funcionado también como segundo escenario en parte de la gira DeBí TiRAR MáS FOToS World Tour. Su presencia en el Super Bowl resignificó ese espacio como lugar de pertenencia, comunidad y permanencia, en un contexto atravesado por la gentrificación, el turismo de lujo y los desplazamientos económicos que han transformado el paisaje urbano y rural de Puerto Rico.
Lo que pasó en Hawaii
El repertorio del show se apoyó de manera central en canciones atravesadas por una fuerte carga social. Entre ellas, Lo que le pasó a Hawaii funcionó como una advertencia explícita sobre el riesgo de que la cultura puertorriqueña sea desplazada por la llegada masiva de capital extranjero, en un paralelismo directo con la experiencia hawaiana.
Uno de los momentos más significativos llegó cuando Ricky Martin tomó el micrófono para interpretar el tema, transformándolo en una declaración colectiva sobre el destino de la isla. La letra pone en primer plano el despojo cotidiano —la pérdida del territorio, del barrio y de los vínculos familiares— y apela a la memoria cultural como forma de resistencia, hasta cerrar con una frase que sintetiza el temor compartido: que Puerto Rico siga el mismo camino que Hawaii.
“El apagón”
La escena de El apagón fue una de las más explícitas del show. Detrás de Ricky Martin, jíbaros con pavas (campesinos con sombreros tradicionales de paja) treparon postes de luz que estallaban, una imagen directa de los cortes eléctricos recurrentes y del deterioro de la infraestructura energética de la isla. Agricultores tradicionales, vestidos de blanco y con sombreros de paja, encarnaron el contraste entre una tradición rural persistente y una modernidad fallida.
Luego, Bad Bunny interpretó el tema subido a un poste de electricidad, rodeado de trabajadores, en una alusión directa a una red obsoleta y privatizada tras el huracán María. Lanzada en 2022, la canción condensó el hartazgo acumulado por años de apagones crónicos y denunció un modelo económico que favorece a inversores externos mientras impone precariedad y servicios inestables a los residentes.
La bandera celeste
Entre los gestos más sutiles estuvo la bandera puertorriqueña que portó en escena. No era la versión oficial, sino la bandera celeste asociada al movimiento independentista. Conserva la estrella y las franjas rojas y blancas, pero reemplaza el azul marino por un celeste que históricamente simbolizó una ruptura con la iconografía estadounidense.
A fines de la década de 1940, esa bandera fue prohibida en la isla. Bad Bunny la menciona en La Mudanza, la canción que cierra Debí Tirar Más Fotos, donde expresa su deseo de que “la bandera celeste” lo acompañe hasta la muerte.
God Bless America
El mensaje panamericano alcanzó su punto más explícito cuando Bad Bunny dijo en inglés “God bless America”, pero a continuación enumeró países de todo el continente y encabezó un desfile de banderas. La frase dejó de referirse a Estados Unidos para abarcar al hemisferio entero. Antes del cierre, pateó un balón de fútbol con clavos con la inscripción “Together, We Are America”, mientras una valla gigante proclamaba: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. El final fue en español: “Seguimos aquí”.
La elección no fue casual. Desde que se anunció su participación, el artista fue cuestionado por sectores conservadores que lo acusaron de no ser “estadounidense”. Trump llegó a afirmar que “todo lo que hace es sembrar odio”. La respuesta del músico fue una reafirmación del español, de la identidad panlatina y de una idea ampliada de América en uno de los rituales más emblemáticos de la cultura estadounidense.
El antecedente más resonante es el videoclip de Nuevayol, otra de las canciones interpretadas, en el que incorpora una grabación que imita la voz de Trump y en la que ese “Trump-like” se disculpa con los inmigrantes y reconoce que “este país no es nada sin los inmigrantes”.
Agencia AP y diarios El País y The New York Times
