En la puerta de la semifinal de Masterchef Celebrity, el exitoso reality de Telefe, Marixa Balli se quedó afuera. Y llegó muy lejos tomando en cuenta que no sabe cocinar y por eso su primera respuesta fue no. Pero se entusiasmó tanto que ahora quiere agrandar la cocina de su casa. LA NACION habló con ella sobre este aprendizaje y cómo el programa cambió su alimentación. Explica por qué comía sin condimentos y por qué había achicado su cocina. Y se emocionó cuando contó que esta experiencia la remontó a su infancia.
-¿Cuál es el balance de tu paso por MasterChef?
-Fue muy impactante para mí, porque no quería aceptar estar en el programa. No sabía cocinar y me daba mucha vergüenza quedar mal. Y me insistieron, me hablaron superlindo, me dijeron que me iba a enganchar y que le iba a encontrar sentido a la cocina, a la comida. Y fue lo que pasó después, me enganché, me entusiasmé, empecé a estudiar sola porque nunca tuve un coach ni un chef que me asesorara y me compenetré y estudié. Fue lindo.
-¿No sabías cocinar nada de nada?
-Todo lo que sea de paquete, al agua, sí. Me gusta mucho la pasta seca. Así que era lo único que me hacía. Por eso, tenía miedo de entrar, y les aclaré que no estaba haciendo un acting, que no les decía que no sabía cocinar para después sorprender. Además, no sé en qué momento ponerle sal o pimienta porque no le pongo condimentos a la comida. Me acostumbré a comer todo muy básico. No estoy acostumbrada a buscarle sabor a la comida.
-¿Y por qué comés sin condimentos?
-Porque la sal me parecía muy salada y no me llamaba la atención. Como no me llamaba la atención el alcohol, que nunca probé, y tampoco fumo. Para mi la comida no es un ritual. Obvio que tengo hambre y a veces como tonterías porque me gusta más un sándwich de queso solo, que un plato de comida. Soy rara con la alimentación. Y al no tener idea de condimentos y cero paladar era difícil al principio porque me decían que le faltaba sal y yo no tenía ni idea. Me costó mucho aliviarme con todo eso porque soy una persona que se come todo desabrido.
-¿Y ahora qué cambio en tu alimentación luego del reality?
-Y ahora me encantan los condimentos (risas). Me gusta ir a desayunar y pido palta con huevo duro y tomatito, en una tostada de pan negro. Y cuando me preguntan qué le voy a poner, pido miel, aceite de oliva, pimienta. Antes no hubiera pedido nada. Lo hermoso del programa también fue que me remontó a mi infancia, cuando estábamos juntos con mi mamá, mi papá y mi hermano. Siempre fui muy familiera y MasterChef me trajo esos momentos felices. Mi papá cocinaba muy bien y mi mamá también. Y ellos cocinaban a pesar de que yo tenía una alimentación muy básica, porque era muy responsable con la danza y quería mantener mi peso.
-¿Y ahora te cocinás?
-Tengo poco tiempo, pero empecé a cocinar, y me gusta hacer pasta de cero y me compré la máquina. Hago pasta marmolada, pasta rellena. Me dijeron que soy la mejor en pasta. Y me gusta mucho lo dulce… En el programa hice la Pavlova y me salió espectacular. Tengo ganas de cambiar toda la cocina y agrandarla. Cuando me mudé achiqué la cocina porque no era parte de mi vida. Entonces me quedó muy chiquita y construí un estudio de grabación muy grande para cantar. Y ahora quiero sacar el estudio y hacer una cocina bien grande, cómoda, linda, importante. Quiero que tenga una isla y hacer tutoriales, porque la gente se enganchó mucho conmigo por el hecho de que yo no cocinaba nada. Porque si no sé cocinar y aprendí, cualquiera puede lograrlo (risas). Me parecía aburrido cocinar y aprendí a disfrutarlo. Espero tener más tiempo, aunque ahora me sumé a Cortá por Lozano y sigo todas las mañanas en la Pop con Lizy Tagliani…. Me levanto a las 4.30 para estar en la radio a las 6.
-¿Vas a sacar el estudio de tu casa porque ya no cantás?
-Sí, canto, pero ya no tengo ganas de hacer shows. Creo que me cansó la “Cachaca” (risas). Si apareciera un compositor que me proponga otra cosa, me engancharía. Tengo ganas de hacer trap. Y me divierte mucho el Autotune y todas esas cosas que se utilizan ahora.
-¿Cómo te llevaste con tus compañeros y con los jurados?
-El grupo es maravilloso y depende de cada uno seguir en contacto ahora. Todos somos muy distintos, con diferentes actividades. Todos los días estamos en el chat tratando de arreglar una juntada. Creo que la relación se va a mantener. Nos llevamos muy bien durante todo este tiempo y nos complementamos. Y los jurados también son amorosos. Confieso que las primeras devoluciones me dolían porque yo era un soquete en la cocina. Salí de mi zona de confort y no tenía ni idea. Aprendí mucho en todos estos meses. Cuando entré al programa tenía tanta negación que no miraba ni un video de cocina. Cuando me convocaron podría haber estudiado y ocuparme y no lo hice. Pero después me enamoré de la cocina. Descubrí algo que no sabía que tenía y es una nueva pasión.
-Tenés tu marca de zapatos e indumentaria, aunque cerraste un local…
-Sí, abrí uno hace muy poco y lo hice cero porque estaba detonado. En este momento estoy haciendo la liquidación y después voy a dedicarme a un nuevo rubro.
-¿Qué rubro?
-No lo quiero decir todavía, pero voy por algo mucho más sencillo, más simple, que yo no tenga que fabricar, ni ponerle tanto esfuerzo, tantas horas, porque no se vende nada. Me cansé de eso, son muchas horas de mi vida y ya no tengo 20 años. Por eso decidí cambiar, a pesar de que hace 26 años que estoy en indumentaria y zapatos. Quiero enfocarme después en lo nuevo. Voy a seguir en el mismo local, en Flores.
-¿Y qué te provoca despedirte de tu marca?
-La marca va a seguir estando, pero en otro rubro. Trato de no encariñarme, de transitarlo como algo que tiene que pasar. Soy una mujer que se adapta a todo y también a la situación del país. Durante 26 años me fue fantástico y en febrero del año pasado me di cuenta de que ya no funcionaba, que era un desastre y tomé la decisión de enfocarme en otra cosa. Guardé todos los insumos que yo misma compré en cada fábrica porque, quizá, esto cambie algún día. Uno nunca sabe cuándo puede volver a ser el momento. Somos un país que resiste todo el tiempo a las malas situaciones. Al argentino no lo vence nada. Son momentos, son malas rachas, no me tengo que enamorar ni aferrarme a nada. Porque cuando uno se aferra a las cosas no logra nada. Hay que hacer todo con ganas, con amor, con dedicación, y no por capricho.
