
La protesta docente en Santa Fe sumó un nuevo capítulo con la llegada de la histórica Carpa Blanca a la ciudad de Rosario, en el marco de un plan de lucha que no se detiene y que busca visibilizar el deterioro salarial y las condiciones laborales del sector.
Con una importante convocatoria de maestras, maestros y referentes sindicales, la jornada volvió a poner en escena el conflicto entre la docencia y el gobierno provincial encabezado por Maximiliano Pullaro, en un escenario que se tensiona semana a semana.
Una protesta que se sostiene y crece
La Carpa Blanca —símbolo histórico de la lucha docente— continúa su recorrido por los distintos departamentos de la provincia y, tras pasar por el norte santafesino, recaló en Rosario con una fuerte presencia de la comunidad educativa.
Desde AMSAFE remarcaron que la iniciativa busca sostener el conflicto en la calle frente a un gobierno que, según denuncian, no ha dado respuestas a los reclamos salariales.
El secretario general del gremio, Rodrigo Alonso, fue contundente al describir la situación: “Los trabajadores de la educación están por debajo de la línea de la pobreza”, afirmó, y cuestionó el discurso oficial sobre la evolución de los salarios.
Salarios, inflación y condiciones laborales
Durante la actividad, los referentes sindicales insistieron en que los incrementos salariales otorgados por el gobierno provincial no logran acompañar la inflación.
“Es mentira que le ganamos a la inflación. Ya no se lo cree nadie”, sostuvo Alonso, al tiempo que advirtió que el deterioro del ingreso empuja a muchos docentes al pluriempleo.
En esa línea, también denunciaron el uso del presentismo como mecanismo de presión, obligando a trabajadores a asistir a sus puestos incluso en condiciones de salud adversas para no perder parte de su salario.
“El docente hoy está más preocupado por llegar a fin de mes que por poder enseñar en condiciones dignas”, sintetizó uno de los referentes presentes.
El dato de la jornada: ruido en medio de la protesta
Uno de los episodios que marcó la jornada fue denunciado por el titular de SADOP Rosario, Martín Lucero.
Según relató, en el momento en que comenzaban los discursos, una cuadrilla municipal con maquinaria pesada se dispuso a cortar el césped en las inmediaciones, generando un fuerte ruido que dificultó el desarrollo de la actividad.
“El Estado en lugar de escuchar, pone trabas”, expresó Lucero, en una crítica directa al accionar oficial.
El episodio fue interpretado por los presentes como un gesto de incomodidad frente a la protesta.
Uno de los docentes que participó de la jornada lo resumió con una frase que rápidamente circuló entre los asistentes:
“Además del ajuste sistemático en contra de los trabajadores de los gobiernos de Pullaro y Javkin, también odian que protestemos”.
En medio de la Carpa Blanca y las 1000 clases
Mandaron a toda la cuadrilla con maquinas y tractores para que ” las clases públicas” no se pudieran escuchar.
Toda una foto de los tiempos.
La docencia da dando clases y el Estado poniendo trabas.
Innecesario ser tan anti… pic.twitter.com/LGyREoOlw4
— Tincho Lucero (@tincholucero) April 9, 2026
Un conflicto que no se apaga
La Carpa Blanca en Rosario no fue un hecho aislado, sino parte de una estrategia que busca sostener el reclamo en todo el territorio provincial.
Desde AMSAFE confirmaron que la iniciativa continuará recorriendo los 19 departamentos, con el objetivo de fortalecer la organización docente y visibilizar una situación que, aseguran, se agrava mes a mes.
El reclamo incluye salarios que superen la inflación, el fin del presentismo, mejoras en las condiciones laborales y una recomposición que alcance también a los jubilados.
La calle como escenario de disputa
En un contexto donde las medidas de fuerza implican descuentos salariales y generan temor en parte del sector, la Carpa Blanca aparece como una herramienta de protesta que combina visibilidad, organización y contenido político.
La masiva convocatoria en Rosario dejó en claro que el conflicto docente sigue abierto y que, lejos de diluirse, empieza a sumar nuevos actores y respaldo social.
Porque en Santa Fe, la discusión por la educación ya no se da solo en las aulas. También se disputa en la calle.
