
El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, marcó un quiebre al rechazar la invitación para asistir a la Met Gala 2026, el evento benéfico anual de moda programado para el 4 de mayo. Esta decisión rompe con décadas de tradición política y generó una oleada de reacciones tanto en el ámbito público como en los medios estadounidenses y europeos.
La ausencia de Mamdani cobró especial visibilidad porque la Met Gala representa uno de los eventos culturales y sociales más destacados de la ciudad. Desde la creación del mismo en 1948, los alcaldes en funciones participaron como señal de respaldo institucional. En esta edición, la invitación también se extendió a la primera dama, Rama Duwaji.
En varias entrevistas y declaraciones previas, el alcalde de Nueva York dejó clara su postura: rechazó la acumulación de grandes fortunas y criticó la creciente desigualdad que atraviesa la ciudad, relacionando directamente su negativa a participar con la presencia como patrocinadores y anfitriones de Jeff Bezos y Lauren Sánchez Bezos. Ambos representan, según el intendente, el perfil de multimillonarios incompatible con sus principios.
El índice de Bloomberg calcula la fortuna de Bezos en USD 268.000 millones, mientras que la recaudación de la Met Gala en 2025 alcanzó USD 31 millones.
Según publicaciones estadounidenses como la revista del espectáculo Page Six, el medio local NYC Today, la decisión del alcalde se inscribió en la línea de su mensaje político y su rechazo a la influencia de la élite económica en espacios culturales. Una fuente cercana al mandatario afirmó: “No vendrá. Sería insensato si lo hiciera. Va en contra de todo lo que cree”.
El propio Mamdani enfatizó en 2025: “No creo que debamos tener multimillonarios porque, francamente, es demasiado dinero en un momento de tanta desigualdad. Lo que necesitamos es más igualdad en nuestra ciudad, nuestro estado y nuestro país”.
Reacciones y contexto social: protestas y debate en la ciudad
La decisión del alcalde desató reacciones divergentes en redes sociales y círculos culturales. Algunos interpretaron el gesto como muestra de principios, mientras que otros lo consideraron una oportunidad perdida para apoyar la recaudación de fondos del Costume Institute y el arte local.
La controversia se intensificó porque la ciudad de Nueva York amaneció empapelada con carteles que convocan a boicotear la gala, cuyas consignas incluían “Met Gala, patrocinada por quienes apoyan ICE” y “Met Gala, patrocinada por la explotación laboral”, en alusión a las denuncias sobre condiciones de trabajo en Amazon.
El vínculo con ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos) se explica por las críticas recurrentes a Amazon, donde directivos han sido señalados por colaboraciones logísticas con esa agencia federal.
Las protestas y la campaña de boicot reflejaron el rechazo de amplios sectores sociales al protagonismo de Bezos y Sánchez en la organización del evento.
Simultáneamente, la figura de la primera dama recibió atención mediática: Anna Wintour elogió recientemente el estilo personal de Rama Duwaji y su preferencia por la moda vintage.
Por otra parte, antiguos mensajes de Duwaji en redes sociales resurgieron y alimentaron el debate sobre la imagen pública de la pareja.
El impacto en la política y el espectáculo en Nueva York
La postura de Mamdani fue interpretada como una invitación a repensar el papel de los funcionarios públicos en eventos marcados por el lujo y la desigualdad. Ahora bien, lo cierto es que pocos se atreven a rechazar una invitación de Anna Wintour, directora de la gala y figura central del mundo de la moda.
La alianza visible entre Wintour y los Bezos, fortalecida por sus apariciones públicas conjuntas en París, subrayó el contraste con la determinación del alcalde.
El debate de fondo gira en torno a la influencia de los grandes capitales en la vida cultural de la ciudad y el equilibrio entre tradición, ética pública y representación política. Como señalaron diversos analistas y observadores, la ausencia del social democrático en la Met Gala puede leerse como un mensaje de límites claros entre la función pública y el espectáculo, y un llamado a revisar las prioridades en una de las ciudades más desiguales del país.
