
En un contexto donde distintos dirigentes de Unidos no ocultan su intención de avanzar hacia una eventual alianza con el espacio de Javier Milei, dentro del propio oficialismo santafesino comienzan a aparecer voces que marcan una fuerte contradicción. El caso más evidente en las últimas horas fue el del ministro de Obras Públicas, Lisandro Enrico, quien salió con un discurso contundente contra las políticas del Gobierno nacional.
Las declaraciones del funcionario no solo fueron críticas, sino que dejaron en evidencia una tensión interna que ya no se puede disimular: mientras algunos sectores piensan en acuerdos electorales, otros confrontan abiertamente con el modelo libertario.
El ministro de Obras Públicas de Santa Fe, Lisandro Enrico, advirtió este martes que la obra de ampliación de la planta potabilizadora de Aguas Santafesinas S.A. (ASSA) en la capital provincial «corre riesgo de suspenderse». El Gobierno nacional adeuda certificaciones, derivando en la suspensión de trabajadores de la UTE encargada de los trabajos.
«Lamentablemente, una de las dos obras que le quedó al Gobierno Nacional en Santa Fe, no la están pagando. Entonces, la empresa no cobra y tampoco cobran los obreros», expresó Enrico.
En ese sentido, aseveró que para concluir la obra «faltan cerca de 36.000 millones de pesos», y que el lunes viajaron –por quinta vez– funcionarios santafesinos a Buenos Aires: «Les pedimos por favor que se pongan al día».
Obra pública frenada y reclamo directo a Nación
El eje del planteo de Enrico fue concreto: la paralización de obras clave en la provincia por incumplimientos del Gobierno nacional. Puntualmente, advirtió que la ampliación de la planta potabilizadora de Aguas Santafesinas corre riesgo de suspenderse por falta de pago de certificados.
Según explicó, la Nación adeuda varios meses de desembolsos, lo que impacta directamente en la continuidad de los trabajos y en la situación laboral de los trabajadores involucrados. “La empresa no cobra y los obreros tampoco”, sintetizó.
El dato no es menor: para finalizar la obra se requieren cerca de 36.000 millones de pesos, en un contexto donde, según el propio ministro, la Nación solo sostiene dos obras en toda la provincia y ni siquiera cumple con esos compromisos.
Del reclamo técnico al cuestionamiento político
Pero el discurso de Enrico no se quedó en el plano técnico. El ministro avanzó sobre un terreno más político al cuestionar el enfoque del Gobierno nacional y su forma de construcción discursiva.
Sin mencionarlo como una posición electoral, el planteo dejó un mensaje claro: mientras la provincia intenta sostener la obra pública y el empleo, desde Nación se prioriza el ajuste y el recorte de recursos en el interior.
En ese marco, también apuntó contra la comunicación libertaria, especialmente en redes sociales, donde —según planteó— se construyen críticas desde lo estético sin contacto con la realidad territorial.
La frase fue directa y sin matices: cuestionó a quienes “hacen videítos” mientras hay trabajadores suspendidos. Un mensaje que no solo apuntó a referentes libertarios, sino también a una forma de hacer política que, según su visión, se aleja de la gestión concreta.
Una interna que ya es pública
Las declaraciones del ministro radical no pueden leerse de manera aislada. Se dan en un momento donde dirigentes como Felipe Michlig vienen planteando la necesidad de ampliar el frente hacia La Libertad Avanza.
Esa diferencia de miradas empieza a generar ruido interno dentro de Unidos. Por un lado, quienes priorizan la construcción de mayorías electorales; por el otro, quienes sostienen que no se puede avanzar en acuerdos con un espacio que impulsa políticas que afectan directamente a la provincia.
En el caso de Enrico, su posicionamiento parece claro: no todo se resuelve con rosca política ni alianzas electorales, especialmente cuando hay decisiones de gobierno que impactan de manera directa en la economía real.
Entre la gestión y la estrategia
El contraste es evidente. Mientras algunos sectores de Unidos discuten cómo ampliar el frente para sostener el poder, desde áreas de gestión se plantean críticas concretas al modelo que se pretende incorporar.
La discusión deja una pregunta abierta dentro del oficialismo: ¿hasta qué punto es posible construir una alianza con un espacio al que, al mismo tiempo, se le cuestionan decisiones centrales de gobierno?
En ese cruce, la política santafesina vuelve a mostrar una tensión clásica: la que existe entre la estrategia electoral y la coherencia de gestión.
Y en ese equilibrio, cada declaración empieza a pesar más.
