
(Desde Miami, Estados Unidos) Durante su exposición en la Conferencia de Seguridad Hemisférica, organizada por la Universidad Internacional de Florida y la Fundación Tadea, Mike Waltz describió con exactitud la agenda geopolítica diseñada por Donald Trump para América Latina.
Waltz es representante de Estados Unidos en la ONU, y antes de ocupar ese puesto en New York, fue consejero de Seguridad Nacional en la Casa Blanca.
El presidente de Estados Unidos anunció un minucioso plan estratégico que coloca la anulación de los carteles de la droga en América Latina como prioridad absoluta en materia de seguridad.
“No permitiremos que los cárteles, los yihadistas o los gobiernos que los apoyan conspiren contra nuestros ciudadanos con impunidad”, aseguró Trump.
En este contexto, la administración republicana estructuró un mecanismo de contención que se asienta en el denominado Corolario Trump a la Doctrina Monroe.
Esta construcción geopolítica de Trump consiste en desarrollar una estrategia económica y militar que trabe a potencias extraterritoriales -China, por ejemplo- el acceso a la región.
Pero la estrategia de contención de la Casa Blanca no se agota en China y su ofensiva sobre América Latina. También apunta a desmantelar a carteles de la droga que trabajan en tándem con organizaciones terroristas financiadas por Irán.
Un ejemplo de esta alianza transnacional es la venta de fentanilo en Estados Unidos que sirve para financiar las operaciones terroristas de Hezbollah contra Israel.
–¿Cómo se está implementando el Corolario Trump a la Doctrina Monroe específicamente visto desde el punto de vista de la Misión de Estados Unidos ante las Naciones Unidas?-, preguntó Shlomi Dinar, decano de la Escuela de Asuntos Públicos e Internacionales, Steven J. Green.
–Las organizaciones terroristas multinacionales, las organizaciones criminales, son absolutamente una amenaza para los Estados Unidos. Son una amenaza para nuestros ciudadanos y organizaciones, y las situaciones donde las drogas, las armas, las personas entran y salen de los Estados Unidos sin control o sirven como una especie de cáncer que se propaga por la región son algo que no podemos ni debemos tolerar-, contestó Waltz.
Tras la exposición de Waltz, el debate en la Universidad Internacional de Florida continuó con las implicancias políticas y económicas de la ofensiva de China en América Latina.
La confrontación entre Estados Unidos y China se extiende desde los organismos multilaterales -OEA y ONU- al control de los minerales críticos, insumos estratégicos en la industria civil y militar.
Washington empuja una diplomacia agresiva para evitar que Beijing se apropie de las reservas de minerales críticos que tiene América Latina.
En este sentido, la administración Trump y Argentina, Bolivia, Paraguay, El Salvador, Ecuador, Chile y República Dominicana, entre otros países de la región, acordaron una agenda común para preservar el control de los minerales críticos ante el avance constante de China.
Junto al control de este insumo básico para la fabricación de dispositivos civiles y militares, Estados Unidos apuesta a trabar la aspiración china de manejar infraestructura clave en América Latina.
China perdió el manejo del Canal de Panamá, fracasó en su intento de establecer un puerto de aguas profundas en el sur de la Argentina, y ya casi no accede a licitaciones públicas para montar redes tecnológicas destinadas a la transmisión de datos.
Desde esta perspectiva, la Conferencia de Seguridad Hemisférica fue escenario de un debate protagonizado por Kevin Cabrera -embajador de Estados Unidos en Panamá-, Bernie Navarro -embajador de Perú- y Jay Kramer, director de Asuntos Públicos de Citadel.
