
El primer año del pontificado de León XIV estuvo marcado por su influencia moral en debates globales sobre la guerra, la inmigración y la inteligencia artificial, así como por una transformación profunda y silenciosa en la estructura de la Iglesia Católica en Estados Unidos.
Según The New York Times, la serie de 30 nombramientos episcopales realizados durante este periodo sugiere una reorientación hacia el liderazgo pastoral y la integración de la diversidad étnica que caracteriza hoy a las parroquias y al clero del país.
Estos cambios, ejecutados por León XIV, incluyen obispos nuevos, ascensos o retiros en territorio estadounidense, y anticipan cómo podría configurarse la jerarquía católica nacional bajo este papado.
Un rasgo diferenciador es la preferencia por líderes con historias personales ligadas a la migración y al servicio parroquial directo, en contraste con perfiles tradicionalmente administrativos o políticamente alineados.
El caso más reciente es el de Evelio Menjivar-Ayala, designado como nuevo obispo de Wheeling-Charleston, diócesis que abarca todo Virginia Occidental.
Menjivar-Ayala es el primer obispo salvadoreño en Estados Unidos y, hace dos décadas, obtuvo la ciudadanía tras un periodo como inmigrante indocumentado, lo que le acerca a muchas familias católicas del país.
Señaló que estas decisiones responden a las necesidades de la comunidad. Para él, la biografía de León, quien fue misionero y adquirió la ciudadanía peruana antes de regresar a Estados Unidos, aporta una visión global a estos nombramientos.
Ese mismo día, John Gomez, sacerdote nacido en Colombia y ciudadano estadounidense desde hace cinco años, fue nombrado obispo de la diócesis de Laredo, en la frontera texano-mexicana.
Indicó que su motivación para emigrar a Estados Unidos fue servir a la creciente población hispanohablante en la Iglesia Católica.
Actualmente vicario general en Tyler, Texas, precisó que en esa diócesis casi la mitad de los católicos hablan español y que la demanda de sacerdotes bilingües continúa en aumento.
El papa León XIV, primer pontífice estadounidense, inició una renovación profunda en la jerarquía regional al nombrar a obispos y líderes con experiencia pastoral y raíces migrantes, reflejando así el cambio demográfico de la Iglesia en Estados Unidos.
Estos nombramientos están orientados a responder a la diversidad étnica y lingüística de las comunidades católicas locales y sientan las bases para una transformación duradera en la conducción eclesiástica nacional.
Según datos recogidos por The New York Times, aproximadamente un tercio de los sacerdotes en algunas diócesis de Estados Unidos nacieron en el extranjero, muchos de ellos con tarjetas de residencia o visados religiosos.
En la diócesis de Houma-Thibodaux, en Luisiana, donde León nombró a Simon Peter Engurait, originario de Uganda y séptimo de 14 hermanos, esta diversidad se ve tanto en los fieles como en el clero.
Engurait observó que históricamente los obispos provenían de países como Irlanda, mientras que hoy la procedencia dominante es de América Latina y África.
Expresó su deseo de integrar la variedad de comunidades católicas en su diócesis y fomentar la representación de distintas culturas en festividades y celebraciones.
El impacto del giro promovido por León XIV se intensifica ante la próxima renovación generacional de la élite episcopal. La normativa canónica obliga a los obispos a ofrecer su renuncia al papa al cumplir 75 años, aunque este puede aceptarla hasta cinco años después.
Actualmente, líderes destacados como el cardenal Blase Cupich de Chicago, que cumplió 77 años en marzo, el cardenal Joseph Tobin de Newark, que celebró 74 la semana pasada, y los arzobispos de Las Vegas, Miami y Santa Fe, quienes alcanzarán 76 años este año, perfilan un horizonte de cambios en los cargos más altos.
La celeridad con que se están efectuando estas designaciones se explica por el propio trasfondo de León XIV: antes de su elección como papa, estuvo al frente de la oficina vaticana encargada de seleccionar obispos.
De acuerdo con Christopher White, investigador senior del programa académico de la Universidad de Georgetown, Initiative on Catholic Social Thought and Public Life, este conocimiento da al pontífice la capacidad de “remodelar significativamente una generación completa de la jerarquía de la Iglesia”, comparable a la impronta de Juan Pablo II.
Ejemplo de esta tendencia fue el relevo, en diciembre, del cardenal Timothy Dolan al frente de la archidiócesis de Nueva York.
Dolan, quien había cumplido 75 años poco antes del fallecimiento de Francisco, fue sustituido por Ronald Hicks, de 58 años, cuya carrera y experiencia ministerial son afines a las de León XIV.
El denominador común entre estos nuevos obispos, como destacó Pedro Bismarck Chau, auxiliar en Newark nacido en Nicaragua y nombrado por León, es la experiencia directa como pastores de comunidades parroquiales, más allá de un historial en oficinas diocesanas o ámbitos burocráticos.
Sostuvo que se eleva a sacerdotes con lo que Francisco definía como “olor a oveja”. Muchos comparten trayectorias como párrocos, lo que facilita el conocimiento directo de las necesidades locales.
Chau especificó que su propio proceso de nombramiento se inició cuando Francisco aún vivía y León dirigía la oficina de designación episcopal, siendo el entonces cardenal Robert Francis Prevost. Agregó que le interesa dialogar con él sobre ese proceso.
La estrategia de León XIV, inscrita en una línea de continuidad con las prácticas impulsadas durante el papado de Francisco, acentúa la universalidad de la Iglesia y la respuesta a una comunidad católica en rápida transformación.
Según el obispo Engurait, existe un “reconocimiento de la familia humana global” en la política actual de designaciones, que prioriza la construcción de puentes entre culturas, experiencias y generaciones que conforman el rostro del catolicismo en Estados Unidos.
