
Mientras buena parte del debate económico nacional continúa concentrado en la inflación, el dólar y las variables macroeconómicas, desde las organizaciones que representan a las pequeñas y medianas empresas comenzaron a encenderse señales de alarma sobre una realidad que golpea de lleno a la producción, el comercio y el empleo.
Diversos estudios, relevamientos y análisis elaborados por entidades empresarias como la Federación de Centros Comerciales Abiertos de Rosario y la Región (FECOI), Federación Gremial y otras organizaciones del sector muestran un escenario preocupante: caída de la rentabilidad, aumento sostenido de costos, dificultades para acceder al crédito, presión tributaria creciente y un mercado interno que todavía no logra recuperar dinamismo.
El sector que más empleo genera
Las cifras explican por qué la preocupación es creciente.
Las PyMEs representan cerca del 70% del empleo privado argentino y generan alrededor del 42% del Producto Bruto Interno. En otras palabras, son el principal sostén del mercado laboral formal y una pieza central del entramado productivo nacional.
Sin embargo, las entidades empresarias advierten que el sector enfrenta una combinación de factores que amenaza su sustentabilidad.
La principal preocupación ya no pasa únicamente por vender más o menos, sino por la capacidad de sostener la actividad en un contexto donde los costos avanzan a una velocidad muy superior a la recuperación económica.
La explosión de los costos
Los informes sectoriales reflejan aumentos extraordinarios en prácticamente todos los rubros que impactan sobre la actividad productiva.
Según los datos recopilados por organizaciones empresarias:
- El gas registró incrementos superiores al 1.600%.
- El transporte aumentó más de 1.200%.
- Los servicios públicos crecieron cerca del 800%.
- La energía eléctrica superó el 500%.
- Los alquileres aumentaron más del 400%.
- La medicina prepaga también registró subas superiores al 400%.
Para muchas empresas, especialmente las pequeñas y medianas, estos incrementos resultan imposibles de trasladar completamente a precios sin perder ventas o competitividad.
La presión fiscal, nuevamente en el centro del debate
Otro de los ejes que aparece de manera recurrente en todos los informes empresariales es la carga tributaria.
Las entidades sostienen que Argentina continúa siendo uno de los países más costosos de la región para producir, invertir y generar empleo formal.
Ingresos Brutos, Impuesto al Cheque, tasas municipales, adelantos de Ganancias, retenciones y distintos mecanismos de percepción anticipada son señalados como factores que encarecen la actividad económica.
Según estimaciones difundidas por organizaciones empresarias, una reforma tributaria integral permitiría reducir entre un 25% y un 35% el denominado «costo argentino», mejorando la competitividad de miles de empresas.
El crédito, la gran deuda pendiente
Las PyMEs también observan con preocupación la falta de financiamiento.
Mientras en muchos países el crédito productivo representa cerca del 60% del Producto Bruto Interno, en Argentina apenas supera el 10%.
La diferencia no es menor.
Sin acceso al crédito, las empresas tienen mayores dificultades para invertir, ampliar capacidad productiva, incorporar tecnología o atravesar períodos de menor actividad.
La consecuencia es una economía donde gran parte del sector privado debe autofinanciarse en un contexto de alta presión fiscal y costos crecientes.
Una crítica que atraviesa a todos los gobiernos
Quizás uno de los aspectos más llamativos de los informes y declaraciones que surgen desde las entidades PyME es que las críticas no apuntan exclusivamente a una administración en particular.
Por el contrario, existe una mirada cada vez más extendida que responsabiliza a sucesivos gobiernos nacionales, provinciales y municipales por no haber abordado los problemas estructurales que afectan al sector productivo.
La presión impositiva, la falta de financiamiento, la burocracia administrativa y los elevados costos laborales no salariales aparecen como reclamos que atraviesan distintas gestiones políticas.
En el diagnóstico empresario existe una idea cada vez más instalada: mientras la dirigencia política discute coyunturas, las PyMEs continúan enfrentando problemas que se repiten desde hace décadas.
Una alarma que excede a los empresarios
Los informes advierten que detrás de cada comercio que cierra o de cada empresa que reduce actividad existe una consecuencia mucho más profunda.
No se trata únicamente de balances o rentabilidad.
Se trata de empleo, inversión, producción y oportunidades económicas para miles de familias.
Por eso, desde las organizaciones empresarias insisten en que la situación de las PyMEs no debería ser observada como un problema sectorial.
Porque cuando las pequeñas y medianas empresas dejan de crecer, la economía regional pierde dinamismo, disminuyen las oportunidades laborales y se debilita una de las principales fuentes de desarrollo de las ciudades del interior.
Y ese es, precisamente, el escenario que hoy comienza a preocupar a gran parte del entramado productivo argentino.
