
Nacido en Francia, llegó a Casilda a comienzos del siglo XX y en 1906 se convirtió en el primer cura párroco de la ciudad. Desde ese lugar desarrolló una intensa labor pastoral que trascendió el ámbito religioso, dejando una profunda huella en el crecimiento espiritual, cultural y urbano de la comunidad.
Durante su extenso ministerio impulsó importantes obras en el templo parroquial, entre ellas la ampliación de la iglesia, la construcción de la cúpula, la incorporación del reloj y las campanas en la torre, la colocación de los vitrales y la instalación del altar mayor de mármol de Carrara, elementos que hoy forman parte del patrimonio histórico y arquitectónico de Casilda.
Monseñor Mollaret también promovió la creación de instituciones parroquiales y acompañó numerosas iniciativas comunitarias. Fue uno de los impulsores de la capilla Cristo Rey y participó activamente en proyectos que contribuyeron al desarrollo de la ciudad.
Falleció el 16 de julio de 1956, a los 94 años de edad, coincidiendo con la festividad de Nuestra Señora del Carmen, advocación de la que era profundamente devoto. La tradición local recuerda que, antes de partir, impartió su última bendición sobre la ciudad de Casilda. Tres años más tarde, sus restos fueron trasladados desde el cementerio hasta la parroquia San Pedro Apóstol, en una multitudinaria manifestación de afecto y reconocimiento por parte de toda la comunidad.
Una calle con su nombre
Como reconocimiento a su inmenso legado, la ciudad de Casilda perpetuó su memoria al imponer el nombre Monseñor Ambrosio Mollaret a la calle N.º 23, en el barrio Timmermann. La denominación fue establecida mediante una ordenanza surgida de un proyecto presentado por el entonces concejal Andrés Golosetti, con motivo del 50.º aniversario del fallecimiento del histórico sacerdote. De esta manera, la ciudad rindió homenaje a quien dedicó más de cincuenta años de su vida al servicio de la comunidad y dejó una huella imborrable en la historia casildense. Hoy, esa calle constituye un permanente recordatorio de su ejemplo de fe, compromiso y vocación de servicio.
A siete décadas de su fallecimiento, la figura de monseñor Ambrosio Mollaret permanece inseparable de la historia de Casilda. Su entrega, su visión pastoral y las obras que impulsó siguen siendo un testimonio de servicio y compromiso con la ciudad, cuyo desarrollo acompañó durante medio siglo.
