
La selección chocó de frente contra un conjunto más joven, rápido y convencido que lo sometió durante los 120 minutos que duró la final del Mundial y le ganó con justicia. El plantel de Scaloni llegó disminuido físicamente y nunca pudo imponer su juego. El sabor amargo del final no borrará un recorrido tan milagroso como feliz, con la victoria ante Inglaterra como el punto más alto
