La FIFA quedó bajo presión después de que el Grupo de Copenhague detectara siete alertas por posibles irregularidades de apuestas durante el Mundial 2026, una conclusión que contrastó con el informe oficial de la propia federación, que dos días antes había asegurado que no había encontrado actividad sospechosa ni indicios de manipulación en ninguno de los 104 partidos del torneo.
El alcance económico del control explicó la dimensión del hallazgo: el organismo asesor estimó que en la Copa del Mundo se apostaron USD 240 mil millones, cerca del doble de lo registrado en el Mundial de Qatar 2022.
También informó que 15 encuentros quedaron bajo vigilancia reforzada, sobre todo en la última jornada de la fase de grupos, y que 12 controversias relevantes fueron analizadas desde la perspectiva de integridad.
Según The Athletic, el resumen del informe fue difundido por el Consejo de Europa, aunque el documento completo todavía no se publicó.
Esa síntesis señaló que las siete alertas emitidas fueron “notificaciones amarillas”, una categoría que el grupo define como señales de irregularidad basadas en múltiples indicios, entre ellos fluctuaciones inexplicables en las cuotas, rumores en redes sociales o información de fuentes.
El sistema del grupo clasificó los eventos en cuatro niveles de riesgo: verde para normalidad, amarillo para alerta levemente elevada, naranja para alerta elevada y rojo para el nivel más alto.
La revisión se realizó en coordinación con la Fuerza de Tarea de Integridad de la FIFA, de la que forman parte tanto el Grupo de Copenhague como el Consejo de Europa, aunque ambos actuaron de manera independiente.
El caso Balogun abrió una disputa por posible información privilegiada
Uno de los episodios señalados en el informe fue la apertura, el 2 de julio, de un mercado en Polymarket con la pregunta: “¿Jugará Folarin Balogun contra Bélgica?”.
Ese mismo día, el delantero de Estados Unidos había sido expulsado ante Bosnia y Herzegovina en los dieciseisavos de final.
La Comisión Disciplinaria de la FIFA recién confirmó el 5 de julio que Folarin Balogun podría jugar, después de que su sanción quedara suspendida.
De acuerdo con fuentes citadas por el medio, el informe indicó que no se abrieron mercados similares para los otros 14 futbolistas expulsados durante el torneo, y que ninguno de ellos recibió la suspensión de su castigo.
A raíz de ese caso, el Grupo de Copenhague envió a la FIFA un pedido formal de explicación por escrito. La publicación también señaló que consultó tanto a la federación como a Polymarket sobre estas conclusiones.
El martes, la Fuerza de Tarea de Integridad de la FIFA había sostenido que no detectó “actividad de apuestas sospechosa ni indicios de manipulación de partidos en relación con ningún encuentro” de toda la competencia.
Un día después, el grupo asesor hizo público que su propio monitoreo había activado siete avisos amarillos.
Los expertos advierten que una alerta no prueba manipulación
Christian Kalb, especialista en la industria del juego que trabajó con varios gobiernos en regulación de apuestas y colaboró anteriormente con el Grupo de Copenhague, dijo al medio que una alerta de este tipo no equivalía por sí sola a una maniobra de manipulación.
Explicó que esos avisos pueden responder a comportamientos atípicos del mercado, como cambios de cuotas o movimientos de cobertura de riesgo.
Kalb planteó que el problema más delicado aparece cuando puede existir un conflicto de interés o el uso de información interna.
Sobre los mercados predictivos, añadió: “Podemos detectar algunos comportamientos inusuales, pero debemos ser muy cautelosos porque pueden utilizarse para cubrir mercados”.
El experto desarrolló un ejemplo ligado al funcionamiento de las casas de apuestas tradicionales. Señaló que, cuando una gran mayoría apuesta por un favorito claro, una empresa pequeña puede exponerse a pérdidas elevadas y usar un mercado predictivo como seguro de hecho, vendiendo resultados alternativos para amortiguar ese riesgo.
El Grupo de Copenhague monitoreó por primera vez de forma continua plataformas de predicción como Polymarket y Kalshi, esta última socia oficial de la FIFA.
En su informe, el organismo advirtió: “Estos mercados de predicción plantean cuestiones inéditas: permiten apostar sobre una gama muy amplia de eventos, a menudo de forma anónima y con métodos de pago difíciles de rastrear. Supervisarlos es una novedad en una competición internacional”.
Ese crecimiento también fue subrayado fuera del informe. Chad Beynon, analista de juego y hotelería de Macquarie Group, dijo a The New York Times a comienzos de esta semana que el rendimiento de esos mercados durante el Mundial “superó cualquier estimación que cualquiera de nosotros hubiera proyectado”.
La Fuerza de Tarea de Integridad de la FIFA existe desde el Mundial femenino de 2019 y funciona desde entonces en cada Copa del Mundo.
En todos esos torneos coordinó tareas con el Grupo de Copenhague, ahora enfrentado con la federación por una diferencia central: mientras el órgano rector del fútbol informó cero indicios de manipulación, la red internacional sostuvo que sí encontró siete señales que justifican una explicación formal.
