
Según la investigación, la detenida y su pareja –un hombre prófugo– serían la pata local de una organización encargada de captar de manera engañosa y trasladar al extranjero tanto a personas civiles como a exintegrantes de fuerzas de seguridad. ¿El objetivo? Que se sumen al ejército ucraniano como mercenarios, a cambio de un salario de 3000 dólares
