Monteverde, el político que habla de la política como si fuera ajena

Monteverde, el político que habla de la política como si fuera ajena
Monteverde, el político que habla de la política como si fuera ajena

Por Mauro Yasprizza.

El concejal sostiene que la dirigencia dejó de escuchar a Rosario y se presenta como una excepción. Pero milita desde 2005, fundó organizaciones, construyó un partido y ocupa una banca. La campaña es hábil; la contradicción, demasiado evidente.

Juan Monteverde denuncia que “la política está en cualquiera” y promete escuchar a los rosarinos. El mensaje es directo, atractivo y fácil de recordar. También tiene un problema imposible de disimular: quien acusa a la política de vivir en otra realidad forma parte de ella desde hace más de veinte años.

Monteverde no es un vecino recién llegado a la discusión pública ni un dirigente que observa el sistema desde afuera. Es concejal, referente de Ciudad Futura y uno de los principales actores de la política rosarina. Por eso, cuando su campaña asegura que “la política dejó de escuchar”, la pregunta resulta inevitable: ¿él dónde estaba mientras eso ocurría?

La publicidad intenta ubicarlo del lado de la gente y frente a una dirigencia lejana, distraída y encerrada en sí misma. La idea funciona como recurso electoral, pero hace trampa. Monteverde no está enfrentado a la política: vive de ella, compite dentro de ella, ocupa cargos y participa de sus acuerdos, discusiones y decisiones.

Puede cuestionarla, por supuesto. Lo que no puede hacer es hablar de ella como si fuera una enfermedad que padecen únicamente los demás.

Una historia política que comenzó hace más de dos décadas

Monteverde participa en política desde 2005, cuando tenía alrededor de 20 años y comenzó su activismo social y comunitario en barrios de Rosario. Sus primeros pasos estuvieron vinculados con el trabajo territorial en sectores vulnerables de la periferia, en un contexto todavía marcado por las consecuencias de la crisis de 2001.

También fue uno de los fundadores del Movimiento Giros, una organización social y barrial que impulsó reclamos por el acceso a la vivienda y desarrolló una fuerte presencia territorial en Nuevo Alberdi.

Ese recorrido no debería ser un problema para su campaña. Al contrario, podría presentarse como experiencia acumulada. Sin embargo, la estrategia parece buscar otra cosa: mostrarlo como un hombre común que escucha desde afuera a una sociedad abandonada por sus representantes.

Pero Monteverde es uno de esos representantes.

Con los años, aquel trabajo territorial se convirtió en construcción partidaria. Ciudad Futura nació en Rosario en 2013 como una fuerza política de izquierda y logró ingresar al sistema electoral que hoy su principal referente cuestiona con tanta dureza.

La transformación fue clara: de la militancia barrial al partido, del partido a las elecciones y de las elecciones al Concejo Municipal. No hay nada ilegítimo en ese camino. El problema aparece cuando se pretende borrar una parte de la historia para vender la imagen de un dirigente sin responsabilidades previas.

Escuchar es mucho más cómodo que rendir cuentas

En una de las imágenes, Monteverde aparece pensativo, con la mano apoyada en el rostro y la mirada perdida hacia un costado. El texto afirma: “Monteverde te escucha”.

La escena está bien pensada. Lo muestra sereno, cercano y reflexivo. No aparece hablando, votando, negociando ni explicando decisiones. Solo escucha. Es una forma elegante de convertir a un dirigente con trayectoria en una especie de receptor neutral de los problemas ciudadanos.

Pero los concejales no son elegidos únicamente para escuchar.

También deben presentar proyectos, controlar al Ejecutivo, fijar posiciones, defender sus votos y explicar qué resultados obtuvieron. Escuchar puede ser el comienzo de la tarea, nunca su punto final.

Después de más de veinte años de militancia y de varios años de participación institucional, la pregunta ya no puede limitarse a si Monteverde escucha. También debe analizarse qué hizo con aquello que escuchó.

La campaña evita ese terreno. Prefiere la comodidad de la pose antes que la incomodidad del balance.

“La política” siempre son los otros

La segunda pieza sostiene: “Cuando la política deja de escuchar, deja de entender. Y cuando deja de entender, empieza a vivir en otra realidad”.

La frase describe un malestar real. Muchos ciudadanos sienten que los dirigentes están lejos de sus problemas diarios. El error, o la picardía, está en presentar a “la política” como una criatura abstracta, sin nombres, partidos ni responsabilidades.

En ese relato, la política siempre son los demás.

Cuando hay que mostrar conquistas, aparecen las organizaciones, los concejales y los referentes. Cuando llega el momento de explicar los fracasos, la responsabilidad desaparece dentro de una palabra amplia y cómoda: “la política”.

Es una vieja costumbre de la dirigencia. Todos forman parte del sistema, pero casi ninguno acepta ser incluido cuando se habla de sus defectos.

Monteverde busca diferenciarse de la política tradicional. Puede hacerlo con sus propuestas, sus votos y su manera de gestionar. Lo que resulta menos convincente es que intente hacerlo negando su propia condición de político.

Una campaña moderna con un recurso bastante viejo

Desde lo publicitario, las piezas son eficaces. Tienen una estética limpia, frases simples y un mensaje que conecta con el hartazgo ciudadano. La combinación de colores, la imagen reflexiva y el tono directo construyen una identidad clara.

Pero debajo del diseño moderno aparece un recurso bastante antiguo: criticar a toda la política para quedar personalmente fuera de la crítica.

Monteverde parece decir que el sistema está roto, aunque evita recordar que hace años trabaja, milita y ocupa lugares dentro de ese mismo sistema. La maniobra le permite conservar dos identidades al mismo tiempo: la del dirigente con experiencia y la del ciudadano ajeno a los vicios del poder.

Las dos cosas juntas no cierran.

No se trata de negar su trabajo territorial, su militancia en Nuevo Alberdi ni la construcción de Ciudad Futura. Esos antecedentes forman parte de su trayectoria. Precisamente por eso resulta poco creíble que ahora se presente como alguien que recién llega para escuchar lo que otros ignoraron.

Monteverde no llegó ayer. No está afuera. No mira desde la vereda.

Es concejal, fundador de una fuerza política y dirigente desde 2005. Puede denunciar que la política perdió contacto con la realidad, pero no debería hacerlo sin asumir que él también integra esa política.

La campaña afirma que Rosario está llena de personas que tienen algo para decir. Seguramente sea cierto. Lo que falta aclarar es qué hizo Monteverde durante todos estos años con lo que esas personas ya le dijeron.

Porque escuchar queda bien en un afiche. Gobernar, legislar y rendir cuentas es bastante más difícil.