El Gobierno de Brasil expresó este martes su rechazo a la decisión de Estados Unidos de revocar la visa de su embajadora en Washington, Maria Luiza Ribeiro Viotti, al considerar que la medida constituye un nuevo episodio del deterioro de la relación bilateral. Mediante un comunicado, la Presidencia brasileña sostuvo que la determinación del Departamento de Estado forma parte de una política de presión contra Brasil y negó los argumentos utilizados por Washington para justificar la sanción diplomática.
“La decisión de hoy no es un hecho aislado. Forma parte de una escalada deliberada de medidas hostiles contra Brasil, motivadas por razones ideológicas”, afirmó la Secretaría de Comunicación Social de la Presidencia. El comunicado añadió que el Ejecutivo brasileño “repudia la decisión anunciada hoy por el Departamento de Estado de los EEUU de alterar la visa de la embajadora de Brasil en Washington”.
Brasilia también rechazó las dos explicaciones presentadas por el gobierno estadounidense para sustentar la medida y aseguró que ambas son “falsas”. Según el Ejecutivo de Luiz Inácio Lula da Silva, Estados Unidos cuestionó el retraso en la aprobación del beneplácito para el nuevo embajador estadounidense en Brasil y la negativa de visas a funcionarios norteamericanos, pero Brasil sostiene que actuó conforme al derecho internacional.
El gobierno brasileño recordó que el procedimiento para aceptar a un embajador extranjero está regulado por la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas y destacó que ese proceso es confidencial.
“No hay regla en la Convención de Viena que establezca un plazo para la concesión del agrément”, señaló el comunicado, al indicar que la solicitud estadounidense “aún se encuentra en análisis”.
Además, Brasil afirmó que Washington hizo público el nombre de su candidato antes de presentar formalmente la solicitud de beneplácito, algo que, según el Ejecutivo brasileño, contradice la práctica diplomática prevista en el tratado internacional.
Respecto al rechazo de visas para dos funcionarios estadounidenses, el gobierno de Lula sostuvo que ambos pretendían viajar al país para cuestionar la confiabilidad del sistema electoral brasileño. En la nota oficial, calificó ese propósito como “un intento inaceptable de interferir en el proceso político nacional”.
El Ejecutivo también recordó que continúan vigentes sanciones individuales impuestas por Estados Unidos contra autoridades brasileñas, entre ellas la cancelación de visas a magistrados de la Corte Suprema y altos funcionarios del gobierno. Según Brasilia, esas medidas fueron adoptadas bajo “la alegación infundada de persecución política al expresidente Bolsonaro”.
La Presidencia aseguró además que intentó reducir las diferencias con Washington por la vía diplomática. En ese sentido, recordó que durante la visita de Lula a la capital estadounidense en mayo solicitó personalmente al presidente Donald Trump el levantamiento de las sanciones individuales aplicadas contra funcionarios brasileños.
El comunicado concluye que Brasil mantiene su disposición al diálogo pese al agravamiento de las diferencias.
“En línea con su tradición diplomática, el gobierno brasileño se opone a la lógica de confrontación y reitera la defensa del diálogo y de la negociación en todas sus relaciones internacionales”, afirmó.
Una disputa diplomática que se profundizó durante el último año
La respuesta de Brasil llegó después de que Estados Unidos confirmara la cancelación de la visa de Maria Luiza Ribeiro Viotti como medida de reciprocidad por la demora en la aprobación del agrément del embajador estadounidense designado para Brasilia, Daniel Pérez.
Un funcionario estadounidense explicó que el visado de la diplomática brasileña será restituido una vez que el gobierno de Lula autorice formalmente el nombramiento del nuevo representante de Washington. También advirtió que la administración estadounidense evalúa adoptar nuevas acciones recíprocas si continúan las restricciones que, según sostiene, afectan el trabajo de sus diplomáticos.
La controversia se desarrolla en un contexto de creciente tensión política entre ambos gobiernos. Washington sostiene que Brasil retrasó el nombramiento de su embajador y rechazó visas para funcionarios estadounidenses que debían participar en actividades oficiales. Brasil, por el contrario, argumenta que esas decisiones respondieron al respeto de sus procedimientos internos y a la necesidad de evitar cualquier injerencia extranjera en asuntos políticos nacionales.
El desacuerdo también coincide con el inicio de la campaña para las elecciones presidenciales brasileñas previstas para octubre. Lula ha acusado a Trump de intentar influir en la política interna del país y reclamó respeto por la soberanía brasileña.
“Creo que Trump conoce poco Brasil… si lo conoce por la relación con la familia Bolsonaro, conoce poco Brasil”, declaró recientemente el mandatario, quien además pidió “el mismo respeto por Brasil” que, según dijo, su gobierno mantiene hacia Estados Unidos.
