
63 años tiene Xuxa en agosto de 2026. Lleva 32 -es decir, más de la mitad de su vida- siendo la viuda de Ayrton Senna Da Silva, para muchos el piloto de Fórmula Uno más grande, más intrépido y más arriesgado de toda la historia.
Aunque nunca se casaron.
Aunque cuando Senna se mató en San Marino, en la famosa y fatídica curva de Tamburello -fue llevado al hospital tras impactar contra el muro, pero los especialistas siguen creyendo que salió sin vida del auto accidentado-, ya llevaban 4 años separados.
Aunque en esa época él tuviera otra mujer, no tan famosa pero sí muy conocida por su profesión de modelo, y aunque ella en esos años y en los siguientes también se involucrara en otras historias de amor, algunas muy polémicas.
A pesar de todo eso y de que pasaron más de tres décadas, el hilo rojo entre Xuxa y Ayrton sigue firme, tenso, prácticamente inquebrantable. Quizás para darle la razón a la frase que dijo ella al salir de su velatorio, una ceremonia la que se suponía no podía entrar. Con poca voz y derrumbada por el dolor, se animó a decir “nosotros nos teníamos que reencontrar y no lo hicimos, así que nuestro amor queda para otra vida”.
UNA REVISTA
Octubre. 1988.
Xuxa ya es la reina de los bajitos. Ya canta “ilarilarilarié”, ya arrasa con las audiencias contratada por la gigantesca Rede Globo, que alcanza cifras de rating nunca vistos con el “Show de Xuxa” que importa a varios países -uno de ellos la Argentina- con el mismo suceso y los mismos guarismos. O más altos todavía.
La rompe toda Xuxa. La descose. La deja chiquitita. Sale campeona una y otra vez. Las referencias futboleras no son antojadizas: corresponden porque el único lugar donde la conductora infantil pierde es en el amor, donde en ese momento registra una única relación, nada más y nada menos que con Pelé, Edson Arantes Do Nascimento, hasta Diego Maradona el mejor jugador de todos los tiempos.
Xuxa conoció a Pelé cuando tenía 17 años. Sí, cuando todavía era una menor de edad. Se cruzaron en un programa de televisión, donde ella daba sus primeros pasos, y él la invitó a salir. Ya había llegado a los 40 pero en esa época no había “cancelaciones” y que un hombre maduro se fijara en una jovencita era visto como algo “natural” o “normal”. Ella se negó pero le contó a sus padres, que estuvieron de acuerdo con “O rei” y prácticamente le sugirieron que aceptara la cena.
Estuvieron juntos entre 5 y 6 años, un tiempo en el que Xuxa aprendió a disfrutar de algunos placeres adultos, pero también a sufrir. “El venía con labiales en su cara y en el cuerpo que no eran míos. Evidentemente, aunque negaba, estaba con otras mujeres. Lo padecí. Mucho. Hasta que rompimos porque no daba más” contó en su propio libro.
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Estaba sola, y dolida, sufriendo, en guardia con los hombres, cuando leía una revista en la antesala de un programa. De pronto, una nota a otro grande del deporte brasileño: Ayrton Senna Da Silva, que estaba a punto de conquistar el primero de los tres títulos de Fórmula Uno que logró. Apenas lo vio, Xuxa suspiró. “Este hombre es para mi” vociferó sin pensarlo dos veces.
Dio vuelta la página y encontró una foto que no esperaba ver: ese muchacho que le encantaba con otra chica, su novia oficial. “Ay… estos hombres nunca son para mi” lamentó. Cerró la revista, la dejó en una silla y se fue. Su famosa asistente, Marlene Mattos, agarró aquel ejemplar y puso un papel para señalar esa página que había deslumbrado a la artista. Consiguió su número, lo llamó y lo invitó.
Ayrton fue.
Antes de salir al aire lo llevaron al camarín para que conociera a la conductora. Después declaró que ni siquiera sabía cómo se llamaba. Que no miraba televisión abierta, mucho menos programas para niños, y que no estaba al tanto de quién lo iba a entrevistar. Ese encuentro en el vestuario dio inició a la historia de amor más frenética que recuerde la república Federativa de Brasil.
FLECHAZO A TODA VELOCIDAD
La leyenda dice que Ayrton quedó tan embelesado con aquella muchacha que buscó contactarse con ella por todos los medios, que en esa época era el teléfono y alguna guía o agenda. No había mails, internet, ni mucho menos celulares, WhatsApp, Instagram o Facebook. Pero la gente se relacionaba lo mismo. Ayrton, cuentan, logró llegar a Xuxa y concretar un encuentro.
“Ni siquiera nos dimos un beso. Fue vernos y tocarnos las manos, agarrarnos, sentirnos de inmediato. Fue una conexión única y absoluta, como no conocía ni conocí jamás. Nos quedamos charlando y nos olvidamos que debíamos salir al aire” relató Xuxa en una entrevista. El encuentro inicial duró 10 días, hasta la navidad, cuando él tuvo que ir a ver familiares. Entre ellos, se dice, su novia oficial, una muchacha llamada Adriane Yamin: las malas lenguas cuentan que empezó a salir con el piloto con apenas 15 años. Y bue, era así en esa época…
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“Ellos dijeron que no, que todo su historia empezó después, pero cuando él me dejó porque tenía que atender su carrera me provocó mucho dolor que al poco tiempo oficializó con ella como decían los rumores que a mi me negaba” se quejó Adriane, que se sintió engañada… y algo de razón tenía. Pasaba, entonces, lo que pasa ahora, lo que sucedió en el comienzo de los tiempos y lo que seguirá ocurriendo en el futuro: cuando las fechas no le cierran a nadie, fija que hubo cuernos.
El Brasil entero -es decir, más de 200 millones de personas- se rindió ante el romance de dos de sus personas favoritas. La “reina de los bajitos” y el ídolo deportivo. La muchacha entre angelical y explosiva, de expresión aniñada pero que había sido tapa de Playboy, por ejemplo, y ese joven sencillo y de pocas palabras que era capaz de doblar a 240 kilómetros por hora. La rubia de ascendencia eslava (Maria da Graça Meneghel su nombre) y el morocho de San Pablo.
“No hay pareja más emblemática y más querida para los brasileños que la de Xuxa y Ayrton Senna. Ninguna otra, a lo largo de la historia, siquiera se le puede comparar” arriesgan los historiadores nacidos en la tierra del samba, el jogo bonito, el Maracaná, Copacabana, el pan de Azucar, la feijoada, el café, la inscripción orden y progreso en la bandera y las paradisíacas playas nordestinas.
DESENFRENO, CRISIS Y RUPTURA
Fueron muy felices y, cómo se dijo, disfrutaron el acompañamiento de la gente con la misma sensación de alegría y plenitud. Hasta se hablaba de casamiento, aunque medio en broma. El, según ella, le había prometido que la llevaría al altar una vez que lograra ganar el Gran Premio de Brasil, algo que se le venía negando. “A veces parece que tiene más ganas de triunfar como local que de coronarse campeón del mundo” llegaron a afirmar los diarios de la época.
Si había algo que no les faltaba, encima, era dinero. Para darse una idea: siendo que la Fórmula Uno es una de las competiciones deportivas que mejor paga a sus figuras – y vaya que él lo era- ella era la que más ganaba de la pareja. El Show de Xuxa era tan famosa que al programa le siguieron discos, y a los discos recitales, y a los recitales giras por distintos países. Sostenida en la descomunal estructura de la Globo, Xuxa se transformó en una máquina de facturar mucho antes de que Shakira lo tradujera en canción de desahogo femenino.
Eran jóvenes, lindos, exitosos, números uno absoluto, les llovían toneladas de billetes de todos los colores, queridos, admirados, idolatrados y encima se querían muchísimo. Fueron, durante un tiempo, la pareja perfecta. La relación que todos querían tener. La envidia de cualquier mortal.
“Tengo tanta conexión con él que hasta presiento cosas que le van a pasar. Me doy cuenta. Las empiezo a sentir y simplemente suceden. Los otros días se lo dije a mi asistente. “He pensado que si el teléfono suena será él para decirme que ganó una carrera”. No pasó mucho tiempo cuando sonó el teléfono y nos miramos sorprendidos. Era cierto. Había ganado una carrera” se animó a contar ella. Eran literalmente simbióticos.
Pero…
Siempre hay un pero. Hasta en las mejores películas. Hasta en las mejores historias. Y el “pero” de Ayrton y de Xuxa fueron, precisamente, sus carreras profesionales. Se habían transformado en usinas de ganancias tan productivas que a nadie le servía que dejaran de funcionar. Había que seguir engordando billeteras y cuentas bancarias.
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“Cuando la plata entra por la puerta, el amor se escapa por las ventanas”. La frase no le pertenece a Jorge Rial pero él la popularizó cuando quiso explicar por qué se había separado de Silvia D´Auro tras más de 20 años. Ninguno de los dos quiso dejar su carrera. Ayrton debía viajar por el mundo compitiendo en F1 y ella tenía incontables contratos que cumplir no solo en Brasil. A la Argentina, por ejemplo, vino varias veces al programa de Marcelo Tinelli. Era una figura de Telefe, que hacía roncha con su ciclo.
“Bueno, él necesita alguien que lo acompañe a sus carreras. Está muy bien, lo entiendo. Pero yo también necesito a alguien que esté conmigo cuando hago mis programas. A mi también me encantaría eso. No es una situación sencilla. Yo quisiera acompañarlo a alguna prueba, a alguna carrera, pero también tengo mis cosas para hacer” se llegó a quejar ella.
Fue el principio del fin. De uno de los finales en realidad.
El 26 de marzo de 1990 anunciaron que se habían separado.
EL ACCIDENTE FATAL, EL VELATORIO ESCANDALOSO Y LA PROMESA FINAL
No sólo Brasil sitió el golpe de la ruptura. Se habían hecho queridos -individualmente o como pareja- en muchos lugares del mundo. En algunos por la destreza de él para consagrarse tricampeón mundial y amenazar el hasta entonces imbatido récord de Juan Mauel Fangio (5 títulos, finalmente superado por los 7 del alemán Michael Schumacher y del británico Lewis Hamilton) y en otros por la gracia, el carisma y la simpatía sin igual de ella.
Alguna vez se los volvió a fotografiar juntos y la gente se emocionó con la posibilidad de un regreso, que finalmente no sucedió. Al menos oficialmente. Mucha gente sostiene que aun separados siguieron encontrándose. Nunca hubo confirmación de ningún tipo. Solo rumores. Nada más que eso.
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El 1ro de mayo de 1994 la Fórmula Uno corrió en Imola, Italia, el Gran Premio de San Marino. Las filmaciones de ese domingo mostraban a un Senna tactiurno, retraido y preocupado antes de la largada. ¿Presagiaba algo? Nunca se sabra. En una curva, la famosa y fatísica “Curva de Tamburello” su auto siguió de largo e impacto de lleno contra un muro de concreto.
El auto no se rompió, pero Senna enseguida dejó de moverse. La emergencia acudió con premura y fue llevado en helicóptero al Carlo Albero Pizzardi Major Hospital de Bologna. Hay tres versiones, todas con el mismo final. 1) Que lo sacaron muerto del auto y solo “ganaron tiempo” para dar a conocer la noticia y comunicársela, primero, a sus familiares. 2) Que falleció en el traslado aéreo. 3) Que llegó al hospital “con un hilo de vida” y en el mismísimo “shockroom” su corazón dijo basta.
El cuerpo de Senna llegó a Brasil el 4 de mayo. Aun en el dolor y en la acongojada resignación, las multitudes se preguntaban si Xuxa acudiría al velatorio. El rumor, además, era que tenía la entrada prohibida. Pasó exactamente al revés: avalada por la familia del tricampeón mundial de F1, que siempre la consideró el gran amor de su vida, fue retirada del recinto quien era la novia de Ayrton en sus últimos años, la modelo internacional Adriane Galisteu, para permitir la presencia de Xuxa.
Según ella, no para darle un último adiós, sino para prometer: “Nosotros debíamos encontrarnos de nuevo, pero no lo hicimos. Queda para otra vida”.
Esta historia… ¿Continuará?
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