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Por Mauro Yasprizza.
El padre de Lionel Messi murió a los 68 años en Rosario. Fue una figura decisiva en la vida y la carrera del capitán argentino: lo acompañó cuando dejó la ciudad siendo apenas un adolescente y durante décadas manejó sus asuntos profesionales. Detrás del representante estuvo siempre el hombre que creyó cuando todavía no existían certezas.
Jorge Horacio Messi murió a los 68 años en Rosario. Padre y representante de Lionel Messi durante prácticamente toda su carrera, su nombre quedó inevitablemente unido al recorrido del futbolista argentino más importante de las últimas décadas.
Pero su historia empezó mucho antes de los contratos millonarios, los Balones de Oro, Barcelona, la Selección Argentina y las vueltas olímpicas.
Empezó en Rosario.
Jorge trabajaba en el sector metalúrgico y junto a Celia Cuccittini formó una familia con cuatro hijos: Rodrigo, Matías, Lionel y María Sol. Por entonces Leo era simplemente un chico que jugaba a la pelota y mostraba condiciones extraordinarias.
Pasó por Grandoli y después llegó a las inferiores de Newell’s. El talento estaba. El problema apareció cuando le diagnosticaron un déficit de la hormona de crecimiento y la familia tuvo que afrontar un tratamiento costoso mientras buscaba una oportunidad para que pudiera desarrollar su carrera.
Ahí apareció Barcelona.
Lionel tenía 13 años cuando Jorge lo acompañó a España. Hoy, con la historia terminada, aquella decisión puede parecer sencilla. No lo fue.
Jorge no estaba llevando a Europa al campeón del mundo ni al ganador de ocho Balones de Oro. Llevaba a su hijo. Un chico rosarino de 13 años, lejos de su casa y con un futuro que nadie podía garantizar.
Y decidió confiar.
De padre a representante
Con el crecimiento deportivo de Lionel también cambió la vida de Jorge. Pasó de acompañarlo a convertirse en su representante y en uno de los hombres fundamentales para manejar una carrera que rápidamente adquirió dimensiones gigantescas.
Participó de negociaciones contractuales, decisiones deportivas y algunos de los momentos más complejos que atravesó Messi fuera de una cancha.
También quedó expuesto.
Su nombre apareció en conflictos económicos, cuestiones fiscales y disputas con dirigentes. Hubo aciertos, errores y decisiones discutidas. Presentarlo ahora como un personaje perfecto sería tan injusto como reducirlo al hombre que negociaba los contratos de su hijo.
Su papel fue mucho más amplio.
En 2020, cuando Lionel decidió que quería marcharse del Barcelona, Jorge quedó en primera línea frente a la dirigencia del club. Años después volvió a intervenir cuando se discutió la posibilidad de un regreso.
Podían cambiar clubes, entrenadores, compañeros y países.
Jorge permanecía.
El hombre detrás de Messi
Durante décadas resultó difícil separar al padre del representante. Probablemente porque para Lionel tampoco existiera una frontera demasiado clara.
El fútbol conoció a Messi.
Jorge conoció a Leo.
Al chico antes que al campeón. Al hijo antes que al ídolo. Al pibe que necesitaba un tratamiento antes que al futbolista capaz de llenar estadios y movilizar multitudes alrededor del planeta.
Por eso su importancia en la historia de Lionel no debería medirse solamente por las negociaciones que encabezó ni por los contratos que ayudó a cerrar.
Las decisiones más importantes fueron anteriores.
Cuando Lionel tenía 13 años no había certezas. Había talento, un tratamiento médico, una familia que debía reorganizar su vida y miles de kilómetros hasta Barcelona.
Había que apostar. Jorge apostó.
Después llegaron los goles, los títulos, las Champions, las Copas América, los Balones de Oro y finalmente el Mundial. Aquel chico rosarino terminó sentado en la mesa de los futbolistas más grandes de todos los tiempos.
Su padre siguió cerca.
Algunas veces delante de las cámaras. Muchas otras, detrás.
Jorge Messi tuvo luces, conflictos y contradicciones. Como cualquier persona cuya vida queda sometida durante años a una exposición extraordinaria. Pero hubo algo que permaneció inalterable desde aquellos primeros días en Rosario: fue una de las personas en las que Lionel depositó las decisiones más importantes de su carrera.
Su muerte deja inevitablemente una imagen.
La de aquel padre que cruzó el océano acompañado por un chico de 13 años sin saber qué podía ocurrir.
Messi todavía no era Messi.
Era Leo.
Y Jorge fue el hombre que decidió creer cuando todavía no había ninguna garantía de que aquella historia terminaría convertida en leyenda.
