
Andy Green volvió a marcar un hito automovilístico en las Salinas de Bonneville con un nuevo récord mundial para vehículos impulsados por hidrógeno. El piloto británico alcanzó los 653,908 kilómetros por hora en Utah, con una prueba que buscó exhibir el potencial del elemento químico como alternativa energética en la industria pesada.
El conductor de 64 años, condujo un vehículo de 9,75 metros de largo impulsado por dos motores de combustión interna a hidrógeno, con una potencia conjunta de 1.600 caballos. Según Associated Press, la marca fue validada por la Fédération Internationale de l’Automobile (FIA), que la reconoció como récord para esa categoría.
La nueva marca quedó muy por debajo del récord absoluto de velocidad en tierra, que el propio Andy Green estableció en 1997 con un automóvil a reacción. Aun así, el ensayo tuvo un peso tecnológico e innovador: mostró que un motor de combustión alimentado por esta sustancia puede superar con amplitud las referencias previas de esa categoría y competir en terrenos que hasta ahora parecían reservados a otras soluciones energéticas.
Cómo fue la prueba y qué vehículo utilizó
El recorrido se realizó en las salinas de Bonneville, en el estado de Utah, sobre una recta de entre 16 y 19,3 kilómetros (es decir 10 y 12 millas), según la referencia publicada por Associated Press. El vehículo empleado, el JCB Hydromax, fue desarrollado por la empresa británica JCB a partir de tecnología derivada de su maquinaria pesada.
Los motores utilizados mezclan hidrógeno presurizado con aire y luego encienden esa combinación para generar la potencia necesaria. Green explicó en la agencia AP que el objetivo consistió en exhibir la calidad de la ingeniería en una de las superficies de velocidad más reconocidas del mundo.
Por su parte, la cobertura del The New York Times detalló que el auto no fue concebido para desafiar el récord absoluto de 1997, sino para fijar una nueva referencia en el segmento de vehículos a hidrógeno.
El piloto describió una experiencia de gran exigencia física. Declaró que a esa velocidad todo ocurre con rapidez extrema y que el suelo se acerca “muy, muy rápido”. También relató que el habitáculo resultó incluso más caluroso que el del vehículo a reacción que condujo hace casi tres décadas, con temperaturas habituales por encima de 50℃ (122℉).
El antecedente de 1997 y el regreso de Green a Bonneville
La carrera de Green ya ocupaba un lugar singular en la historia del automovilismo de velocidad. En 1997, en el desierto de Black Rock, en Nevada, rompió la barrera del sonido con el Thrust SSC y alcanzó los 1.227,9 kilómetros por hora (equivalentes a 763,035 millas por hora). Esa marca sigue vigente como récord absoluto de velocidad en tierra y ningún otro piloto logró acercarse de forma concluyente desde entonces.
Antes de este nuevo intento, Green también había registrado otra marca en las salinas de Bonneville. En 2006, estableció el récord para un automóvil diésel al alcanzar 563,4 kilómetros por hora.
La prueba de esta semana tomó aquel antecedente como referencia inicial, ya que el británico regresó a Utah con la intención de superar aquel nivel con una tecnología distinta.
El piloto había llegado a considerar cerrada su etapa en este tipo de desafíos, pero volvió a competir tras ser convocado por JCB, que invirtió más de USD 134 millones en el desarrollo de motores a hidrógeno. Green sostuvo en AP que “el hidrógeno representa el combustible del futuro”, una definición que enmarcó todo el proyecto.
Qué busca demostrar JCB con el hidrógeno
La apuesta de JCB excede la obtención de un récord deportivo. La compañía intenta probar que el hidrógeno puede servir como fuente de energía para tareas industriales intensivas, en especial en maquinaria pesada, donde la electrificación plena presenta limitaciones operativas. El presidente de la empresa, Anthony Bamford, ya había defendido esa posición en la presentación del vehículo.
De acuerdo con The New York Times, el escape del auto emite agua como resultado del proceso, lo que Green describió como una opción de muy bajas emisiones de carbono. Aun así, el debate sobre la limpieza real del hidrógeno depende de su origen.
La mayor parte del hidrógeno que hoy se produce en el mundo proviene de combustibles fósiles, mientras que el denominado hidrógeno verde, generado con energía renovable, todavía representa una porción mínima del total.
Ese punto aparece como uno de los principales límites para su expansión. Greg Keoleian, profesor de sistemas sostenibles de la University of Michigan y codirector de la iniciativa MI Hydrogen, dijo que el hidrógeno puede ayudar a descarbonizar sectores de la economía, pero que su despliegue dependerá en gran medida del costo.
