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Por Mauro Yasprizza.
La Lepra venció 2-0 a Deportivo Riestra en el Coloso Marcelo Bielsa, por la quinta fecha del Torneo Clausura. Guch destrabó el partido con un golazo y luego asistió a Mazzanti, quien aseguró sobre el final una victoria tan sufrida como necesaria.
Newell’s ganó un partido difícil, incómodo y durante mucho tiempo cerrado. Superó 2-0 a Deportivo Riestra, volvió al triunfo después de tres fechas y consiguió tres puntos fundamentales para afirmarse en el Torneo Clausura. No brilló ni dominó con claridad, pero tuvo paciencia, mantuvo el arco en cero y encontró en Facundo Guch y Walter Mazzanti las respuestas que el juego colectivo no había podido ofrecer.
El encuentro fue áspero, desordenado y con muy poco vuelo. Riestra lo llevó al terreno que mejor conoce: la fricción, las interrupciones y la disputa permanente. Newell’s no logró escapar de esa propuesta. Tuvo la pelota durante varios pasajes y llegó sin demasiados inconvenientes hasta tres cuartos de cancha, pero allí se quedó sin profundidad ni ideas.
El primer tiempo resultó pobre. Hubo mucha lucha y casi ninguna situación clara. Gómez Mattar apareció de manera intermitente, Guch estuvo desconectado y el equipo no encontró la manera de lastimar. Mazzanti fue la excepción. Cada vez que aceleró, especialmente cuando se asoció con Escobar por la derecha, obligó a Riestra a detenerlo con infracciones.
El 0-0 no sólo reflejaba lo ocurrido, sino que parecía encaminado a convertirse en definitivo. El partido tenía forma de empate y ofrecía pocas señales de que algo pudiera cambiar. Hasta que, a los 21 minutos del segundo tiempo, apareció Guch.
El juvenil, que hasta ese momento estaba más cerca del cambio que del protagonismo, recibió, enganchó y sacó un zurdazo contra el palo para quebrar la paridad. Un golazo que iluminó una noche apagada y modificó por completo el desarrollo del encuentro.
La ventaja le dio tranquilidad a Newell’s y obligó a Riestra a abandonar parte de su postura conservadora. Con mayores espacios, el conjunto de Frank Kudelka pudo administrar la diferencia, conservar el orden defensivo y esperar el momento indicado para liquidar la historia.
Ese momento llegó a los 40 minutos. Guch volvió a ser decisivo, ahora con una asistencia, y Mazzanti convirtió el 2-0. Fue el premio para el futbolista más desequilibrante del partido, el único que había intentado romper la monotonía cuando todo era fricción, imprecisión y falta de profundidad.
El valor del resultado supera ampliamente al rendimiento. Newell’s venía golpeado por la derrota ante Defensa y Justicia y no ganaba desde el debut frente a Talleres. Necesitaba cortar la racha, recuperar confianza y fortalecer su condición de local. Cumplió con esos objetivos ante un rival que suele convertir cada partido en una prueba de paciencia.
La victoria no tapa las dificultades. Al equipo todavía le faltan fluidez, continuidad y mejores decisiones en los metros finales. Pero esta vez supo convivir con sus limitaciones, resistió el trámite incómodo y aprovechó sus momentos.
Guch encendió la luz cuando el empate parecía inevitable y Mazzanti bajó la persiana. Newell’s no dejó una actuación memorable, pero consiguió algo mucho más urgente: ganar. En una noche con poco fútbol, sus individualidades marcaron la diferencia. Y los tres puntos, al final, no necesitan explicación.
