
A través de sus redes sociales, Griffa explicó el significado de esta nueva creación y destacó el arte como una forma de expresión cultural capaz de transmitir mensajes y generar espacios para la reflexión.
La obra tiene como protagonistas a una niña que observa a través de una lupa un pequeño universo compuesto por una margarita y una vaquita de San Antonio, una escena que representa la curiosidad, la capacidad de asombro y el contacto con la naturaleza.
El artista planteó la necesidad de detenerse por un momento, dejar la tecnología a un lado y volver a conectar con aquello que muchas veces pasa desapercibido. En ese sentido, sostuvo que la tecnología forma parte de la vida cotidiana y puede acercar a las personas a experiencias increíbles, aunque el desafío está en encontrar un equilibrio para no perder la sensibilidad frente a lo verdaderamente importante.
“Porque no estamos por encima de la naturaleza. Somos parte de ella. No somos más importantes que un árbol, una flor o un pequeño insecto”, expresó Griffa.
La obra busca transmitir precisamente esa mirada: recordar que todos forman parte de un mismo entorno que cambia, respira y fluye. “Somos vida. Somos energía. Somos parte de un mismo entorno”, remarcó.
Finalmente, el artista agradeció a Fer, Edgar, Claudia y a todas las personas que forman parte de la Escuela Colonia Candelaria por abrirle las puertas y acompañar el proyecto.
También reconoció a Mario por la pintura y, una vez más, a BK Inmuebles, Bartomioli Seguros y Torresan Inmobiliaria, empresas que acompañan sus trabajos y hacen posible que cada mural pueda transformarse en realidad.
