Del Tik-Tok a la plaza: cómo la juventud del interior farmea aura para colonizar el espacio publico

Del Tik-Tok a la plaza: cómo la juventud del interior farmea aura para colonizar el espacio publico
Del Tik-Tok a la plaza: cómo la juventud del interior farmea aura para colonizar el espacio publico

Los códigos de internet desafían la mirada tradicional en la plaza de Rafaela. La rebelión del “emote”, Lefebvre, Harvey y el derecho a la ciudad en la era del farmeo de aura

CC: L. Boga y M. Casale para Habemus Rafaela

Es una soleada tarde de domingo de invierno en Rafaela, una ciudad tradicionalista y costumbrista. La postal es típica: mates, familias, autos y motos dando “la vuelta al perro” por avenida Santa Fe. De golpe, algo irrumpe en ese paisaje casi maquetado. Un grupo de jóvenes, en su enorme mayoría menores de edad, está reunido en un gran tumulto alrededor del monumento a San Martín, en la Plaza 25 de Mayo, principal espacio público de Rafaela. Posan, hacen gestos, ensayan caminatas y movimientos exagerados, extraños. Cada tanto aparece algún “emote” identificable para cualquier millennial más o menos actualizado sobre las modas del mundo digital.

El fenómeno del que habla Latinoamérica llegó a Rafaela: están “farmeando aura”, en una especie de batalla amistosa atravesada por ciertos códigos urbanos que este narrador desconoce, naturalmente, por diferencia generacional.

¿Qué significa “farmear aura”?

Para quien todavía no tiene claro de qué se trata este concepto new age y pospandémico, una frase puede ayudar a explicarlo: farmear aura es buscar la acumulación de una suerte de capital social, estilo y respeto a través de poses, gestos y actitudes que nacen del mundo digital, de los memes y de espacios virtuales como Roblox.

Pero lo que sucede en pleno centro de Rafaela permite ir un poco más allá de la tendencia viral.

Estos jóvenes, de alguna manera, están rompiendo el molde de una ciudad agroindustrial del interior profundo del país, donde el espacio público tiende a estar normado y sus usos suelen ser familiares y predecibles. Hay una fuerte cultura del trabajo y del orden que atraviesa el contrato social de esta comunidad.

El choque que aquí se produce —y que, como consecuencia, despierta miradas de extrañeza— es que un grupo de jóvenes está utilizando el espacio público de una manera aparentemente “improductiva”, lúdica e irónica, rompiendo la monotonía.

Podemos traer, en este punto, algunas de las ideas desarrolladas por el geógrafo y teórico social británico David Harvey en torno al derecho a la ciudad y a la apropiación colectiva del espacio urbano. Desde esa perspectiva, una plaza no es únicamente un escenario para el consumo, las ferias o el paseo tradicional, sino también un territorio que sus habitantes pueden ocupar, resignificar y transformar.

De internet a la Plaza 25 de Mayo

A diferencia de otras “modas” que tuvieron lugar entre los jóvenes —como los emos, los floggers o los más recientes therians—, las nuevas generaciones ya no parecen sentir la necesidad de habitar un espacio cosmopolita donde puedan pasar desapercibidas, como bien podrían ser Buenos Aires o Rosario, para sumarse a las vanguardias digitales.

De alguna manera, internet democratizó esos códigos. Pero hay algo más profundo en todo esto: los jóvenes, a su manera, están ocupando el espacio público.

El filósofo francés Henri Lefebvre planteaba el derecho a la ciudad como una posibilidad de apropiación y transformación de la vida urbana por parte de quienes la habitan. Bien podríamos, desde esta mirada, intentar comprender de manera integral lo que está sucediendo con este fenómeno que, seguramente, será una moda pasajera y terminará dejando lugar a otra.

Dicho de otra manera: no se quedan encerrados en sus habitaciones con el celular, sino que buscan un espacio en la calle para materializar internet sobre el cemento local.

“Farmear aura” frente al “qué dirán” de una ciudad del interior

Y no hay que dejar pasar el famoso y todavía vigente “qué dirán” que rige en ciudades como la nuestra. Porque, seamos sinceros, no es lo mismo estar “farmeando aura” en el Parque 3 de Febrero de la Ciudad de Buenos Aires, donde probablemente pocos reparen en lo que sucede a su lado, que hacerlo en Rafaela.

Acá te cruzás con tu maestra, el amigo de tu papá te filma para enviar el video a alguna cuenta de Instagram de humor o las imágenes terminan circulando, con tono irónico, por grupos de WhatsApp acompañadas del clásico mensaje: “¡A ver si agarran una pala!”.

Pero estos chicos, jóvenes pospandémicos que atravesaron durante su niñez o adolescencia temprana un encierro feroz y restrictivo que cambió nuestra forma de vincularnos socialmente, parecen encontrar un blindaje capaz de repeler esas miradas estigmatizantes.

Y ahí el concepto adquiere otra profundidad: “farmear aura” puede actuar también como una suerte de escudo social y colectivo frente al control social de una ciudad tradicional del interior.

El humor y el absurdo los liberan del miedo a la burla. No les importa el “qué dirán”. Ellos farmean aura.

Jóvenes que vuelven a ocupar la calle

Tal vez una mirada esperanzadora sobre este fenómeno sea que convoca a los jóvenes al espacio urbano, a las plazas y a las calles, y los aleja, aunque sea por un momento, del encierro y de la experiencia exclusivamente mediada por una pantalla.
Pero quizás haya algo todavía más interesante.

¿Por qué no pensarlo de esta forma?: mientras “farmean aura”, los jóvenes también están reescribiendo el paisaje urbano con los pies sobre la vereda.

La entrada Del Tik-Tok a la plaza: cómo la juventud del interior farmea aura para colonizar el espacio publico se publicó primero en Minuto Rafaela.