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Por Mauro Yasprizza.
La Lepra derrotó 2 a 1 a Banfield por la sexta fecha, con dos goles del delantero uruguayo en el segundo tiempo. Bruno Sepúlveda descontó de penal en la última jugada. El conjunto rojinegro volvió a encadenar dos victorias como local después de casi dos años y sumó tres puntos fundamentales ante un rival directo.
Newell’s ganó el partido que debía ganar y encontró un goleador para creer
Newell’s consiguió una victoria necesaria por el resultado, por el rival y por lo que estaba en juego. El 2 a 1 sobre Banfield le permitió sumar por segunda fecha consecutiva en el Coloso y reducir de cinco a dos puntos la distancia con el Taladro en la tabla que comenzará a condicionar la próxima temporada.
Si esa clasificación arrancara hoy, la Lepra estaría última y Banfield, penúltimo. Ese dato explica el verdadero valor del triunfo. Newell’s no podía dejar pasar la oportunidad de acercarse a un adversario directo ni permitir que la diferencia se hiciera más difícil de remontar.
Cumplió con la obligación, aunque necesitó cambiar mucho para hacerlo.
El primer tiempo fue pobre. Newell’s jugó lento, anunciado y con escasa profundidad. Tuvo la pelota durante algunos pasajes, pero casi nunca supo qué hacer con ella. Le faltaron velocidad, precisión y decisión para atacar a un Banfield ordenado, que sin mostrar demasiado consiguió llevar el encuentro al terreno que más le convenía.
La historia cambió en el entretiempo. Matías Cóccaro reemplazó a Ignacio Ramírez y le dio otra presencia al ataque. El uruguayo se movió, buscó los espacios y aportó lo que más necesita cualquier equipo que pelea en la parte baja: contundencia.
El Zorro marcó los dos goles y transformó una actuación preocupante en una victoria indispensable. Su ingreso no solo modificó el resultado. También abrió una discusión inevitable sobre quién debe ser el centrodelantero titular de este Newell’s.
La reacción estuvo acompañada por el crecimiento de Walter Mazzantti y Facundo Guch. Ambos jugaron el complemento con mayor decisión. Cuando aceleraron por los costados, la Lepra dejó de atacar de manera previsible y comenzó a encontrar los espacios que no había tenido durante los primeros 45 minutos.
El descuento de Bruno Sepúlveda, de penal y en la última jugada, apenas ajustó el resultado. De todos modos, dejó una señal de alerta: Newell’s todavía debe aprender a cerrar los partidos sin ofrecer ventajas innecesarias. En una campaña que promete ser exigente, cualquier desconcentración puede costar demasiado.
La otra noticia importante estuvo en las tribunas. El Coloso volvió a ser un aliado. Newell’s consiguió diez de los doce puntos disputados allí en este segundo semestre y encadenó dos triunfos como local después de casi dos años. Recuperar la fortaleza en el Parque Independencia es el primer paso para comenzar a salir del fondo.
La victoria entrega alivio, pero no debería esconder los problemas. El equipo no puede regalar un tiempo ni depender siempre de una aparición individual para reaccionar. Necesita sostener durante más minutos la intensidad mostrada en el complemento y trasladar esa respuesta fuera de Rosario.
Newell’s ganó el partido que debía ganar, recortó la distancia con Banfield y encontró en Cóccaro una solución concreta. El Zorro resolvió la noche. Ahora el desafío será construir un equipo que no necesite esperar hasta el segundo tiempo para empezar a jugar.
