
El médico veterinario Nicolás Welschen explicó el trabajo que se desarrolla en INTA Rafaela alrededor del Beef on Dairy, una estrategia basada en cruzamientos entre ganado lechero y razas carniceras. La propuesta apunta a obtener animales con mejores aptitudes para carne, incrementar el valor de los terneros provenientes del tambo y, al mismo tiempo, avanzar hacia una selección más eficiente del rodeo lechero.
En una región donde la lechería constituye una de las principales actividades productivas, la posibilidad de generar un ingreso adicional a partir de la carne aparece como una alternativa que comienza a ganar protagonismo.
Welschen explicó que Beef on Dairy hace referencia, precisamente, a la producción de carne dentro de sistemas lecheros mediante cruzamientos planificados.
La idea no es nueva en términos absolutos. Años atrás era habitual encontrar cruzamientos entre vacas lecheras y toros de razas carniceras. Sin embargo, la estrategia actual incorpora herramientas genéticas y de manejo que permiten decidir con mayor precisión qué animales serán destinados a producir la futura reposición del tambo y cuáles pueden utilizarse para generar terneros destinados exclusivamente a carne.
¿Cómo funciona el Beef on Dairy?
El punto de partida es identificar las mejores vacas del establecimiento para producir las futuras hembras de reposición.
Sobre aquellos vientres que el productor considera estratégicos por su genética, sanidad, fertilidad y desempeño productivo se puede utilizar semen lechero, incluso semen sexado, buscando obtener las vaquillonas que permanecerán dentro del sistema.
En cambio, las vacas que no resulten prioritarias para generar la siguiente generación del rodeo pueden inseminarse con semen de razas carniceras.
“En aquellas vacas que yo no quiero que den cría en mi sistema, porque quiero quedarme con las mejores vacas para producir leche, puedo utilizar una cruza terminal de carne con una pajuela de semen de carne”, explicó Welschen.
Entre las alternativas mencionó razas como Angus y Hereford.
El concepto de “cruza terminal” es fundamental: tanto los machos como las hembras obtenidos mediante ese cruzamiento tienen como destino la producción de carne y no permanecen como reposición dentro del tambo.
El primer paso: conocer profundamente el rodeo
La implementación no consiste simplemente en comenzar a utilizar semen de carne.
Welschen advirtió que antes de tomar esa decisión el productor necesita conocer con precisión la dinámica de su establecimiento y determinar cuántas hembras deberá producir para garantizar la reposición.
“Aplicar Beef on Dairy nos obliga a conocer profundamente la dinámica de nuestro rodeo”, remarcó.
Entre las variables que deben analizarse aparecen la cantidad de vaquillonas necesarias, el nivel de reposición, las tasas de descarte, la mortalidad de terneras, el número de lactancias y los problemas sanitarios o reproductivos de las vacas.
El riesgo de una estrategia mal planificada es destinar demasiados vientres a cruzamientos carniceros y terminar comprometiendo la disponibilidad futura de vaquillonas lecheras.
Por eso, uno de los efectos adicionales del Beef on Dairy es que obliga al productor a seleccionar con mayor precisión cuáles son los animales que realmente quiere multiplicar dentro de su rodeo.
Más valor para el ternero que sale del tambo
Uno de los principales argumentos económicos está relacionado con el precio que obtiene actualmente el Holando dentro del mercado de invernada.
Según explicó Welschen, un animal Holando de entre aproximadamente 160 y 200 kilos puede comercializarse con una diferencia de entre un 20% y un 30% menos por kilo frente a un ternero “de color”, asociado a una genética de mayor aptitud carnicera.
“Ahí es donde más se va a notar”, señaló al referirse a la brecha existente durante la etapa de invernada.
El cruzamiento busca justamente reducir esa desventaja mediante un animal que conserve su origen dentro del sistema lechero pero incorpore características provenientes de una raza especializada en carne.
¿Por qué no producir directamente carne con Holando?
Welschen aclaró que el planteo no implica cuestionar a la raza Holando, sino reconocer que fue seleccionada genéticamente con otro objetivo: producir leche.
“El Holando es un animal de raza lechera”, explicó.
Según el especialista, sus características hacen que el proceso de producción de carne pueda resultar más oneroso debido, entre otras cuestiones, a un mayor costo metabólico de mantenimiento y a diferencias en la forma en que deposita grasa.
El cruzamiento con genética carnicera apunta a modificar algunas de esas características y obtener un animal más eficiente para ese destino.
“Lo que hago con la cruza es optimizar el proceso de generación de carne”, resumió.
Una estrategia que también alcanza a las hembras
Otro aspecto destacado es el destino de las terneras.
Una vez asegurada la cantidad de vaquillonas necesarias para reposición, continuar generando hembras Holando que no permanecerán en el establecimiento puede representar una alternativa económicamente menos conveniente.
Con Beef on Dairy, las crías obtenidas del cruzamiento —sean machos o hembras— se destinan a carne.
Esto permite transformar una parte de la producción secundaria del tambo en animales con características más buscadas dentro de la cadena cárnica.
Al mismo tiempo, el productor concentra la generación de hembras Holando sobre sus mejores vientres.
La flexibilidad: entrar y salir según el mercado
Para Welschen, una de las grandes ventajas del sistema es que no obliga al establecimiento a adoptar una decisión permanente.
“Beef on Dairy es una actividad que me permite entrar y salir año a año”, sostuvo.
Si el precio de las vaquillonas lecheras es bajo, el productor puede aumentar la proporción de cruzamientos destinados a carne, siempre que tenga asegurada su reposición.
Si posteriormente la lechería vuelve a demandar fuertemente vaquillonas y mejora su valor, puede modificar nuevamente la estrategia y aumentar la producción de hembras lecheras.
“Vuelvo otra vez a producir hembras porque simplemente es cambiar la pajuela”, graficó.
Estados Unidos, un antecedente del crecimiento del sistema
Durante la entrevista, Welschen también hizo referencia al avance de estos modelos en Estados Unidos, donde tuvo la oportunidad de observar experiencias vinculadas al Beef on Dairy.
Según indicó, el crecimiento durante la última década fue significativo y aseguró que actualmente alrededor del 20% de la carne en ese país estaría explicada por este tipo de sistemas de cruzamiento, mientras que hace aproximadamente diez años la participación era inferior al 8%.
La experiencia internacional aparece así como uno de los antecedentes que despiertan interés para estudiar cómo podría adaptarse la herramienta a las características productivas de las cuencas lecheras argentinas.
INTA Rafaela trabaja sobre una alternativa con potencial regional
El desarrollo adquiere especial relevancia en Rafaela y su zona de influencia por tratarse de una de las principales cuencas lecheras del país.
El desafío pasa ahora por generar información técnica que permita evaluar los cruzamientos, su eficiencia productiva y su resultado económico bajo las condiciones locales.
Welschen reconoció que la relación actual entre el valor del grano y el de la carne puede no ser la más favorable para estos sistemas, pero planteó que precisamente estos escenarios deben utilizarse para buscar mayor eficiencia.
“Preparémonos para lo peor. Aprendamos a ser eficientes ahora”, fue una de las definiciones que dejó durante la entrevista.
El Beef on Dairy se presenta así como una estrategia que combina dos objetivos: seleccionar mejor el rodeo que continuará produciendo leche y agregar valor a aquellos animales que tendrán como destino final la producción de carne.
Para una región fuertemente atravesada por la actividad tambera, la posibilidad de obtener mayor valor de un producto que históricamente fue secundario abre una línea de trabajo que INTA Rafaela ya comenzó a estudiar y que podría convertirse en una herramienta más dentro de la planificación económica y genética de los establecimientos.
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