
Antes del médico, del ingeniero, del abogado, del periodista, del comerciante o de cualquier otro profesional, hubo un maestro. Este 11 de septiembre es también una oportunidad para recordar y reconocer a quienes hicieron de la enseñanza una forma de vida.
Usted sabe leer porque alguna vez hubo un docente que le enseñó a reconocer sus primeras letras. Sabe sumar porque alguien se sentó frente a un pizarrón y tuvo la paciencia necesaria para explicarle una y otra vez cómo hacerlo.
Y mucho antes de elegir una profesión, seguramente hubo una maestra o un maestro que ayudó a construir una parte de la persona que es hoy.
El docente está en el comienzo de todo
Detrás de cada profesión hay educación. Antes de llegar a una universidad, ejercer un oficio, conducir una empresa o desarrollar una carrera, hubo aulas, cuadernos, libros, recreos y docentes.
Algunos nombres permanecen intactos en la memoria. La señorita que recibió a sus alumnos con cariño. El maestro que descubrió una capacidad que nadie había visto. La profesora que exigió un poco más porque sabía que podían darlo. Ese docente que, además de enseñar una materia, dejó una enseñanza para la vida.
Por eso, en el Día del Maestro vale la pena detenernos y recordar.
Docentes que también atraviesan sus propias luchas
La tarea docente muchas veces se desarrolla en medio de dificultades, reclamos y demandas que exceden ampliamente las paredes de una escuela.
Detrás de cada maestro también hay una persona. Alguien que tiene problemas, preocupaciones, una familia y sus propias luchas. Sin embargo, cada mañana entra al aula con la responsabilidad de enseñar.
Muchas veces deja sus problemas en casa para ponerse frente a sus alumnos. Prepara una clase, corrige trabajos, escucha, acompaña, contiene y vuelve a intentarlo cuando algo no salió bien.
Y esa dimensión humana de la docencia merece ser reconocida.
Hoy, recuerde a su maestro
Quizás hayan pasado décadas desde la última vez que lo vio. Tal vez todavía recuerde su nombre, su voz o alguna frase que quedó grabada para siempre.
Este 11 de septiembre puede ser una buena oportunidad para buscar en la memoria a esa persona.
A quien le enseñó las primeras letras. A quien le explicó una cuenta. A quien tuvo paciencia. A quien lo alentó cuando algo parecía imposible. A quien, quizás sin saberlo, terminó influyendo en alguna decisión importante de su vida.
Reivindiquemos el valor del docente.
Porque detrás de cada profesional hubo primero un alumno. Y frente a ese alumno, alguna vez, hubo un maestro dispuesto a enseñar.
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