
Antes de que la mataran, Nerea Pereira vivió un infierno. Fue golpeada durante mucho tiempo. El día que la asesinaron le rompieron la aorta torácica y, aún con vida, los agresores montaron una falsa escena de suicidio. Uno de los familiares directos la mató. Los otros, participaron. Y la hipótesis que perfilaron los investigadores abre la puerta al horror: un homicidio ritual.
La autopsia confirmó que Nerea, de 11 años, fue asesinada. Así, con el resultado de la necropsia, el Ministerio Público pidió que se conviertan en detención las aprehensiones de urgencia que se habían dictado contra la madre, la abuela y un tío de la niña horas después de conocerse la muerte.
El día del hallazgo del cadáver, al revisar el cuerpo de la pequeña, los forenses establecieron que tenía marcas de golpes en la espalda de antigua data y lesiones compatibles con abuso sexual. Por ese motivo, la fiscal dispuso la aprehensión de urgencia de los familiares directos de la menor.
En principio, había sido detenido otro de los tíos, que había realizado maniobras de RCP a la niña. Pero, después fue liberado por falta de pruebas. Si bien todavía no se dictó la prisión preventiva contra los tres acusados, trascendió que los sospechosos que quedaron bajo arresto serían Rocío Pereira, madre de la niña; Mónica Villalba, la abuela, y Ezequiel Pereira, el tío.
Al ahondar en el entorno familiar de la niña, los investigadores policiales y judiciales establecieron que la menor estaba en situación de abandono. Si bien estaba escolarizada, no concurría de forma habitual al colegio.
No obstante, las autoridades de la escuela de Berazategui en la que estudiaba la menor no alertaron sobre la situación de riesgo de Nerea ni advirtieron los signos de los golpes que le asestaron a la niña. Tampoco estuvieron atentos a los cambios de conducta de la pequeña. Esta falta de acción de las autoridades del colegio y del equipo de la secretaría de la niñez del municipio de Berazategui colocó a la menor en una situación de extrema indefensión en la casa en la que vivía.
Además, el abuelo de la niña, que no vive en la casa donde la mataron, afirmó ante los policías que en esa familia practicaban ritos umbandas. Ante esta declaración y al revisar las marcas que hallaron en el cuerpo de la menor, los responsables de la pesquisa comenzaron a investigar la hipótesis que indicaría que Nerea fue víctima de un homicidio ritual.
Si bien no fue comprobado totalmente la cuestión de los rituales umbandas que practicaban algunos de los miembros de la familia, es una de las líneas de investigación que se siguen.
Para los responsables de la pesquisa quedó confirmado que la niña fue asesinada y que su muerte no ocurrió en el contexto de un suicidio.
Existen más detalles escabrosos que ponen al descubierto el infierno que vivía Nerea. La madre de la pequeña es adicta a las drogas y la dejaba al cuidado de uno de sus hermanos que había sufrido graves quemaduras en su rostro por un supuesto accidente doméstico. Por esa circunstancia el tío de la niña no salía nunca de la casa.
Nerea vivía en el inmueble situado la calle 19 al 1500, de Berazategui, cuidada por un tío con el rostro desfigurado, abandonada por su madre adicta, donde era golpeada y presuntamente abusada sexualmente.
En ese contexto fue asesinada. Anteayer, a las 2, los vecinos alertaron a la policía porque una mujer salió de la casa y pidió ayuda porque, presuntamente, su nieta se había quitado la vida.
Cuando los policías llegaron a la vivienda fueron recibidos por la abuela de Nerea, quien manifestó que la niña se había ahorcado.
La mujer agregó que al verla con el lazo en el cuello, bajaron a la menor, la colocaron en el piso. Así, en posición fetal fue hallada por los policías que concurrieron a la casa ante el llamado al número de emergencias 911.
Luego de comprobar que la niña estaba sin vida, se dispuso la realización de la autopsia que concluyó que la víctima presentaba lesiones provocadas por golpes en distintos lugares de la espalda, signos de hemorragia interna y lesiones compatibles con un posible abuso sexual de antigua data.
Con los datos de la necropsia, la fiscalía ordenó la realización de una serie de allanamientos en los domicilios de los familiares de la niña. Además, la representante del Ministerio Público dispuso la aprehensión de urgencia de la abuela, la madre y uno de los tíos de Nerea.
Para completar el listado de pruebas, la fiscal solicitó que declaren en cámara Gesell los hermanos menores de la víctima. Los investigadores esperaban que a partir de estos testimonios se puedan tener más elementos sobre la violencia que se aplicaba sobre Nerea.
Con las pruebas incorporadas en el expediente se habría determinado que la abuela y uno de los tíos de la niña la agredieron físicamente de forma sistemática y con alevosía.
Según la autopsia, “le propinaron frecuentes golpizas en diferentes momentos con objetos romos, manos y patadas. Esas golpizas estaban dotadas de una inusitada capacidad letal y dejaron numerosas improntas en su cuerpo, con el objetivo de provocar una muerte insidiosa”.
Si se comprueba la alevosía, se sumaría otro agravante al del vínculo que existía entre los acusados y la víctima. Según el inciso segundo del artículo 80 del Código Penal, la alevosía indicó que los asesinos recurrieron a medios o métodos para actuar sobre seguro, sin que la víctima pudiera defenderse y sin riesgos para ellos.
A Nerea la mataron luego de someterla a otra violenta golpiza, “caracterizada de un potencial letal inmediato, la minada salud de la pequeña definitivamente colapsó produciéndose su deceso, a raíz de paro cardíaco secundario a ruptura de aorta torácica generando shock hipovolémico”, según se estableció en la autopsia.
A partir de la reconstrucción del violento episodio realizada con las declaraciones de los testigos y los peritajes científicos los investigadores concluyeron que no habría existido la intervención de terceros ajenos a la vivienda.
Se habría determinado que los únicos que, el 30 de septiembre, a las 2, estaban en la denominada “casa del horror”, cuando Nerea fue asesinada, eran los tres acusados, la víctima y sus tres hermanos menores.
Con respecto a la madre la pequeña, los responsables de la pesquisa indicaron que no podía ignorar lo que ocurría en la casa y que tuvo la posibilidad de evitar que sometieran a su hija a las golpizas.
No hizo nada para evitar los castigos y la muerte, a pesar que tenía la obligación de cuidar a Nerea. Esta omisión habría sido clave para que su hija fuera asesinada.
Con todas estas pruebas, la fiscalía solicitó que los imputados sean detenidos e indagados por su presunta responsabilidad en homicidio agravado por alevosía de Nerea, una calificación que, según el Código Penal, tiene una expectativa de condena de prisión perpetua.
Al mismo tiempo, los funcionarios judiciales y policiales siguen con la recolección de pruebas para tratar de determinar si el homicidio de Nerea tuvo un componente ritual, a partir de las expresiones del abuelo de la víctima que indicaba que algunos de los moradores de la “casa del horror”, hacían prácticas umbandas.
Asesinatos ritualizados quedaron expuestos en la historia criminal argentina. Nerea era un año menor que Ramón Ignacio González, también conocido como “Ramoncito”, asesinado el 7 de octubre de 2006, en Mercedes, Corrientes. Su caso representa, lamentablemente, un ejemplo de esa clase de homicidios.
En el juicio quedó demostrada la brutalidad de los asesinos. Un Tribunal Oral de esa provincia condenó a prisión perpetua a nueve acusados del homicidio ritual de “Ramoncito”, al considerar que fue asesinado para entregarlo como ofrenda al “Señor de la Muerte”. El décimo condenado fue un menor, que en el momento del crimen tenía 17 años y recibió una pena de 15 años de prisión.
