A corazón abierto, Matías Alé habla de los años de vértigo, el delirio místico y la oscuridad, pero también de su renacer, su casamiento y su presente: “Vivo totalmente al día”

A corazón abierto, Matías Alé habla de los años de vértigo, el delirio místico y la oscuridad, pero también de su renacer, su casamiento y su presente: “Vivo totalmente al día”
A corazón abierto, Matías Alé habla de los años de vértigo, el delirio místico y la oscuridad, pero también de su renacer, su casamiento y su presente: “Vivo totalmente al día”

“¿Qué le dirías a que eras 20 años atrás?”. Matías Alé piensa. Sabe —como dice— que “todo pasa rápido, que la vida es un tobogán”. Y que dos décadas atrás “estaba grande y ya había perdido a mi viejo”. Entonces, este Matías de 49 años propone retroceder algo más, para hablarle a aquel que estaba dejando la adolescencia, y que tenía por delante todo un mundo por explorar.

“Le diría: ‘No dejes de ir a comer un domingo con tu viejo. Dejá de preocupar por el futuro. Escuchá más, asesorate en cuanto a guita. Cuidá la salud, entrená. Rodéate de gente que te quiera de verdad’. Pero también me felicito a mí mismo. No tengo representante, ni padrino, ni sponsor. Ni padre. Nadie me ayuda. Me caí y me levanté 20 mil veces. Me despierto solito a las 7 de la mañana, le pongo huevo a la vida. Me abrazo y felicito. Quien me ayuda como yo, nadie lo hizo”.

Este A solas con Paparazzi comienza por el final, en la última respuesta de una entrevista que bien podría resumir la historia de un hombre que vivió varias vidas en una. Porque Matías Alé conoció las mieles del éxito, protagonizó algunos de los romances más mediáticos de la farándula argentina y supo ser uno de sus galanes más codiciados.

Tras una década junto a Graciela Alfano y noviazgos con figuras como Silvina Escudero, Andrea Estévez y Sabrina Ravelli, llegó su casamiento con María del Mar Molar. Pero en pleno auge profesional, entre temporadas teatrales, presencias y programas de televisión, su vida dio un vuelco inesperado: un brote psicótico que derivó en una internación, el final de su matrimonio y un largo proceso de recuperación, en el que contó con el apoyo incondicional de su madre.

Lejos de rendirse, volvió a empezar. Regresó a los escenarios, incursionó en el streaming, participó en películas y se involucró en la producción teatral. Y en medio de esa reconstrucción también encontró nuevamente el amor de la mano de Martina Vignolo, una joven veinteañera con quien se casó en octubre de 2025, y se instaló en Mar del Plata.

La vida le tenía preparado otro giro: en septiembre, una propuesta para conducir un magazine matutino en Net TV lo llevó de regreso a Buenos Aires, donde comenzó una nueva etapa profesional y personal.

Y es este Matías, el que se cayó y volvió a levantarse una y mil veces, quien llegó a Paparazzi, acompañado por su esposa, dispuesto a hablar de todo. De los golpes que no lograron derrotarlo, de su deseo de ayudar a quienes atraviesan situaciones similares y también de su presente económico.

Porque, aunque durante años ganó mucho dinero, viajó, se dio grandes gustos y manejó autos de lujo, hoy reconoce que vive al día, con lo justo y necesario. Una realidad muy distinta de la que muchos imaginan y otra de las tantas vueltas que dio su vida.

“Estoy feliz de esta posibilidad que se me ha dado de poder volver desde Mar del Plata. Me siento cómodo. Estoy en la pantalla de Net en un horario central, de 9 a 11. Esta es nuestra quinta semana. Y estoy feliz porque además puedo hacer lo que me gusta: conducir. Y el programa (A pura mañana) tiene mi sello”, cuenta Matías, entusiasmado.

—Ya tenés un nombre, ¿pero al instalarte en Mar del Plata no tuviste miedo de que quedar afuera o de no poder volver?

—No, no, no. Siempre tuve presente que el medio no se olvida nunca de mí. A veces pueden ser propuestas más interesantes, creativas, algunas propuestas más chicas, algunas que no tienen tanta notoriedad. Marti llegó hoy a la mañana, se queda hasta el jueves, yo me voy a Rosario: nuestro vínculo es muy dinámico, y nuestro laburo también.

Matiás Alé, en Net.

—Porque no hay hijos en el medio todavía. 

—¿Cómo que no? Tenemos un perro salchicha, Río. Estoy desesperado por verlo… 

—En tu carrera hiciste de todo. ¿Pero hay algo que te quedó pendiente, que te gustaría hacer?

—Un buen protagónico de cine. Y haciendo un personaje totalmente antagónico a lo que puedo llegar a hacer yo. Trabajar con Leonardo Sbaraglia, Ricardo Darín, con Guillermo Franceella, alguna de las grandes producciones de (Juan José). Pero sinceramente, tengo 49 años e hice de todo. De todo.

—En tu última película, Maltratada, hiciste de un psicópata maltratador.

—Sí. De hecho, Marti estaba cuando filmamos esa película, íbamos a casa y me decía: “No te conozco”. Mi mamá vio la película y me dijo: “Pero vos no sos así. No me gusta verte así”. Yo me meto mucho (en el personaje) y lo busco hasta que sale. Y eso debe ser la versatilidad del ir haciendo. Y también hay muchos actores que a veces se les hace difícil conducir, o conductores que se les complica para actuar. Yo me siento cómodo. De hecho, creo que soy un actor que está conduciendo, más allá que tiene mucho de mí.

—La gente cree que los famosos ganan mucho, y vos tenés una larga trayectoria. ¿Es así o te cuesta?

—Yo perdí todo. Gané mucho dinero hace 20 años, cuando había presencias, hacíamos los Bailando, el teatro, Carmen (Barbieri). Muchísimo dinero gané. Y gasté mucho dinero en viajes, en autos, en cosas que vos decís hoy: “¿Para qué gasté tanto en esto?”. Bueno, son experiencias, uno aprende. Siempre me supe administrar, pero me rodeé de personas que tal vez no me ayudaban a administrarme o han buscado la oportunidad de hacerme hacer algún negocio, que siempre me fue mal. Y ahora no: vivo totalmente al día. Porque además, estuve ocho años enfermo, pero nunca dejé de trabajar, salvo en el 2016, pero los trabajos que hacía no estaban bien remunerados porque yo no me sentía óptimo, porque no me animaba. Además, fueron muchos años de mantener médicos, medicamentos… Digo que vivo al día, pero vivo bien. Y mientras los míos estén bien y tenga para comer, no necesito mucho más que eso porque ya aprendí que el auto descapotable alemán no te abraza y no te dice “Te amo” cuando estás internado. Entonces, ya no voy por ahí. Y además, nunca me va a faltar una milanesa porque con todo lo que hice, si yo le golpeo la puerta a la señora que vive en este edificio y le digo: “Mire señora, estoy sin trabajo, ¿no me hace un platito de fideos?”, me va a dar de comer. Nunca me va a faltar de comer. Y nuestro medio es muy subjetivo a nivel guita. Antes sí se manejaban grandes tortas de valores en publicidad, en la tele, había campaña gráfica, de todo. Además, antes tampoco éramos tantos, éramos siete: “¿A quién llamamos?”, “Dale con Alé”. Hoy levantás una baldosa y te sale un tiktokero. 

—¿Sentiste que los amigos del campeón desaparecieron en las malas?

—Sí, no queda nadie. Está tipo Corazón valiente, en la mitad de la guerra, pintado a lo Mel Gibson, con el caballo y la lanza, de repente tiran un flechazo en un hombro y te venís cayendo en el caballo, y mirás para atrás y decís: “¿Y los soldados?”. Y hay cuatro que son los mismos de siempre, los incondicionales. Los que eran amigos antes de ser un campeón. Mi vieja, obviamente, incondicional. Y para de contar. Pero no está mal que sea así. No los podés juzgar.

—Cuando tuviste un brote psicótico, la salud mental era un tema tabú y hasta te pudo haber incomodado contarlo. Pero ayudaste vos a personas que atraviesan lo mismo.

—En ese momento no estaba bueno ser el loco del medio, ¿entendés? “Pobre Matías, se volvió loco”. Pero yo, con la frente en alto, lo transité como pude. Y acá estoy, y salí. A veces uno dice: “¿Por qué me pasó a mí?”. Y no es por qué, es ¿para qué? Para comunicarlo, para que la gente sepa que este pibe que hace 10 años estaba internado en un neuropsiquiátrico rezando una Ave María, porque se cruzaron los cables de repente de la cabeza, que puede suceder por estrés, por lo que sea, hoy está acá. Y rehice mi vida: tengo una esposa, tengo trabajo, el medio me sigue abrazando, estoy bien de salud, estoy lúcido, estoy lógico, entiendo, no tomo ninguna medicación, no pasó nunca más nada. Entonces, digo: no está mal transitar eso. No tiene que ser un fantasma. Y me dicen: “El medio fue muy cruel con vos”. A mí me cuidaron. Iban a la puerta de la clínica Abril y, más allá de que se buscaba comunicar qué me estaba pasando, yo sentía el cariño: desde afuera los camarógrafos me saludaban. 

—Vos eras el medio. Hasta dormías en los pasillos de América

—En el 2013 dormía en el sillón de Animales Sueltos porque, por ejemplo, terminaba a la una de la mañana, me faltaba hacer la Iglesia Universal, que era lo único que no hacía en América, y a las ocho abría con Pamela David. Era una locura. Era mucho, mucho, mucho… Sí, sí. Pero bueno, eso es que es la inseguridad de uno, como bien decías: “Che, ¿cuándo se va a cortar esto de la cantidad de trabajo? Aprovechá la ola”. En ese momento me hubiera gustado que alguien me aconsejara: “No pierdas el tiempo en cosas que después no te van a ser trascendentales a tu vida. No te pierdas nunca un casamiento con un amigo, un bautismo, un asado, un cumpleaños de tu vieja. Elegí tus momentos”. Ahora administro mis tiempos. Yo elijo que hoy, esta sea la única nota que tenga. 

—Con Martina, ¿en algún momento se siente la diferencia de edad?

—Sí, ella está hecha pelota. Sí, me estoy empezando a dar cuenta que ya está. ¡Juez! ¡Cambio! (Risas). No, no, así no me sigue el ritmo. Tiene que tomar Redoxon, Danonino, no hay forma de seguir a este anciano, a este tío, como me dice… 

—¿Sos celoso, de los que revisan los celulares?

—No. Primero que no me da un motivo para hacerlo: confiamos mucho, es un encanto. Solamente me daría celos ver que alguien la hace reír más que yo. Puede venir alguien con unos abdominales divinos, pero si viene alguien y la hace reír más que yo, ahí sí me diría: “¿Qué está pasando?”. Eso sí.

—Antes, cuando estabas de novio, te decían: “¿Cuándo te casás?”. Y después de casarte: “¿Cuándo tenés hijos?”.

—Sí, es así, es así… Lo hablamos, obviamente. Tenemos muchas muchas ganas, pero como vos decís… Estamos con ganas de viajar. Hay tiempo para todo. Estamos disfrutando de nuestra pareja. Tratando también de que ella… de alguna manera… No me gusta decir la palabra pobre, porque no es pobre, sino es que… ¡Pobre el chabón que le tocó! Un día estamos en Mar del Plata, después nos venimos, después vamos, y todo. Entonces estamos tratando los dos… Pero bueno, por suerte los dos somos muy independientes y pensamos en el proyecto que nos sirva a los dos. Y en acompañarnos. Todo va a llegar cuando tenga que llegar. Por ahora estamos con Río. 

Matiás Alé y Martina Jazmín Vignolo, el día de su casamiento.

—Tuviste tantas mujeres en tu vida. ¿Alguna te gustaba y no se dio?

—Está el caballo cansado: ahora soy un pony… En su momento sí tuve como un “me gusta ir por ahí”, pero eran de otro target, o tal vez no llegaba a vincularme. Actrices, no nuestras, americanas. Jennifer Aniston, por ejemplo. En su momento me encantaba.

—¿Estuviste con alguna famosa internacional? 

—Con Grecia Colmenares.

—¿Fuiste muy infiel? 

—¿Yo? No. Oiga… 

—¿La hacías bien?

—No. Esperá, esperá. Ojo, mirá que entre fantasmas no nos pisamos la sábana, ¿eh? Vamos a aclarar esto: no es que fui muy infiel, no estuve mucho tiempo en pareja. Hay personas que creen que tienen un rótulo y que se adjudican algo que no era, y que no se habló, que no se planteó. No tuve muchas relaciones estables, de años. Inclusive esa persona que supuestamente yo estaba con ella y que yo le fui infiel, también tendría su vida para no ser tan conocida. El malo era yo en la película, pero no era tan así. Yo nunca fui claro en los rótulos, lo que pasa es que tenemos una sociedad que le encanta rotular: “Ahí va el infiel”, “Ahí va el loco”, “Ahí va el coso”, “Ahí va…”. Les encanta. Y no hay que rotular a nadie.

—¿Le perdonarías una infidelidad a tu mujer? 

—Me le cagaría la risa. No sé por qué. Es como que no… No sé, no la veo. Qué sé yo. Me reiría. Le diría: “Estás loca. Me hubieras llamado”.

—¿En el sexo probaste de todo?

—No estuve con hombres. He estado en lugares donde había hombres también, pero yo no estuve… Sí he transitado la sexualidad con total libertad, sin ningún prejuicio, siendo feliz, y que sea todo de una manera consensuada y con respeto. Cada uno es libre de elegir lo que quiera ser y lo que le da placer, mientras no lastimemos a nadie y siempre esté dentro de los cánones normales de nuestra sociedad. No hay nada más lindo que tener placer, pero no solamente a nivel sexual: placer en comerse una torta, en no sentirse juzgado, placer en que la vida de uno es de uno. Nadie te puede condicionar. Mientras vos respetes los valores, respetes el Código Civil y un montón de cosas, ¿quién te juzga si vos te enamoraste de alguien o si hiciste esto o si te comiste dos hamburguesas? ¿Quién escribió cómo hay que ser en la vida?

—¿Cuántas personas fue lo máximo que hubo en un cuarto? 

—No, qué sé yo…. Era un tres ambientes…. No sé cuántos. Éramos varios. Era pin uno, pin dos, pin tres, pin cuatro… No se va a contar, ¿entendés?

—¿Qué pasó con Graciela Alfano que estaba todo bien y días atrás te criticó?

—Podés preguntarle a Graciela… No sé. Pero Graciela es como es como el clima: te levantás y no sabés con qué te vas a encontrar. O de repente, en el mismo día te encontrás con cuatro estaciones juntas. Pero está bien, es Graciela. Y por algo no estamos juntos. Es su forma de hacer humor. A mí, por lo menos, no me genera diversión. Pero también es su forma de comunicar. Me parece que todos estamos acostumbrados a que Graciela haga eso. Y por algo no nos elegimos desde hace tantos años.

—Hablando de política, en un momento dijiste que querías ser el Brancatelli de Mauricio Macri.

—Eso lo dije cuando estaba reloco: a la semana me internaron porque creía que Dios me hablaba y que tenía que representar un partido político porque iba a salvar al mundo. Estaba reloco. 

—¿Pero te interesa la política?

—No, no. Jamás. Cuando vean que me está interesando, llamen a un psiquiatra. Si digo que quiero ser vocero, el Adorni de alguien, sepan que Mati es a la clínica Abril, sin escalas. Porque no lo sabría hacer. Duermo en paz y sé lo que hago con mi dinero, y que ayudo desde mi lugar. No tengo espalda.

—¿Quién es tu mamá para vos?

—Mi vieja es todo. Cuando me estaba recuperando, dormía en la casa de ella porque no me animaba a vivir solo, no tenía laburo ni guita para comer. Me acostaba y ella me acariciaba, y le decía que me ayude a que no me pase de vuelta. Y estaba así hasta que me quedaba dormido. Podemos pensar distinto, tener diferencias sin relación tóxica y Edipo. Supo ser mamá y papá joven, porque mi padre murió hace 30 años. Al día de hoy, mi vieja me pide que le avise cuando llegue. La amo. Que siga leyendo Paparazzi, que es fanática: me llama para preguntarme cómo entrar a sus notas desde Instagram. En mi primera internación no podía entrar a visitarme porque estaba peleada con mi ex (María del Mar Molar) y se paraba a las 4 de la mañana con baliza, y me mandaba con un seguridad una Gatorade y un postre Yummy.

—¿Le tenés miedo a algo?

—Al dolor físico. Hace dos años que estoy con un dolor de oído y me tiene bastante molesto. Son cosas que uno no puede gobernar. No tengo miedo a perder control porque lo tengo en todo momento. Veo a mi perro con diarrea y me asusto. Si a Marti o mi vieja le pasa algo… No poder ayudar. Este año me operé el oído, la vesícula. Después, cuando me tenga que morir, me iré. Que me recuerden y pongan esta nota.

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