
El 12 de junio de 1994, Nicole Brown Simpson y Ronald Goldman fueron asesinados a puñaladas en el barrio de Brentwood, en Los Ángeles.
El juicio contra O.J. Simpson, exmarido de Nicole y exestrella de la NFL, se convirtió en el proceso penal más seguido del siglo XX.
La fiscalía sostuvo que él actuó solo, pero nunca pudo presentar el arma homicida. La ausencia del arma fue uno de los factores que permitió a la defensa sembrar una duda razonable que terminó en absolución.
Más de tres décadas después, registros judiciales desclasificados a pedido de The New York Times revelan que las autoridades federales tuvieron en sus manos una pieza que pudo haber cambiado el rumbo del juicio.
Joseph “Joey” Ippolito, un preso federal con vínculos directos con el entorno de Simpson, entregó a los investigadores federales datos directamente relacionados con los asesinatos, según consta en los registros obtenidos por el diario. Sin embargo, esa información nunca llegó al jurado.
Un preso con conexiones en el entorno de Simpson
Joey Ippolito era un narcotraficante convicto y asociado de la Cosa Nostra que se escapó de una cárcel de Florida un mes antes de los crímenes.
Antes de su encarcelamiento, había operado un restaurante popular en Los Ángeles y mantenía una estrecha amistad con Al Cowlings, el hombre de confianza de Simpson.
La conexión entre Ippolito y el entorno de Simpson quedó documentada desde temprano. Tras la célebre persecución televisada de la camioneta Bronco —en la que Cowlings conducía mientras Simpson amenazaba con suicidarse—, los investigadores encontraron en el vehículo fotografías de una de las novias de Ippolito junto con su número de teléfono.
Un año después de su fuga, Ippolito fue recapturado. De inmediato comenzó a colaborar con fiscales federales en Nueva York, según los registros judiciales.
Entregó información sobre la mafia, organizó reuniones con agentes encubiertos de la Administración para el Control de Drogas (DEA) y arriesgó su propia seguridad en el proceso.
En un memorando dirigido a un juez federal para solicitar una reducción de condena, los fiscales lo describieron como “una fuente de información extraordinaria”.
Un testimonio familiar que complica la versión oficial
En una entrevista concedida a The New York Times este año, Sam Ippolito, hermano de Joey, relató que ambos se hospedaban en un departamento de West Hollywood la noche de los asesinatos. Joey le dijo que saldría a ayudar a un amigo.
Horas después regresó con lo que parecía sangre en las manos y una bolsa que contenía un objeto pesado.
Joey le pidió a su hermano que se deshiciera de la bolsa. Sam Ippolito aseguró que la arrojó en un contenedor de basura de una obra en construcción cercana. Sam Ippolito dijo estar convencido de que su hermano estuvo en la escena de los crímenes.
Meses después de esa entrevista, Sam Ippolito pidió una compensación económica. Cuando el reportero se negó, retractó su testimonio y afirmó que “le ofrecieron una tonelada de dinero” para contar su historia en otro lugar, aparentemente para un documental en producción.
Un libro, una confesión y cabos que se cruzan
En 2007, Simpson publicó el libro If I Did It, en el que ofreció una confesión que calificó de “hipotética”.
En esa versión, describió a un amigo que lo acompañó la noche de los asesinatos, que primero observó los hechos horrorizado y luego aceptó llevarse el arma homicida y la ropa ensangrentada.
Los fiscales e investigadores no dieron credibilidad a los detalles del relato y nunca profundizaron en la posibilidad de que alguien hubiera ayudado a Simpson a deshacerse de las pruebas, según reveló la investigación periodística.
Los documentos ahora desclasificados, no obstante, exponen —según el relato del diario— coincidencias entre esa narración y la información que Ippolito entregó por separado a las autoridades federales.
Los datos que proporcionó el informante llegaron a manos de la fiscalía de Los Ángeles cerca del final del juicio, que en ese momento acaparaba la atención mundial.
Un fiscal federal, un exagente del Servicio de Alguaciles de Estados Unidos, un exagente de la DEA y un funcionario vinculado a la causa penal confirmaron de forma independiente la cooperación de Ippolito, pero ninguno de sus aportes se presentó ante el tribunal. Ippolito murió en 2006.
Tom Lange, el detective principal del caso Simpson, reconoció ante The New York Times que el nombre de Ippolito apareció durante la investigación, pero que nunca lo consideró un sospechoso serio. Lange sostuvo que aún no cree que Simpson haya tenido un cómplice.
Simpson fue absuelto en el juicio penal de 1995, aunque en 1997 un tribunal civil lo declaró responsable de ambas muertes y lo condenó a pagar USD 33,5 millones a las familias de las víctimas.
En 2008, fue sentenciado a 33 años de prisión por robo a mano armada y secuestro en Las Vegas, tras irrumpir en una habitación de hotel para recuperar objetos deportivos que consideraba suyos.
Cumplió nueve años y fue liberado en 2017. Falleció en abril de 2024, a los 76 años, por un cáncer de próstata.
El año pasado, investigadores de la unidad de casos sin resolver del Departamento de Policía de Los Ángeles (LAPD) comenzaron a hacer llamadas para recopilar información sobre teorías de complicidad, según reveló el medio.
Un vocero del LAPD confirmó la semana pasada que “el caso O.J. Simpson sigue siendo una investigación abierta y en curso” y que, al no haber existido una condena penal, “el departamento tiene la obligación de seguir buscando justicia en este asunto”.
El portavoz añadió que, cuando se encuentren nuevas pruebas, los detectives seguirán esas pistas.
