
La noche del viernes 19 de junio de 2026 quedó marcada por un nuevo hecho de violencia armada en Chicago, cuando al menos 12 personas resultaron heridas de bala tras un ataque perpetrado desde un vehículo en movimiento. El episodio, ocurrido en el barrio South Side durante las celebraciones por el Juneteenth —festividad que conmemora el fin de la esclavitud en los Estados Unidos—, generó conmoción en la comunidad y reavivó el debate sobre la seguridad en la ciudad. La policía local confirmó que los disparos se produjeron al filo de la medianoche, sumándose a una serie de tiroteos que tuvieron lugar ese mismo fin de semana, en el que más de 20 personas recibieron impactos de bala y cuatro perdieron la vida.
Las primeras informaciones oficiales señalan que los hechos se desencadenaron cuando un SUV de color rojo se detuvo frente a una multitud que se encontraba reunida en la cuadra 200 de West 95th Street, cerca de Princeton Avenue, en el vecindario de Princeton Park. Según relatos de testigos y reportes policiales, dos ocupantes del vehículo abrieron fuego de forma indiscriminada contra el grupo, para luego huir a toda velocidad del lugar. El ataque, perpetrado sin mediar palabra y de manera sorpresiva, desató el pánico entre quienes celebraban la festividad, obligando a muchos a buscar refugio mientras se escuchaban múltiples detonaciones.
Las autoridades detallaron que, hasta el momento, no se han realizado detenciones ni se cuenta con información precisa sobre la identidad de los atacantes. La policía mantiene activa la investigación para identificar a los responsables, tras recopilar testimonios y analizar las imágenes de cámaras de seguridad de la zona. El modus operandi, caracterizado por la rapidez y la impunidad en la huida, es una constante en hechos recientes de violencia armada que afectan a distintos barrios de la ciudad.
En cuanto a las víctimas, el grupo afectado estaba compuesto por ocho hombres y cuatro mujeres, con edades comprendidas entre los 17 y los 47 años. Todos ellos fueron trasladados de urgencia a cuatro hospitales locales, donde recibieron atención médica especializada. Entre los heridos, destaca el caso de un hombre de 26 años que sufrió múltiples heridas de bala en distintas partes del cuerpo y permanece en estado crítico bajo pronóstico reservado. Una mujer de la misma edad también fue reportada en condición crítica debido a la gravedad de sus lesiones. Las otras diez personas presentaban heridas de diversa consideración: lesiones en piernas, espalda, rodillas y algunos rozones superficiales que no pusieron en riesgo la vida, permitiendo que la mayoría se encuentre actualmente en condición estable o buena. Además, un hombre adicional resultó con heridas menores cuya naturaleza no fue especificada y optó por rechazar la atención médica en el lugar del hecho.
La respuesta policial fue inmediata luego de recibir una llamada de emergencia alertando sobre una persona herida de bala. Al llegar al sitio, los agentes encontraron a una mujer con dos heridas de bala en la espalda y a un hombre con cuatro heridas superficiales en esa misma zona del cuerpo. Ambos fueron estabilizados y derivados a centros de salud. Durante las primeras horas de la investigación, los detectives de la Policía de Chicago desplegaron más de 100 marcadores de evidencia balística en la escena, reflejando la magnitud del ataque y la cantidad de disparos efectuados. La recolección de pruebas materiales y testimonios se extendió durante la madrugada, en un esfuerzo por reconstruir la secuencia exacta de los hechos y avanzar en la identificación de los autores.
El impacto social del tiroteo fue inmediato. El pastor Donovan Price, conocido defensor local de víctimas de delitos con armas de fuego, expresó su indignación en declaraciones a CBS News, lamentando que un evento que debía ser motivo de alegría se haya visto empañado por la violencia. “Debería ser motivo de celebración. Los fuegos artificiales no deberían convertirse en disparos”, sostuvo Price, en una frase que resume el sentimiento de frustración compartido por muchos residentes de la zona. El mismo viernes por la mañana, el expresidente Barack Obama y la ex primera dama Michelle Obama habían dado la bienvenida a los primeros visitantes de su centro presidencial en el South Side, buscando promover un mensaje de esperanza y reconstrucción en uno de los barrios históricamente golpeados por la inseguridad.
Este ataque se inscribe en un contexto de violencia persistente que afecta a la ciudad de Chicago, especialmente durante fechas señaladas en el calendario estadounidense. La policía reportó que al menos 21 personas resultaron heridas de bala desde la noche del viernes, con un saldo de cuatro fallecidos en distintos episodios. Los tiroteos múltiples durante fines de semana festivos no son un fenómeno aislado y generan preocupación tanto en las autoridades como en la sociedad civil, que exige soluciones efectivas frente a la proliferación de armas y la escalada de conflictos armados en la vía pública.
