Antonello Dellanote, el guardián fotográfico de los parques de Madrid

Antonello Dellanote, el guardián fotográfico de los parques de Madrid
Antonello Dellanote, el guardián fotográfico de los parques de Madrid

MADRID.- Se despertó tarde, todavía con el cuerpo anclado en una especie de duermevela. Desde la cama miró hacia la ventana y algo no encajaba del todo. Estaba nevando -algo ya excepcional en esta ciudad-, pero lo sorprendió algo más: “Era una luz de una calidad especial”, escribió un tiempo después acerca de aquella epifanía doméstica.

Ese fue un eslabón importante de una cadena de percepciones que terminarían cambiándole la vida. Mientras toda la ciudad empezaba a cubrirse de blanco con una intensidad poco habitual, Antonello Dellanotte salió decidido hacia el Parque del Retiro, bien abrigado y con su cámara fotográfica, para encontrarse con una escena distinta y vivir una experiencia que sería definitoria para él. “Una nevada que cambió mi vida”, en sus propias palabras.

El enorme parque madrileño estaba transformado: por la nieve y por el silencio. Los sonidos habituales habían desaparecido y los árboles, teñidos completamente de blanco, generaban una sensación de fantasía. “Aquella belleza serena me elevó a un grado de comprensión que nunca había experimentado”, escribió Dellanotte en su blog, un archivo prolífico y detallado de su trabajo.

No fue una emoción pasajera. Dellanotte, piensa ahora, 17 años después de aquella experiencia, que ese momento fue también una interrupción del ruido interior, una suspensión del pensamiento: “Un momento de no-mente y presencia total”, apunta, tomando prestado el concepto esencial del satori, la iluminación súbita de la tradición zen. Durante unas horas, mientras paseaba por ese parque helado, habrá tenido la sensación de ver sin filtros.

El Parque del Retiro cubierto de nieve, fotografías de Antonello DellanotteDellanotte nació en Madrid en 1968; es hijo de un periodista del diario ABC, quien fue una figura clave en su vida

Antonello Dellanotte (Madrid, 1968) no llegó hasta hoy por un camino en línea recta. Su historia es más bien la de una deriva; una acumulación de decisiones provisionales, de desplazamientos, de pérdidas que, retrospectivamente, parecen conducirlo a aquel instante decisivo.

Creció primero en un par de barrios populares de Madrid, y cuando tenía 10 años su familia decidió mudarse a Las Rozas, que hoy es una zona de urbanizaciones para gente con mucho dinero, pero antes era “el campo”. Aquella infancia que atravesó en espacios abiertos y con una relación más directa con todo el entorno natural, lo marcó.

Su padre, periodista del diario ABC, fue para él una figura central. “En mi familia hay un gen creativo”, dice. “Mi padre era un escritor y poeta, una persona con una gran sensibilidad, un gran corazón”, agrega. La música y la fotografía aparecieron pronto como intereses para él, aunque durante mucho tiempo sin un destino claro en su vida.

El joven Antonello quería ser baterista. Llegó a plantearlo en su casa y obtuvo un sí condicionado: podía, pero también debía estudiar una carrera. Eligió Derecho, sin demasiada convicción. Ese desajuste entre vocación y trayectoria práctica lo acompañó durante mucho tiempo.

Después trabajó varios años en el campo de la comunicación y la publicidad, y ya en 2017 fundó su propia agencia, The Golden Ratio Arte y Comunicación, un nombre que devela su interés por la proporción, la estética y la idea de armonía. “La famosa proporción áurea, la belleza explicada por la matemática… Esas cosas me gustan mucho”, confirma.

Pero algo no terminaba de encajar. Hasta que llegó un golpe muy fuerte, la muerte de su madre, en el año 2000. Un impacto que no pudo procesar de inmediato. “Me resguardé del dolor dedicándome de lleno a la música y también a la noche”, rememora. Otro cachetazo importante llegó en 2008, cuando la brutal crisis económica de ese año hizo temblar los cimientos del sector publicitario. “Le dio de lleno a ese sector. Fue muy fuerte”, resume.

Madrid bajo la nieve, en la mirada del fotógrafo Antonello DellanotteLa nevada de 2009 en la capital madrileña fue decisiva en la vida profesional de DellanotteLos caminos del Parque del Retiro, pura magia en tonos ocre, rojizos y verdesEl Paisaje de la Luz y una postal nocturna captada por Dellanotte, que convirtió a esa zona madrileña en Patrimonio Mundial por la Unesco

Entre esos dos hechos infaustos se abrió un espacio de incertidumbre. Y en ese espacio empezó a filtrarse otra cosa. “Cuando las crisis golpean, se abren ventanas”, escribiría después Antonello en su blog, ya con más perspectiva. La frase describe un proceso real de desplazamiento. La fotografía apareció al principio como una curiosidad. “Buscando en Google datos sobre obras del Parque del Retiro”, cuenta. Fue una aproximación progresiva, casi lateral. Pero la nevada de 2009 lo reorganizó todo. Aquel día hizo su primer gran reportaje fotográfico en el Parque del Retiro. Y sobre todo tomó una decisión que definiría su trayectoria: “La de darle una oportunidad seria a esto de compartir la belleza con los demás”, argumenta.

Hoy, Dellanotte no se concibe únicamente como fotógrafo. Se define también como “un intérprete del patrimonio”. Y tiene sus reglas, claro: “La fotografía patrimonial exige entender lo que se fotografía. Esto es, saber quién hizo una obra, en qué contexto, qué significa…”. Dicho de otro modo, leer el espacio como un sistema de capas que deben interpretarse entrelazadas. Esa voluntad de comprensión es lo que diferencia su trabajo de una mera acumulación de imágenes. Cada fotografía es, en cierto modo, el resultado de una investigación previa.

“Un museo al aire libre”

Cuando recorre el Parque del Retiro, Antonello lo hace con la familiaridad de quien conoce cada rincón y, al mismo tiempo, con la atención del que sabe que siempre hay algo nuevo. Lo cataloga como “un museo al aire libre” y habla con el mismo entusiasmo del patrimonio artístico tanto como del ambiental que ostenta el parque. En el Retiro hay obras de artistas como Victorio Macho, Lorenzo Coullaut Valera, Miguel Blay o Mariano Benlliure, trabajos del gran jardinero Cecilio Rodríguez y del arquitecto Isidro González Velázquez.

También es para destacar un vasto inventario, que registra aproximadamente 19.000 árboles de más de 160 especies distintas, incluyendo variedades muy singulares, repartidas en sus 125 hectáreas. Las fotografías de Dellanotte funcionan como riguroso registro de todo ese patrimonio.

El doble registro (obras y monumentos/naturaleza) es el resultado de una forma muy concreta de entender el espacio urbano. En su blog, Dellanotte insiste una y otra vez en que el Retiro no debe leerse como “un parque ornamental”, sino como un sistema complejo donde conviven historia, biodiversidad e infraestructuras invisibles. En uno de sus textos, por ejemplo, describe el parque como “un organismo vivo en el que cada elemento, desde una escultura hasta un insecto, cumple una función dentro de un equilibrio mayor”.

Aves de los parques madrileñosLa clave de la fotografía, para Dellanotte, es observar lo que normalmente pasa inadvertidoParques y aves de MadridLa célebre Luna, una cisne negro que vive desde hace casi 20 años en el Retiro

Y ese enfoque se traduce en una práctica muy específica: observar lo que normalmente pasa inadvertido. En sus recorridos, Antonello Dellanotte no solo identifica monumentos o ejes históricos, sino también ciclos naturales. Se detiene en la floración de determinadas especies, en los cambios de luz según la estación o en la presencia cada vez más escasa de ciertas aves. “El patrimonio natural no es un decorado -opina-. Es una capa esencial del significado del lugar”.

Conoce al dedillo a Luna, una cisne negro que vive desde hace casi 20 años en el Retiro, es considerada popularmente como un ícono del parque y empezó en 2022 un “noviazgo” que fue noticia en España.

Uno de los ejemplos más claros de esta concepción aparece en sus textos dedicados a la biodiversidad urbana, cuando detalla cómo especies aparentemente comunes (como el gorrión) cumplen funciones ecológicas claves. Se trata de una cuestión ambiental y cultural, una vez más. “El gorrión ha evolucionado junto con el ser humano -informa-. Su presencia forma parte de nuestra memoria colectiva, aunque ya casi no reparemos en ella”. En ese sentido, su trabajo no solo documenta, sino que también alerta: lo que desaparece del paisaje cotidiano tiende a desaparecer también de la conciencia.

En otros artículos del blog, Dellanotte aborda elementos menos evidentes del parque, como las infraestructuras hidráulicas o los sistemas de riego históricos. Le interesa especialmente esa dimensión oculta del patrimonio: lo que no se ve pero sostiene lo visible. “Entender un lugar implica comprender también lo que no está a la vista”, afirma. La idea conecta directamente con su forma de fotografiar: en lugar de buscar lo espectacular, se interesa mucho más por lo que revela una estructura.

Hay también una insistencia en la noción de capas. El Retiro, según su lectura, no es un espacio homogéneo, sino una superposición de tiempos: el jardín histórico, la intervención ilustrada, la modernización urbana, la gestión contemporánea del ecosistema. “Cada fotografía es también una forma de leer esas capas y de establecer relaciones entre ellas”, remarca.

Entre la fotografía y la investigación

Esa forma de interpretar el espacio clarifica por qué su trabajo se puede situar en un punto intermedio entre la fotografía, la divulgación y la investigación. No se limita a mostrar ni tampoco a explicar en términos académicos. En verdad, busca activar una percepción distinta: “Interpretar es traducir, pero también es emocionar”.

Los textos del blog operan como una extensión natural de sus imágenes. En ellos aparece con claridad una idea que atraviesa toda su obra: la necesidad de reconectar con lo cercano (“La belleza no está en lo extraordinario, sino en la capacidad de percibir lo que tenemos delante todos los días”). Es decir, de afinar la atención. Hacer foco ya es una forma de intervención.

Hay que decir también que la constancia ha sido determinante en su caso: Dellanotte publica algo en redes sociales casi todos los días. Escribe, explica, contextualiza. Esa práctica sostenida en el tiempo le permitió construir una comunidad digital que hoy supera los 140.000 seguidores entre todos los canales reunidos en la plataforma Retiro Experience. Una cifra notable alcanzada con un estilo muy particular. “Mi trabajo no es remunerado, pero lo hago sin pena porque me da libertad e independencia”, aclara.

Todas las estaciones; el verano también pasa por la lente de DellanotteLa fotografía, para Antonello Dellanotte, es una forma de consciencia

Confiesa que ha rechazado más de una vez colaboraciones comerciales, que ha evitado deliberadamente convertirse en influencer en el sentido convencional. Sí ha dado cursos de fotografía, realiza usualmente trabajos para el Ayuntamiento -que ahora justamente le ha encargado un relevamiento fotográfico de los parques más importantes de Madrid- y ha sido uno de los gestores principales de Madrid Resiliente, una exposición fotográfica impulsada por la Escuela de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de la Universidad Politécnica de Madrid y comisariada por Irene Calvo que aborda el papel de las infraestructuras de la ciudad en situaciones de crisis y está ahora en plena vigencia. “Busco fama en un sentido ‘mitológico’ del término -asegura-. Pensándola como el resultado de una acumulación de méritos, no de golpes de marketing”.

Su concepción de la fotografía, además, está profundamente ligada al tiempo. “Una fotografía no es una fotografía si no ha captado un hecho de la historia”, sostiene. Es una convicción que lo sitúa en un lugar claro frente a la proliferación actual de imágenes generadas por inteligencia artificial: “Una IA puede hacer imágenes perfectas, pero que no han capturado una línea de tiempo”.

Para explicarlo con mayor énfasis, recurre a Henri Cartier-Bresson y su célebre “momento decisivo” (el instante preciso en el que todos los elementos de una escena -forma, luz, movimiento, significado- se alinean de manera perfecta y fugaz. No hace falta una escena espectacular, cree Dellanotte: “Puede ser una abeja suspendida en el aire. Puede ser una sombra. Puede ser un gesto mínimo”. Lo importante es haber estado ahí.

Esa idea conecta con su propia experiencia en aquella nevada inolvidable, claro. No fue solo lo que vio, sino el hecho de haber estado presente en ese instante irrepetible. La fotografía, en su caso, es también una forma de conciencia. “Es una actividad solitaria, y la soledad implica una relación distinta con el tiempo -elucubra-. Esperar una hora para captar una escena no es para mí una pérdida de tiempo ni mucho menos. La ficción del tiempo se desactiva cuando estás inmerso en un acto creativo”.

La fotografía, entonces, como herramienta para apagar el ruido mental, para fomentar la emergencia de una percepción más limpia. “Ese silencio apaciguó mis otros ecos”, ha escrito Antonello en su blog para referirse a la sensación de paz que le transmitió un parque enorme y vacío. Su trabajo parece concentrarse en el objetivo de volver recurrentemente a ese estado, un propósito firme que incluso lo ha determinado a tomar decisiones infrecuentes para alguien que ejerce su profesión, como la de no viajar. “Hay fotógrafos que quieren llenar discos duros con auroras boreales o animales exóticos. Pero mi caso es especial. A mí me fascina estar registrando un mismo sitio todo el tiempo”, justifica. Habla de “una decisión poética”, de un trabajo que releva con dedicación y belleza la transformación constante de lo aparentemente fijo: “En el Retiro se descubren cosas nuevas todo el tiempo”.

La trayectoria de Dellanotte incluye unos cuantos hitos relevantes. Participó en la documentación del Paisaje de la Luz para la UNESCO, fotografió más de 1300 monumentos de Madrid, registró el parque vacío durante el confinamiento por la pandemia del Covid-19 y volvió a hacerlo tras Filomena, una borrasca que en 2021 transformó ciudades enteras, paralizó infraestructuras y dejó una estampa inédita en gran parte de la geografía española. Dos ecos resonantes de aquella primera nevada tan importante para él.

La pasión por Madrid ha llevado a Dellanotte a tomar decisiones infrecuentes para alguien que ejerce su profesión, como la de no viajar

En los últimos años su labor ha incorporado con fuerza una dimensión ambiental. En 2020 fundó gorriones.org, una plataforma dedicada a visibilizar el declive del gorrión común en España. Su relación con estas aves también tiene una historia. De niño, en casa de sus abuelos, los gorriones eran considerados una plaga. Se los exterminaba, e incluso mucha gente los comía fritos en aceite. Dellanotte también asevera que la matanza de gorriones que ordenó Mao Tse-Tung entre 1958 y 1962, por considerarlos una plaga destructiva, terminó en un desastre ecológico que fue factor decisivo en la gran hambruna que sufrió el pueblo chino en esa época.

El trabajo de Antonello, se nota, no consiste solo en mostrar. Su meta es transformar la percepción. “Mi misión es crear conexiones emocionales entre la sociedad y el patrimonio, tanto el ecológico como el cultural. Conocer esos patrimonios te conduce a valorarlos y a protegerlos”. Una guía indispensable para él son los principios de interpretación del patrimonio ideados por Freeman Tilden, un escritor y periodista norteamericano fallecido en 1980 que sentó con esos axiomas las bases de ese necesario espíritu de salvaguarda.

Volver a la mañana del 9 de enero de 2009 permite entender todo lo demás. La luz tan distinta. El silencio, la ciudad detenida. Pero, sobre todo, lo que Antonello Dellanotte experimentó en su interior: una suspensión del pensamiento, una percepción más nítida, una decisión. Aquella experiencia no fue un episodio aislado. Fue el origen de un modo de vida. Desde entonces, este hombre hace lo mismo, una y otra vez: caminar por el Retiro, observar, esperar, estar presente. En el fondo, todo su trabajo se sostiene en esa idea simple y radical: mirar es una forma privilegiada de sumar conocimiento.