Alessandra Izaguirre tiene 18 años y lleva dos semanas preparando comida para voluntarios en Doral, Florida. La casa de su abuela en Caracas sobrevivió por poco a los terremotos del 24 de junio de 2026, y eso fue suficiente para que cruzara la puerta del almacén de Global Empowerment Mission y no se fuera.
“Ver a mi abuela y a toda esa gente afectada me hizo sentir que tenía que hacer algo, aunque fuera desde Estados Unidos”, dijo Izaguirre a AP. Su historia es la de miles.
Desde el día del desastre, una cadena de voluntarios, donantes y organizaciones se movilizó desde Florida hacia Venezuela con una velocidad y una escala que, según quienes la vivieron, no tiene precedentes.
Un almacén en Doral convertido en centro de operaciones
Doral no fue elegida al azar. Aproximadamente la mitad de su población es de origen venezolano, y eso convirtió a esta ciudad del área de Miami en el epicentro natural de la respuesta.
Cada día, cientos de voluntarios llegan a los tres almacenes de GEM para clasificar suministros, armar paquetes individuales y prepararlos para los vuelos diarios a Caracas. Hasta ahora, casi un millón de libras —unas 454.000 toneladas— de insumos partieron desde allí hacia los almacenes que la organización arrendó recientemente en la capital venezolana.
Michael Capponi, fundador y presidente de GEM, no es nuevo en esto. Durante años intentó llevar ayuda humanitaria a Venezuela y se encontró con puertas cerradas. Ahora la dinámica es otra.
“Aterrizamos un avión privado, lo descargan soldados estadounidenses, va en un camión que nosotros pagamos y a un almacén que controlamos por completo. No pasa por las manos del gobierno venezolano”, precisó Capponi a AP.
Lo que dejaron los terremotos
Los dos sismos golpearon con 39 segundos de diferencia. Según cifras de las autoridades venezolanas reportadas por AP:
- Magnitudes de 7.2 y 7.5, el 24 de junio de 2026.
- Al menos 4.500 muertos, con miles de desaparecidos.
- 190 edificios destruidos y más de 850 dañados.
- 17.000 personas desplazadas.
- Infraestructura de agua potable, electricidad y saneamiento severamente afectada.
La destrucción fue tan extensa que algunos donantes dudaron al principio de que la ayuda pudiera llegar sin ser robada o desviada. Cuando GEM completó su primera distribución exitosa, esas dudas cedieron y el movimiento creció más de lo que Capponi había visto en décadas de trabajo humanitario.
La ayuda llega de todas partes
El esfuerzo desbordó las fronteras de Florida. Dos hermanos manejaron un camión U-Haul desde Canadá. Un grupo llegó desde México. Camiones con suministros rodaron desde Nevada, Texas y California.
Empresas como Goya, Walmart y Amazon aportaron insumos; equipos deportivos profesionales donaron fondos. Pero Capponi insiste en que el grueso de la ayuda sigue siendo obra de personas comunes.
“Van al Walmart con su tarjeta de crédito, compran 15 latas de comida y las traen en una bolsa de supermercado”, dijo. “No suena a mucho, pero cuando son 2.000 personas… es una cantidad enorme de ayuda.”
Las filas para entregar donaciones en GEM llegaron a ser tan largas que la policía tuvo que controlar el tráfico. Billy Richardson, director de logística en Estados Unidos, contó a AP que muchos voluntarios tomaron vacaciones del trabajo para cumplir turnos en los almacenes. “Casi tenemos que echarlos al final del día”, dijo.
Mariela Vila, puertorriqueña de 25 años, llegó porque recuerda lo que sintió cuando el huracán María azotó su isla en 2017. “La comunidad latina se unió para ayudar a Puerto Rico, y eso me hizo sentir muy bien”, indicó a la agencia de noticias. “Así que sentí la necesidad de ayudar a Venezuela”, sostuvo.
El papel de Estados Unidos y las preguntas sin respuesta
Es el Departamento de Estado el que facilita los envíos con el gobierno venezolano y hace posible que GEM opere en el país. El sábado anterior, Marines estadounidenses desembarcaron en una playa venezolana con una embarcación anfibia y entregaron paquetes de GEM a 2.000 personas en fila.
Un portavoz del Departamento de Estado indicó a AP que la alianza con GEM aprovecha “la diáspora venezolano-americana y los socios privados que quieren donar”. El gobierno de Estados Unidos aportó más de USD 386 millones en respuesta al terremoto, al margen de los ingresos petroleros venezolanos que Washington controla.
Esos fondos petroleros son, precisamente, el punto de tensión. Laura Cristina Dib, directora del programa Venezuela en el Washington Office on Latin America, planteó la pregunta que muchos se hacen: “Hay muchas preguntas de transparencia que persisten sobre el uso de ese fondo, en un momento en que los venezolanos realmente necesitan que ese dinero se use para su protección”.
John M. Barrett, encargado de negocios de EE.UU. para Venezuela, respondió la semana pasada que el gobierno interino ha sido “completamente cumplidor en cuanto a nuestras solicitudes para avanzar en esta masiva respuesta humanitaria” y que los ingresos del petróleo venezolano, bajo control del Departamento del Tesoro, están disponibles para los esfuerzos de recuperación.
Los paquetes que viajan 1.300 millas
En Maiquetía, ciudad costera de Venezuela, Yoniel Reyes abrió la semana pasada un paquete sellado en Doral. Adentro encontró comidas instantáneas, botellas de agua, conservas, polvo de hidratación y un kit de higiene.
“Nunca imaginé que recibiría ayuda de Estados Unidos”, comentó Reyes a AP desde su carpa. “Los venezolanos estamos agradecidos, muy agradecidos.”
A 2.100 kilómetros de distancia, en un almacén de Doral, Alessandra Izaguirre seguía preparando el próximo envío.
