Cada semana el mar deposita cocaína en los Cayos de Florida: un mecánico fue a prisión por venderla y un capitán de pesca enfrenta cadena perpetua

Cada semana el mar deposita cocaína en los Cayos de Florida: un mecánico fue a prisión por venderla y un capitán de pesca enfrenta cadena perpetua
Cada semana el mar deposita cocaína en los Cayos de Florida: un mecánico fue a prisión por venderla y un capitán de pesca enfrenta cadena perpetua

Los Cayos de Florida viven un repunte del narcotráfico costero que las autoridades federales ya no tratan como un problema menor.

La cocaína llega al archipiélago por mar con una regularidad que sorprende incluso a quienes llevan décadas en la zona, y la cadena de arrestos, condenas y muertes vinculadas a esos hallazgos revela que el fenómeno tiene consecuencias graves para quienes deciden aprovecharlo.

Rick Ramsay, el sheriff del condado de Monroe, confirmó al diario The New York Times que los paquetes aparecen casi todas las semanas. Los fardos suelen estar marcados con números o símbolos que identifican a sus destinatarios: en las últimas semanas surgieron de forma reiterada ladrillos estampados con el número “333”.

El viernes 3 de octubre, alguien que recorría un parque estatal encontró un paquete con la imagen del gato de la serie animada Tom y Jerry.

Ramsay, la autoridad policial del archipiélago tiene una certeza: mientras haya rutas marítimas activas, seguirán apareciendo paquetes (@Sheriff Rick Ramsay)

Un corredor histórico del narcotráfico

El archipiélago ofrece condiciones ideales para el desembarco de estupefacientes: cientos de kilómetros de costa cubiertos de manglares e islotes que sirven de refugio ante las autoridades.

Los métodos del narcotráfico también cambiaron con el tiempo. Si en los años ochenta los contrabandistas utilizaban lanchas rápidas al estilo de Miami Vice que superaban en velocidad a la policía, hoy prefieren veleros o cargueros de apariencia inofensiva, según explicó Ramsay al medio neoyorquino.

La historia tiene raíces profundas. Durante los años setenta, el auge del tráfico de marihuana convirtió a los Cayos en una zona de operaciones para capitanes y tripulantes de embarcaciones comerciales.

Para algunos adolescentes de la región, perseguir fardos arrojados al mar se convirtió en algo parecido a un deporte. Décadas después, las apuestas son mucho más altas.

De las lanchas rápidas de los ochenta a los veleros discretos de hoy, el narcotráfico en la zona mutó sin desaparecer (Monroe County Sheriff's Office)

El costo de quedarse con la droga

Uno de los casos más recientes involucra a John Strama, constructor y mecánico de embarcaciones de los Cayos, condenado a 10 años de prisión por liderar una red dedicada a distribuir cocaína encontrada en el mar.

Los fiscales federales aseguraron que Strama, de 44 años, utilizaba su conocimiento de las mareas, las corrientes y los canales locales para localizar los ladrillos que caían al agua desde otras embarcaciones o que los traficantes arrojaban para evitar ser atrapados.

Sam Rabin, uno de sus abogados defensores, detalló en un escrito de sentencia el entorno familiar de su cliente: “Su padre lo enviaba solo al mar a buscar fardos flotantes de marihuana”, escribió Rabin. El juez no consideró ese antecedente como atenuante.

El mecánico de 44 años conocía cada corriente y cada canal del archipiélago, y eso lo convirtió primero en un operador eficaz y después en un condenado (Nick Evans/JS Racing)

El caso más reciente

Bradford Picariello, propietario de Outlaw Fishing Charters en Maratón, Florida, se declaró inocente ante un tribunal federal.

La acusación sostiene que vendió cocaína a un investigador encubierto. Picariello, de 66 años, enfrenta entre 10 años y cadena perpetua si es declarado culpable.

Una fuente confidencial alertó a las autoridades de que Picariello tenía en su poder más de 20 kilogramos de cocaína, según consta en el reporte policial.

La fuente intermedió en una operación encubierta, y Picariello le indicó que “llevara una hielera para aparentar que estaba recibiendo pescado”.

El capitán de 66 años pasó de ser una figura respetada en el puerto a enfrentar cargos que pueden derivar en prisión de por vida (Monroe County Sheriff's Office)

En enero, vendió un kilo a un agente encubierto en una marina por USD 100.000 y fue detenido de inmediato. Luego condujo a los agentes hasta casi 20 kilos más almacenados en un contenedor.

Joseph Rosenbaum, abogado defensor de Picariello, afirmó que su cliente contestará los cargos.

“Todos los viejos pescadores con quienes hablo me dicen que tiene una reputación intachable. Están todos en shock”, declaró a The New York Times. Picariello permanece detenido en Miami.

Las cantidades decomisadas en los últimos meses superan lo que las autoridades locales habían visto en años (Monroe County Sheriff's Office)

Entre el folclore y la tragedia

El fenómeno tiene también su historial de víctimas. En 2011, un hombre de los Cayos murió de sobredosis tras consumir cocaína de un ladrillo hallado mientras pescaba con su hermano. Cuatro años más tarde, las autoridades encontraron a una joven pareja asesinada en su casa.

La causa fue una disputa derivada de la venta de cocaína encontrada en el mar por la tripulación de un barco charter. Un marinero cumple actualmente cadena perpetua por esos crímenes.

El apodo square grouper —término local para los fardos de droga que el mar arrastra hasta la costa— hace décadas que forma parte del tejido cultural de los Cayos.

En Cayo Hueso, los residentes participaron en desfiles con carrozas temáticas alusivas. Uno de los locales más populares del archipiélago se llama, precisamente, Square Grouper Bar and Grill.

Detrás del apodo pintoresco y los desfiles temáticos hay muertos, condenas y familias destruidas por la misma droga que el mar depositó en sus manos (Monroe County Sheriff's Office)

Cuando la honestidad también tiene su precio

Danielle Nutten, capitana de una embarcación, encontró un ladrillo flotando entre basura después de una jornada de pesca en las aguas cercanas a Big Pine Key, a unos 48 kilómetros (30 millas) al noreste de Cayo Hueso. Ella y sus amigos acababan de capturar 48 langostas cuando hallaron el paquete.

“Una chica estaba aterrorizada de que los narcotraficantes la fueran a matar”, relató Nutten al The New York Times.

Encontrar droga en el mar y entregarla no es tan sencillo como parece: implica decisiones rápidas, riesgos legales y, a veces, ningún agente disponible para recibirla (@Danielle Nutten)

La capitana metió el ladrillo —impreso con un sol en llamas, manos en oración y las palabras “Con Dios”— en la consola central de su camioneta y recorrió la zona en busca de las autoridades. Al no encontrar ningún agente, dejó el paquete sobre el capó de una ambulancia de rescate.

Nutten reconoció que llevar la droga en su vehículo podría haberle costado caro de haber sido detenida.

Esa noche, ella y sus amigos conmemoraron el hallazgo con una cena en un restaurante de las islas vecinas. El local era Square Grouper Bar and Grill.