La primera certificación de cacao “amigable con las aves” en Panamá marca un hito en la conservación ambiental y posiciona al país dentro de una tendencia global que busca producir alimentos sin sacrificar la biodiversidad, según destaca un artículo publicado por el Smithsonian Tropical Research Institute.
Este reconocimiento, otorgado en 2025 a una finca en Coclé, no solo valida prácticas agrícolas sostenibles, sino que también evidencia cómo la producción de cacao puede convertirse en una herramienta de protección ecológica en regiones clave para especies migratorias.
El concepto detrás de esta certificación parte de una idea sencilla pero poderosa: así como los humanos necesitan detenerse a descansar durante un viaje, las aves migratorias requieren espacios seguros para alimentarse y recuperar energía durante sus largas travesías entre el norte y el sur del continente.
Panamá, por su ubicación geográfica, funciona como un corredor biológico estratégico, donde los fragmentos de bosque actúan como refugios esenciales para estas especies, especialmente durante la temporada de migración que inicia en marzo.
El programa Smithsonian Bird Friendly, que originalmente se enfocaba en el café, amplió su alcance al cacao mediante un modelo que exige condiciones estrictas de sostenibilidad.
Para obtener la certificación, las plantaciones deben mantener una cobertura de sombra mínima, preservar una alta diversidad de especies arbóreas y evitar el uso de químicos sintéticos, lo que garantiza que el entorno agrícola funcione como un ecosistema activo y no como un espacio degradado.
En Panamá, la finca Cacao Cerro La Vieja, ubicada en Chiguirí Arriba, Penonomé, se convirtió en la primera en cumplir con estos estándares bajo un esquema piloto lanzado en 2023.
Su propietario, el biólogo panameño Samuel Valdés, ha impulsado durante más de una década un modelo basado en la agricultura orgánica y la conservación forestal, lo que permitió que su finca fuera reconocida internacionalmente por su aporte a la biodiversidad .
La finca tiene una característica clave: de sus nueve hectáreas, solo tres están destinadas al cultivo de cacao, mientras que las otras seis permanecen como bosque protegido, con especies nativas como higueras, acacias y laureles.
Este equilibrio permite la presencia de una gran diversidad de fauna, incluyendo más de 170 especies de aves, además de mamíferos como ocelotes, venados y coatíes, lo que demuestra que es posible combinar producción agrícola con conservación activa del ecosistema.
El cacao, conocido científicamente como Theobroma cacao, es la base del chocolate y se cultiva principalmente en zonas húmedas como Bocas del Toro, aunque también se produce en regiones como Colón, Darién y Panamá Este.
Su proceso de producción, desde la cosecha hasta la fermentación, es complejo y requiere condiciones específicas de temperatura y humedad para desarrollar los sabores y aromas característicos del grano.
En este modelo sostenible, el manejo del cultivo evita el uso de pesticidas y promueve el control natural de plagas mediante la acción de aves e insectos. Además, se utilizan fertilizantes orgánicos elaborados con hojarasca, microorganismos y técnicas como el bokashi, un método de origen japonés que mejora la calidad del suelo sin recurrir a químicos.
Este enfoque no solo protege el ambiente, sino que también mejora la calidad del producto final.
Otro elemento clave es la integración de la comunidad. En el entorno de Cerro La Vieja se ha desarrollado un modelo de economía sostenible, donde los habitantes participan en actividades como la producción de cacao y la cría de mariposas, generando ingresos sin necesidad de deforestar.
Este enfoque convierte la conservación en una oportunidad económica real, en lugar de una limitación para el desarrollo local.
El mariposario asociado a la finca, donde se crían unas 40 especies nativas, funciona como un centro de conservación y educación ambiental. Las mariposas, además de su valor ecológico, actúan como bioindicadores de la salud del ecosistema, lo que refuerza la importancia de mantener un entorno equilibrado.
La iniciativa también ha permitido capacitar a comunidades cercanas en prácticas sostenibles, ampliando el impacto del proyecto.
El caso de Cacao Cerro La Vieja demuestra que la sostenibilidad no es solo una tendencia, sino una necesidad frente a los desafíos del cambio climático y la pérdida de biodiversidad.
La certificación Bird Friendly abre la puerta a que otros productores panameños adopten este modelo, combinando producción agrícola de calidad con protección ambiental, y posicionando al país como un referente en la integración entre desarrollo y conservación.
En un contexto global donde los consumidores exigen cada vez más productos responsables, iniciativas como esta permiten que Panamá no solo exporte cacao, sino también un modelo de producción sostenible que protege los ecosistemas y garantiza la supervivencia de especies clave.
La experiencia documentada por el Smithsonian confirma que es posible producir sin destruir, siempre que se entienda que la naturaleza no es un recurso infinito, sino un sistema que debe ser cuidado, respetado y aprovechado con equilibrio.
