
En el Día del Maestro, Verónica Ruffener repasó su historia dentro de la docencia, habló del vínculo con los alumnos, la transformación tecnológica de las aulas y el rol de la escuela pública. También expresó preocupación por la disminución de jóvenes que eligen la carrera y las dificultades que enfrentan quienes recién comienzan.
En una jornada atravesada por el Día del Maestro, Verónica Ruffener visitó los estudios de la radio y compartió una extensa reflexión sobre una profesión que forma parte de su vida desde hace décadas.
Docente de inglés y actualmente vicedirectora, Ruffener recordó que se recibió en 1998 y aseguró que la vocación por enseñar apareció mucho antes de iniciar formalmente sus estudios.
“Durante las tardes invitaba a chicos y yo era la maestra. Muchas veces ayudaba a los chicos más chicos del barrio y ponía como una especie de escuelita en el patio”, recordó.
Desde entonces, la educación terminó convirtiéndose en el camino que eligió para su vida profesional.
Una docente que marcó su camino
Ruffener nació en Santa Fe y recordó con especial afecto sus años de escuela primaria. Tras mudarse a Rafaela, las dificultades económicas de su familia condicionaron inicialmente sus posibilidades de estudiar fuera de la ciudad.
En ese recorrido apareció una figura que terminó siendo determinante: su profesora Noemí Baronetti.
“Ella me dijo: ‘Vos tenés pasta, vos podés’”, recordó emocionada.
Aquella docente le mostró de cerca qué significaba enseñar y acompañar a los alumnos. A partir de esa experiencia, Ruffener decidió estudiar el profesorado de inglés.
Completó la carrera en cuatro años y medio y rápidamente comenzó a dar clases, especialmente en el nivel primario.
“Me gustan los chicos más chicos. Por eso digo que me siento tan maestrita”, expresó.
“También un poquito somos mamás en la escuela”
Uno de los ejes de la entrevista estuvo puesto sobre el vínculo que se construye entre docentes y alumnos, especialmente durante los primeros años de escolaridad.
Ruffener destacó la importancia del acompañamiento cotidiano y afirmó que el trabajo del maestro excede ampliamente la transmisión de contenidos.
“Aparte de ser maestras, también un poquito somos mamás en la escuela”, señaló.
Para la docente, conocer a los chicos, entender sus realidades familiares, escucharlos y detectar cuando algo no está bien son partes fundamentales de la tarea.
En ese sentido, puso especial énfasis en las maestras de primer ciclo.
“Las que van a estar con los chicos más chiquititos tienen que ser cariñosas, tienen que acompañar mucho, tienen que estar cuando el chico está aprendiendo las primeras letras”, sostuvo.
Y agregó que una de las mayores satisfacciones de su profesión aparece al observar cómo los alumnos comienzan a leer, aprender y ganar confianza.
De la máquina de escribir a las aulas digitales
Ruffener también repasó los profundos cambios tecnológicos que atravesó la educación desde que comenzó a trabajar.
Cuando se recibió, recordó, las planificaciones se realizaban a máquina y un error podía obligar a rehacer una hoja completa. Internet prácticamente no formaba parte de la actividad cotidiana y acceder a información implicaba pasar horas en bibliotecas.
Con los años, esa realidad cambió por completo.
Actualmente utiliza computadoras, videos y diferentes recursos tecnológicos como herramientas pedagógicas.
Incluso recordó una experiencia innovadora que desarrolló años atrás mediante Skype, cuando alumnos de Rafaela realizaron intercambios con estudiantes de Estados Unidos.
Los chicos argentinos practicaban inglés y los estudiantes norteamericanos, español. Además del idioma, la experiencia permitió que ambos grupos conocieran las diferencias entre los sistemas educativos y las formas de vida de cada país.
Educar también es acompañar a quien vuelve a estudiar
La docente desarrolla además tareas en educación para adultos y destacó especialmente el esfuerzo de quienes regresan a las aulas luego de extensas jornadas laborales.
Ruffener relató que muchos estudiantes llegan por la noche después de trabajar durante horas y encuentran en la escuela la posibilidad de terminar una etapa que había quedado pendiente.
“Uno como docente tiene que remar y decir: ‘No, te falta poquito, son tres meses y ya terminamos el año. Vamos que vos podés, vamos que yo te ayudo’”, expresó.
Para muchos alumnos adultos, explicó, terminar la secundaria no significa solamente acceder a mejores oportunidades laborales. También representa una satisfacción personal y una manera de transmitirles a sus propios hijos el valor de completar una meta.
Preocupación por la falta de nuevos docentes
Más allá de la valoración de la profesión, Ruffener también planteó una preocupación concreta: cada vez menos jóvenes estarían eligiendo estudiar para ser maestros.
“El docente muchas veces se siente solo, siente que no es valorado”, manifestó.
Según explicó, esa percepción se combina con las dificultades laborales y económicas que enfrentan quienes recién ingresan al sistema.
Entre los problemas mencionó el tiempo que puede transcurrir hasta que un reemplazante cobra por primera vez y las dificultades para acceder a cargos titulares.
“Empiezan a buscar otros trabajos. Entonces se hace muy difícil. Hay personas que uno dice: ‘Tienen pasta, serían excelentes’, y los estamos perdiendo”, lamentó.
La situación, sostuvo, también comienza a sentirse en las escuelas al momento de conseguir reemplazantes.
“Va a llegar un momento que no vamos a conseguir más reemplazantes”, advirtió.
La escuela como lugar de pertenencia
A lo largo de su trayectoria, Ruffener pasó por distintas instituciones de Rafaela y la región y recordó especialmente la importancia que tuvo sentirse acompañada por otros docentes.
Entre sus recuerdos mencionó su llegada a una titularización, cuando una colega le dijo inmediatamente: “Bienvenida a la familia”.
Para Ruffener, ese sentimiento de pertenencia resulta fundamental para poder desarrollar la tarea con compromiso.
“Si te sentís bienvenido, das con gusto en la escuela. Si te sentís a gusto con los chicos, das lo mejor de vos”, afirmó.
También defendió especialmente el rol de la escuela pública, espacio en el que desarrolló la mayor parte de su trayectoria profesional y al que también eligió para la educación de sus hijos.
“No podemos estar con las viejas planificaciones”
La entrevista también abordó los cambios curriculares y la necesidad de actualizar la educación frente a un mundo en permanente transformación.
Ruffener valoró la implementación de un nuevo diseño curricular en la provincia y consideró fundamental revisar periódicamente qué herramientas reciben los alumnos.
“El mundo va cambiando, entonces no podemos estar con las viejas planificaciones. Tenemos que aggiornarnos”, expresó.
Entre los cambios mencionó la incorporación progresiva de idiomas desde edades más tempranas.
Para la docente, la escuela debe preparar a los chicos no solamente para responder a las necesidades actuales, sino también para desenvolverse en escenarios futuros.
Celulares y pantallas: “Empecemos a mirarnos a la cara”
Uno de los puntos más contundentes de la conversación surgió al abordar el uso de celulares entre niños.
Ruffener explicó que en las escuelas primarias donde trabaja los alumnos no utilizan teléfonos celulares y defendió la necesidad de generar momentos alejados de las pantallas.
En su institución desarrollan un proyecto denominado “Pantallas en pausa”, orientado a recuperar otras formas de encuentro.
“Empecemos a mirarnos a la cara y a conectar”, planteó.
La docente observó que muchos chicos dominan con facilidad celulares, redes sociales y contenidos digitales, pero al mismo tiempo pueden tener menos experiencias vinculadas al juego, la conversación o actividades al aire libre.
“Tenemos muchos chicos que no saben andar en bicicleta en primaria”, ejemplificó.
Por eso, insistió en que la tecnología puede ser una herramienta educativa, pero no debe reemplazar el vínculo personal.
“Si no educamos a los chicos, ¿qué futuro vamos a tener?”
En el cierre, Ruffener aprovechó la fecha para enviar un mensaje a todas las docentes con las que compartió su trayectoria y también a aquellas con las que trabajará en el futuro.
Deseó que puedan sentirse valoradas y destacó especialmente el acompañamiento entre colegas.
“Siempre vamos a tener apoyo en la docente de al lado. Es importante también hacer amigos docentes”, expresó.
Finalmente, dejó una definición que sintetizó buena parte de la charla:
“Creo en la educación y es el futuro. Si no educamos a los chicos, ¿qué futuro vamos a tener como país o como mundo?”.
Una reflexión nacida desde más de dos décadas de experiencia en las aulas, pero también desde una concepción de la docencia que, para Ruffener, continúa sosteniéndose sobre los mismos pilares: vocación, acompañamiento, escucha y compromiso con cada alumno.
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