Crimen en Coghlan: “Acá hay un hdp que asesinó al compañero de colegio de su hijo”, dijo un testigo que puede ser clave

Crimen en Coghlan: “Acá hay un hdp que asesinó al compañero de colegio de su hijo”, dijo un testigo que puede ser clave
Crimen en Coghlan: “Acá hay un hdp que asesinó al compañero de colegio de su hijo”, dijo un testigo que puede ser clave

La audiencia se hizo por videoconferencia. El testigo, que pidió que su identidad se mantenga bajo reserva para “evitar problemas”, había llamado a la fiscalía porque dijo que “tenía información para aportar de relevancia” para la causa en la que se investiga el caso de los “huesos enterrados en Coghlan”. Se refería a los restos óseos de Diego Fernández Lima, el adolescente de 16 años que fue visto por última vez el 26 de julio de 1984 y que, 41 años después, se descubrió que había sido asesinado y enterrado en el fondo de la casa de un excompañero de la escuela secundaria. Entonces se le tomó declaración bajo juramento de decir la verdad.

En ese testimonio de carácter reservado habló de una conversación de hace nueve años en la que un hombre ya mayor, hablando de “crímenes sin resolver”, les contó a él y a un amigo del caso de “un HDP que asesinó al compañero de colegio de su hijo”.

Lo significativo es que, sin dar nombres, en esa tertulia desarrollada una noche de agosto de 2017 aquel hombre habló de un asesinato a traición, premeditado, cometido a cuchilladas hacía 33 años (en 1984), de una “trampa” a la que el chico fue atraído con “una minita” como anzuelo, de un ataque artero y mortal en un baño y del entierro en el fondo del jardín en una casa situada “en una avenida relevante” de la Capital.

Incluso habló de un eventual móvil: que aquel padre había resuelto matar así al adolescente que maltrataba a su hijo en la escuela haciéndole cosas asquerosas.

No solo eso: también relató un hecho posterior que involucró al padre de la víctima y al episodio en el que perdió la vida en un supuesto “accidente” en bicicleta que, en realidad, se habría tratado de un atentado.

Muchos puntos en común con lo que se ha ido descubriendo del trágico destino de Fernández Lima y de las sospechas que, 41 años después, se arremolinaron sobre Norberto Cristian Graf, aquel compañero de la víctima que, en 1984 -igual que hoy- vivía en esa misma casa en la que el 20 de mayo del año pasado, y de forma fortuita, fueron encontrados los restos que terminaron de revelar el conmocionante crimen.

“Esto lo cuento recién ahora por lo que voy a explicar, yo me enteré de lo que pasó como una simple historia, pero ahora lo relaciono con este caso. Fue algo que contó en 2017 Adalberto C. (tengo entendido que falleció creo que en 2022 o 2023) que era el tío de un conocido mío, Ángel S.”, dijo a poco de comenzar la declaración ante los colaboradores del fiscal Martín López Perrando, a cargo de la investigación.

El testigo de identidad reservada y su amigo habían viajado desde el norte del país a Buenos Aires para visitar una exposición sobre el rubro ferretero que se hizo en Costa Salguero. Pasaron unos días en la casa de Adalberto C., el tío de Ángel.

Cerati, un jardín en Coghlan y un asesinato que estuvo oculto cuatro décadas

El testigo dijo que la casa de Adalberto C. quedaba en la ciudad de Buenos Aires, sobre la calle Haedo al 1800, casi en el cruce con Chacabuco. Pero la dirección que mencionó el testigo sería en Florida, en Vicente López, y no en Capital Federal. Además, un Adalberto C. nacido en 1940 y fallecido en 2023 (como mencionó el testigo) tenía domicilio en Florida, según consta en registros oficiales.

Volviendo al relato, según el testigo, una noche comenzaron a hablar de “casos viejos no resueltos”. Fue en ese momento que Adalberto C. dijo: “Yo se de un caso que me contaron” y después agregó: “Acá hay un hdp que asesinó al compañero de colegio de su hijo”.

Bajo juramento de decir la verdad, el testigo comentó: “Era algo de lo que todavía no se sabía absolutamente nada, pero ahora sé de este caso que están investigando porque lo relacioné por lo que pude ver en las noticias. [Adalberto C.] Decía que esta persona lo tenía enterrado en el jardín de su casa hacía muchos años y que le había plantado un árbol y otras plantas encima. Empezó a decir que hacía mucho tiempo, que eran más de 30 años desde que lo tenía enterrado. Ahí nomás sacamos la cuenta por el año que decía y daban 33 años, eso fue porque él dijo que el hijo tendría unos 15 o 16 años y había sido en tal año, por eso calculamos aproximadamente 33 años”.

A continuación, según recordó, llegaron las preguntas: “¿Cómo sabes?, ¿Cómo fue?“. Adalberto C. les respondió: ”Lo atacaron con un cuchillo de cocina, le dieron dos puñaladas. Primero, según contaba, fue a la altura del cuello, entre el cuello y la clavícula, y luego una segunda. Adalberto marcó al costado del esternón, a la altura de los pectorales, pero no me acuerdo de qué lado. Dijo que al chico este, la víctima, lo habían atraído poniéndole ‘una minita’. Que fue ella que lo recibió, que pasaron al sillón y empezaron a apretar, hizo el gesto con sus manos de que se besaban. Esta ‘minita’ invita al chico a pasar al baño, cuando pasa recibe un primer ataque, el que fue en el cuello. Luego lo golpean, dijo que ‘lo cagaron bien a trompadas’. No dio nombres, pero dijo que era el padre, no sé quiénes fueron los cómplices o testigos. La ‘minita’ no sé quién es”.

Entonces, los funcionarios judiciales le preguntaron al testigo por qué hablaba en plural. “No sé, yo solo sé que el padre del chico al que molestaba en el colegio es el que lo apuñaló, pero no se si participó alguien más. Lo dije en plural, pero por lo que contaba Adalberto era solo el padre. Según dijo Adalberto era el padre solo, si los demás (el hijo o la ‘minita’ o alguien más) ayudaron, no lo especificó”.

La casa de la familia Graf (donde está la pileta) está situada en la avenida Congreso 3742

El testigo continuó con su relato. Afirmó que Adalberto les contó que la víctima, con el primer ataque, perdió mucha sangre. “Entiendo que la segunda puñalada fue para rematarlo”, agregó.

Adalberto C., según afirmó el testigo, reveló que el chico fue llevado a un cuartito que había en el fondo y que ahí ‘lo hizo mierda’ y que después lo enterró, que le hizo un cantero grande alrededor y le puso piedras.

El testigo y su amigo le preguntaron a Adalberto el por qué del crimen. “Porque molestaba al hijo, que lo ‘verdugueaba’. Le hacía la vida imposible. La víctima era de hacer actos más que pesados, más que desubicados. Este chico se introducía sus manos o la palma de su mano en sus partes íntimas y luego se limpiaba la mano en la cara, en el rostro del hijo del señor. Dijo como que era una cosa tremenda lo que hacía, dio a entender que el hijo del señor lo padecía, lo tenía cansado y ese habría sido el motivo que desencadenó esto”, fue la respuesta que recibieron los jóvenes.

Adalberto C. nunca dijo si durante el ataque estaba el hijo del “hombre”. Ángel S. le preguntó a su tío cómo sabía la historia. “El muchacho este que te dije, el que ví el otro día”, fue la respuesta. Pero el testigo no sabía a quién se referían.

También Adalberto C., en esa noche de agosto de 2017, hizo referencia al padre de la víctima. “Adalberto dijo que el padre del chico enterrado lo buscó y que cuando se enteró lo que pasó y de quiénes eran los responsables, no especificó exacto qué fue lo que se enteró, pero dio a entender que había llegado a saber lo que le pasó al hijo. Entonces ahí tramaron atentar contra el padre y le cortaron los frenos de la bicicleta. Ahí habló en plural, como que habían sido padre e hijo. Adalberto se puso unos segundos a pensar y habló de ‘chanchullo’ y que lo hicieron pasar por accidente”, según consta en la declaración testimonial a la que tuvo acceso LA NACION.

Juan Benigno Fernández, al que todos llamaban Tito, murió en 1991 en un accidente de tránsito mientras circulaba en bicicleta. Desde que desapareció su hijo no dejó de buscarlo. Siempre pensó que su hijo había sido víctima de una secta. No hay indicios de que haya descubierto la verdad.

“Ahora hay que corroborar la historia contada por el testigo de identidad reservada con otros testimonios”, dijo una fuente del caso.

Por lo pronto, hoy a la mañana, se volverán a hacer excavaciones en el jardín de la familia Graf. La decisión se tomó después de que personal de la Gendarmería Nacional hiciera un análisis del terreno con un georadar y recomendara “explorar una zona determinada a fin de establecer algo que se ve en la imágenes”.