¿Dónde está Juan? Rosario está de fiesta y Monteverde parece buscar a Wally

¿Dónde está Juan? Rosario está de fiesta y Monteverde parece buscar a Wally
¿Dónde está Juan? Rosario está de fiesta y Monteverde parece buscar a Wally

Por Mauro Yasprizza

Rosario está viviendo una de esas semanas que no aparecen seguido en el calendario. Los Juegos Suramericanos llenaron parques, estadios y escenarios deportivos de familias, chicos, atletas y visitantes. Hay gente por todos lados. Hay movimiento. Hay entusiasmo. Hay una ciudad que, por unos días, decidió mirarse al espejo y sonreír.

Y en medio de semejante postal aparece una pregunta inevitable: ¿dónde está Juan Monteverde?

No es una pregunta menor. Monteverde quiere ser protagonista de la Rosario que viene y ya dejó en claro que su horizonte político apunta a 2027. Por eso sorprende que, frente a uno de los acontecimientos deportivos y populares más grandes que recibió la ciudad en años, su presencia en la conversación pública sobre los Juegos haya sido, como mínimo, difícil de encontrar.

Rosario no necesita dirigentes convertidos en mascotas oficiales de cada evento. Tampoco hace falta sacarse una foto con Capi, abrazar un atleta o aparecer corriendo detrás de una medalla para demostrar amor por la ciudad.

Pero tampoco se puede mirar para otro lado cuando el Parque Independencia parece una marea humana.

Familias caminando. Chicos descubriendo deportes que hasta hace dos semanas probablemente ni conocían. Tribunas llenas. Delegaciones extranjeras. Voluntarios. Periodistas. Comerciantes trabajando. Rosarinos recuperando espacios públicos y disfrutándolos sin preguntar quién gobierna ni a quién votó el que está sentado al lado.

Eso también es política. Aunque no haya micrófono, acto partidario ni rosca.

Los Juegos no solucionan los problemas estructurales de Rosario. Sería absurdo afirmarlo. No desaparecieron la pobreza, la inseguridad, los pozos ni las dificultades económicas porque apareció una mascota simpática y comenzaron a repartir medallas.

Pero negar el impacto social de lo que está ocurriendo sería igualmente absurdo.

La ceremonia inaugural reunió a más de 200 mil personas frente al Monumento y la competencia trajo a Santa Fe más de 4.000 deportistas de distintos países de Sudamérica. Durante estas semanas, Rosario dejó de aparecer únicamente vinculada a balaceras, homicidios o narcotráfico y mostró otra cara hacia afuera.

Y eso, después de todo lo que sufrió esta ciudad, tampoco es poca cosa.

Por eso la discusión debería superar la mezquindad partidaria. Se puede discutir cuánto costaron los Juegos, qué inversiones quedarán, cuáles fueron las prioridades y hasta qué infraestructura tendrá utilidad cuando se apague el pebetero. Todo eso corresponde. Para eso está la oposición.

Lo que resulta mucho más extraño es comportarse como si la fiesta estuviera sucediendo en otro planeta.

Rosario tiene una particular costumbre: cuando algo sale mal aparecen especialistas hasta debajo de las baldosas. Cuando algo funciona, algunos empiezan a estudiar astronomía.

Y ahí vuelve la pregunta.

¿Dónde está Juan?

Tal vez estuvo. Tal vez recorrió escenarios. Tal vez siguió competencias. Tal vez simplemente eligió otro perfil. Pero en política también existe algo llamado oportunidad: entender qué está sintiendo una ciudad en determinado momento.

Porque gobernar Rosario no consiste solamente en detectar aquello que está roto. También implica reconocer aquello que funciona, acompañar lo que une y entender cuándo la gente está disfrutando algo que siente propio.

Monteverde ganó centralidad política y en 2025 dijo que en 2027 Rosario iba a cambiar “para siempre”. La frase dejó en claro que el Palacio de los Leones forma parte de su horizonte.

Falta mucho para esa elección y serán los rosarinos quienes evalúen proyectos, gestiones y dirigentes.

Pero 2027 también se construye ahora.

Y quien aspire a sentarse algún día en el despacho principal del Palacio de los Leones tendrá que demostrar que conoce la Rosario de los problemas, por supuesto, pero también la Rosario que festeja. Porque para gobernar una ciudad primero hay que escucharla.

Y estos días Rosario está haciendo bastante ruido.