El cierre de los festejos por el 250 aniversario de Estados Unidos tomará la forma de una carrera de IndyCar en pleno centro de Washington, con el presidente Donald Trump como figura central, un circuito urbano montado entre museos, avenidas federales y edificios históricos, y la expectativa de recibir hasta 300.000 asistentes en dos días.
El evento principal, llamado Freedom 250 Grand Prix, se disputa este domingo sobre un trazado de 2,67 kilómetros (1,66 millas) y 147 vueltas, con paso por la National Mall, la Pennsylvania Avenue, el entorno del Capitolio y sectores próximos a los Archivos Nacionales.
De acuerdo con Reuters, Trump dará la bandera verde luego de una vuelta ceremonial en la limusina presidencial. Debido a que, el mandatario impulsó la realización del evento mediante una orden ejecutiva firmada en enero para acelerar los permisos.
La carrera marca el final de una secuencia de actos deportivos que la Casa Blanca usó este verano para vincular la conmemoración del aniversario nacional con espectáculos masivos. Trump abrió la temporada con una velada de la UFC en el jardín sur de la Casa Blanca, entregó luego el trofeo del Mundial de la FIFA a España y, a comienzos de agosto, participó en los llamados “Patriot Games”, un cruce entre competencia escolar y programa televisivo.
Un circuito armado entre monumentos y avenidas federales
El recorrido comienza sobre la calle 3, frente al Washington Monument, y enlaza tramos de Pennsylvania Avenue, calle 9, Constitution Avenue, calle 7, Independence Avenue y Maryland Avenue. La anchura de Pennsylvania Avenue resultó decisiva para ubicar allí la zona de boxes, donde los autos harán paradas para neumáticos, combustible y reparaciones.
Los pilotos llegarán a velocidades de hasta 297 kilómetros por hora (185 millas por hora) en la recta de Pennsylvania Avenue, según Reuters. Durante las prácticas del sábado, varios corredores alcanzaron sus mayores registros en ese tramo antes de enfrentar una curva cerrada hacia la calle 9, un punto que exigió correcciones y maniobras tras errores de trazada.
La prueba cubrirá 402 kilómetros (250 millas), una cifra elegida para acompañar el símbolo de la conmemoración nacional. También, las 147 vueltas también fueron planteadas como un gesto alusivo al aniversario semiquincentenario, en un montaje urbano que convirtió al corazón monumental de la capital en un circuito cercado con vallas metálicas, bloques de hormigón y zonas de acceso controlado.
El proyecto avanzó con apoyo directo de Trump
La idea original contemplaba un paso por los terrenos del Capitolio de Estados Unidos, pero esa variante requería aprobación legislativa y quedó bloqueada en el Congreso. Reuters detalló que la propuesta tropezó con restricciones sobre publicidad en predios del Capitolio, incompatibles con autos cubiertos de patrocinadores y cartelería comercial junto al trazado.
Frente a ese obstáculo, Trump firmó una orden ejecutiva para instruir al Departamento de Transporte a diseñar una ruta que no necesitara aval parlamentario. El secretario de Transporte, Sean Duffy, defendió la carrera con una frase pronunciada en la Casa Blanca: “Cuando piensas en América 250, también piensas en autos, y cuando piensas en autos, piensas en libertad”.
El respaldo político también aceleró los tiempos de ejecución. CNN indicó que el evento se concretó en menos de un año desde que Bud Denker, presidente de Penske Corporation, presentó la propuesta. El costo superó los USD 35 millones, todos cubiertos por IndyCar.
Seguridad, cierres y malestar entre residentes
La organización del Gran Premio alteró la movilidad del centro de Washington y obligó a desplegar un operativo de gran escala. El aeropuerto Ronald Reagan National interrumpirá sus operaciones durante tres horas al mediodía del domingo para permitir sobrevuelos militares sobre el circuito. Dicha pausa será entre las 10:15 y las 13:15, aunque que el horario podía cambiar.
La policía local cerró arterias importantes por razones de seguridad y por el movimiento de peatones. El dispositivo también incluyó presencia del FBI, la Guardia Nacional, la US Park Police y el Naval Criminal Investigative Service. Es así que, los asistentes deberán pasar por magnetómetros de gran porte antes de ingresar al predio.
La ciudad pidió al gobierno federal que el evento recibiera la categoría de National Special Security Event, reservada para actos de máximo riesgo institucional, como el discurso del Estado de la Unión o funerales de Estado.
Por su parte, la administración Trump rechazó esa solicitud y mantuvo una calificación Special Event Assessment Rating Level 1, el rango más alto por debajo de esa categoría.
El impacto también alcanzó a instituciones culturales. Algunos museos del Smithsonian quedaron dentro del perímetro de la carrera y exigirán entrada del evento para acceder. La National Gallery of Art, situada junto a la zona de boxes, realizó un “extensive vibration study” (estudio exhaustivo sobre las vibraciones), y aplicó medidas de resguardo para proteger tanto a los visitantes como a sus colecciones.
Negocio, patrocinadores y apuesta de exhibición
La prueba cuenta con decenas de patrocinadores corporativos. Reuters citó entre ellos a Boeing, Starlink y Delta Air Lines, esta última como patrocinadora de una carrera de IndyCar por primera vez, según explicó Denker. También has sectores exclusivos junto a la pista con pases de USD 5.000, mientras que la entrada general se mantuvo gratuita.
En las calles, la respuesta osciló entre entusiasmo y fastidio. La cadena CNN recogió testimonios de aficionados llegados desde distintos estados y de residentes que padecieron semanas de obras nocturnas, restricciones y desvíos.
Antes de las tandas del sábado, el equipo de Denker selló con silicona cerca de 50 tapas de alcantarilla para evitar que la succión de los autos las desplazara a alta velocidad, uno de los ajustes técnicos necesarios para que el centro político de Estados Unidos quedara listo para una carrera de IndyCar que promete ser histórica.
