
El presidente Donald Trump firmó la semana pasada “Lulu’s Law”, una ley federal que habilita alertas de emergencia en teléfonos móviles cuando se produzca un ataque de tiburón en una zona cercana.
La medida fue impulsada tras el caso de Lulu Gribbin, la adolescente de Alabama que en 2024 perdió la mano izquierda y parte de la pierna derecha en la costa de Florida sin saber que otra mujer había sido mordida 90 minutos antes a 4,8 kilómetros de distancia.
Según la agencia Associated Press, las mordeduras de tiburón no provocadas son poco frecuentes a escala mundial: se registran entre 60 y 80 casos conocidos por año. Gavin Naylor, director del programa de investigación sobre tiburones del Florida Museum of Natural History, señaló que los episodios con dos o más víctimas en un área próxima son extremadamente raros y que en la base International Shark Attack File solo constan unos pocos casos de múltiples ataques en un mismo día.
La nueva legislación exige que la Comisión Federal de Comunicaciones permita este tipo de mensajes. La norma considera un ataque de tiburón como un hecho que puede activar una alerta de emergencia, aunque su implementación concreta quedará en manos de cada estado.
Eso significa que el sistema no enviará avisos automáticamente en todo Estados Unidos por el solo hecho de existir la ley. El marco federal autoriza el mecanismo, pero serán los estados los que decidan si lo adoptan; Alabama, estado de origen de Gribbin, aprobó uno de estos sistemas el año pasado.
Ley que surge tras una cadena de ataques en Florida
Gribbin tenía 15 años cuando fue atacada el 7 de junio de 2024 en el Panhandle de Florida, donde estaba de viaje con su madre. Ese día fue una de tres personas mordidas por tiburones en la zona.
La adolescente contó que ella y una amiga buscaban dólares de arena cuando escuchó el grito de su mejor amiga: “¡Tiburón!”. “Entonces todos empezamos a nadar para salvar la vida”, recordó.
Explicó que intentó mantener la calma porque sabía que los tiburones se sienten atraídos por los chapoteos desesperados. Como era la persona más próxima al animal, fue la que recibió la mordida.
“El tiburón me arrancó primero la mano, y levanté el brazo fuera del agua, y solo había carne y hueso”, relató. Después, el animal se aferró a su pierna; un hombre lo golpeó hasta apartarlo y varias personas en la playa corrieron a ayudarla, antes de que la trasladaran en helicóptero a un hospital cercano.
Los médicos lograron salvarle la vida, pero tuvieron que amputarle parte de la pierna derecha. Gribbin repasó que, ya internada, tomó la decisión de no rendirse y de atravesar la recuperación con otra actitud, aunque al principio le costó aceptar que “solo tengo dos extremidades normales” y que su vida sería completamente distinta.
Recordó que lloraba y le preguntaba a su madre por qué le estaba ocurriendo eso. También contó que pusieron sobre su mesa de luz un versículo bíblico con la frase: “Con Dios, todo es posible”, y que su madre le dijo que su aspecto no la definía, sino lo que llevaba dentro.
Con prótesis, recuperó rápidamente la capacidad de caminar, volvió al deporte, obtuvo la licencia de conducir y regresó al agua. También aprendió a surfear y conoció a Bethany Hamilton, la surfista profesional que perdió un brazo en otro ataque de tiburón.
Un sistema que busca avisar antes de que las personas entren al agua
La propia Gribbin explicó el funcionamiento previsto para las alertas con una comparación directa con el sistema que se utiliza en secuestros de menores. “Es realmente una legislación de sentido común. Dice que, cada vez que haya habido un ataque de tiburón en un área determinada cercana a donde estás, enviará una alerta a tu teléfono, exactamente como funciona un sistema Amber Alert cuando secuestran a un niño”, afirmó.
También sostuvo que, si hubiera sabido del ataque previo ocurrido a pocos kilómetros, no habría entrado al mar. “Definitivamente veo que esta ley funcionará en el futuro y estoy muy emocionada de poder salvar vidas”, compartió.
La senadora de Alabama, Katie Britt, republicana y promotora de la ley, señaló que la idea surgió al constatar que Gribbin fue atacada poco después de que otra mujer sufriera una mordida en la misma zona. “Si hubiera habido algún tipo de alerta, no hay manera de que Lulu hubiera estado en el agua. Hablamos de cómo un cambio simple podría haber tenido un impacto enorme”, indicó.
Especialistas remarcan que los ataques siguen siendo infrecuentes
Naylor explicó que, cuando se producen múltiples ataques en un lapso corto, lo más probable es que intervengan condiciones ambientales concretas. Mencionó, entre ellas, tiburones que siguen cardúmenes de peces carnada hacia zonas más cercanas a la costa y aguas turbias, que aumentan la posibilidad de que el animal confunda a una persona con un pez o una foca.
En el área donde fue mordida Gribbin suele haber entre 20 y 30 tiburones toro a 400 metros de la costa, según el especialista. También indicó que los tiburones blancos se avistan con más frecuencia en las aguas frías de Nueva Inglaterra y del Canadá atlántico, mientras que una aplicación para teléfonos llamada Sharktivity permite reportar observaciones de estos animales.
Aun así, el investigador insistió en que la rareza de estos episodios debe mantenerse en perspectiva. “Si los tiburones quisieran comer personas, tendríamos unas 10.000 mordeduras al día. El hecho de que tengamos tan pocas demuestra básicamente que los tiburones hacen todo lo posible por evitar a las personas, no por perseguirlas”, sentenció.
