NAIROBI.- Cuando sus familiares lo llevaron de urgencia a un hospital de Nairobi, el hombre ya presentaba varios de los síntomas clásicos del ébola: fiebre, escalofríos, dolor muscular y hemorragias subcutáneas. Había aterrizado poco antes en la capital de Kenia tras un viaje que comenzó en la República Democrática del Congo y que incluyó un paso por Uganda. Dos días después, murió.
El caso, el primero confirmado en Kenia, encendió las alarmas más allá de las fronteras del país. Las autoridades intentan ahora reconstruir cómo un paciente que había enfermado en el Congo logró atravesar tres países y superar los controles destinados a impedir que el actual brote de ébola se extienda por la región.
El hombre, un ciudadano keniano cuya identidad no fue revelada, vivía desde hacía siete años en el Congo. Según las autoridades, viajó por tierra desde Beni, en el noreste congoleño, hasta Kampala, la capital de Uganda, donde pasó una noche antes de tomar un avión hacia Nairobi.
Su recorrido plantea varios interrogantes. Para llegar a Uganda tuvo que atravesar una frontera que permanece cerrada desde mayo, cuando ese país restringió los cruces para evitar la llegada de casos desde el Congo.
Además, pasó por controles de temperatura en los aeropuertos de Entebbe y Nairobi y debió completar formularios digitales sobre su estado de salud y posibles contactos con zonas afectadas.
En Entebbe tenía una “temperatura normal”, según el Ministerio de Salud ugandés.
Las autoridades kenianas consideran que pudo haber tomado medicamentos para ocultar la fiebre antes de los controles en Nairobi. Fármacos como el paracetamol pueden modificar las mediciones, mientras que los termómetros infrarrojos de los aeropuertos registran la temperatura superficial y pueden pasar por alto algunas infecciones.
El episodio también expuso otra debilidad: buena parte del sistema depende de la información que proporcionan los propios pasajeros.
“Esto subraya la necesidad de reforzar los procedimientos de control, incluyendo los conocimientos necesarios para plantear las preguntas ‘adecuadas’”, afirmó Thomas Paerisch, especialista en salud pública que trabajó recientemente en el Congo con Médicos Sin Fronteras.
Uganda reconoció, además, que su extensa frontera con el Congo es demasiado porosa para garantizar un cierre hermético. Las autoridades revisan ahora el formulario sanitario que completó el paciente y las cámaras de seguridad del aeropuerto de Entebbe para reconstruir sus movimientos e identificar posibles contactos.
En Kenia, el ministro de Salud, Aden Duale, informó que ya fueron identificados 57 contactos del fallecido, diez de los cuales quedaron en cuarentena. También se habilitó una puerta específica en el Aeropuerto Internacional Jomo Kenyatta para controlar a pasajeros procedentes del Congo y de otros países vinculados con el brote.
Un brote que todavía se expande
El caso keniano se produjo mientras la situación dentro de la República Democrática del Congo continúa deteriorándose. El actual brote, provocado por la cepa Bundibugyo, para la que no existen vacuna ni tratamiento aprobados, ya causó más de 4000 muertes y supera los 8000 casos.
La provincia de Kivu del Norte se convirtió en uno de los principales focos. Allí se concentra cerca del 40% de los nuevos casos confirmados, frente al 24% registrado a fines de agosto. Stephanie Hoffmann, coordinadora de proyectos de Médicos Sin Fronteras, describió la respuesta sobre el terreno como “caótica” y advirtió sobre la falta de coordinación, personal y organizaciones capaces de asistir a los pacientes.
Las cifras muestran además hasta qué punto el virus circula fuera del alcance de las autoridades. Más del 70% de los nuevos casos corresponden a personas que no figuraban entre los contactos conocidos y al menos el 60% de las muertes ocurre fuera de los centros de tratamiento, según Jean Kaseya, director general de los Centros de Salud de África.
Las dificultades en el rastreo constituye uno de los principales obstáculos: hasta ahora solo pudo localizarse al 23% de los contactos esperados de pacientes con ébola. A eso se suman los desplazamientos provocados por el conflicto y la minería, la desconfianza hacia las autoridades y la resistencia de algunas familias a informar las muertes o permitir que se tomen muestras de personas fallecidas.
Agencias Reuters y AP
