
Andy Green, el único piloto que llevó un auto más allá de la barrera del sonido, volverá esta semana a las Salinas de Bonneville, en Utah, para intentar un nuevo récord de velocidad en tierra con un vehículo impulsado por hidrógeno.
Según informó Associated Press, el objetivo inmediato es superar su propia marca para autos diésel y validar de forma oficial una nueva referencia para motores de combustión alimentados con ese gas.
Green, de 64 años, conducirá el JCB Hydromax, un prototipo de 9,75 metros de largo desarrollado por la firma británica JCB. Este vehículo utiliza dos motores de combustión interna a hidrógeno, adaptados a partir de maquinaria de construcción de la empresa, con una potencia conjunta de 1.600 caballos de fuerza.
El intento busca romper el récord que el propio Green fijó hace 20 años para un auto diésel, con 350,092 millas por hora, equivalentes a 563,4 kilómetros por hora, y también dejar atrás la actual marca para autos de hidrógeno con motores de combustión, situada en 185,5 millas por hora, o 298,5 kilómetros por hora.
En pruebas recientes, el piloto alcanzó 368,347 millas por hora, equivalentes a 592,797 kilómetros por hora, aunque esa velocidad debe repetirse en una sesión oficial supervisada por la Fédération Internationale de l’Automobile (FIA) para que pueda homologarse.
Qué buscará Green en Utah
El intento de este martes no apunta al récord absoluto de velocidad en tierra, sino a una categoría mucho más específica. Green tratará de batir su vieja plusmarca con un auto diésel y, al mismo tiempo, establecer una nueva referencia para vehículos impulsados por hidrógeno mediante motores de combustión interna.
Según detalló Associated Press, el registro también podría superar la marca vigente para vehículos eléctricos, de 341,3 millas por hora, equivalentes a 549,2 kilómetros por hora.
La diferencia con sus logros más famosos es amplia. En 1997, Green se convirtió en el primer y hasta ahora único hombre en superar la velocidad del sonido sobre tierra, al alcanzar 763,035 millas por hora, equivalentes a 1.227,98 kilómetros por hora, con un vehículo impulsado por dos motores a reacción en el desierto de Black Rock, en Nevada. Aquella hazaña produjo estampidos sónicos que sacudieron la localidad cercana de Gerlach.
Cómo es el vehículo impulsado por hidrógeno
El JCB Hydromax tiene una carrocería alargada y angosta, de color amarillo brillante, con una silueta similar a la de un lápiz. El auto fue concebido por JCB, fabricante británico de equipos de construcción, como una vitrina tecnológica para mostrar el potencial del hidrógeno en aplicaciones de alta exigencia.
Su sistema de propulsión no usa pila de combustible ni baterías. El vehículo funciona con dos motores de combustión interna que mezclan aire con hidrógeno presurizado y luego encienden esa combinación para generar empuje. Ese enfoque busca demostrar que el hidrógeno también puede emplearse en mecánicas cercanas a las de la industria pesada, sin depender por completo de la electrificación.
Anthony Bamford, presidente de JCB, sostuvo en la presentación del auto en mayo que, si el objetivo es reducir emisiones, el hidrógeno debe formar parte de la estrategia. La empresa invirtió más de USD 134 millones en el desarrollo de estos motores y afirma que no emiten dióxido de carbono por el tubo de escape.
El hidrógeno como promesa y sus límites
Green presentó el proyecto como una forma de exhibir al hidrógeno como una alternativa de energía limpia. En declaraciones recogidas por Associated Press, definió a ese combustible como “el combustible del futuro”.
La apuesta tecnológica se inscribe en un debate más amplio sobre qué fuentes energéticas pueden reemplazar a los combustibles fósiles en sectores que requieren gran potencia y autonomía.
Esa promesa, de todos modos, depende del origen del hidrógeno. La mayor parte de la producción mundial todavía proviene de combustibles fósiles, lo que reduce su beneficio ambiental total. JCB firmó un acuerdo para comprar hidrógeno verde, generado con energía renovable, aunque ese tipo de producción representa una porción reducida del mercado global.
A eso se suman los desafíos de seguridad. Los motores de combustión a hidrógeno operan con gas a alta presión y con un combustible altamente inflamable. Green afirmó que el equipo administró esos riesgos con cuidado después de someter el auto a pruebas exigentes y tras meses de preparación para entender su respuesta ante el clima, el trabajo coordinado de ambos motores y el uso del paracaídas de frenado sobre la costra salina.
El escenario de Bonneville y contexto del intento
Las Salinas de Bonneville, ubicadas a unos 160 kilómetros de Salt Lake City, son uno de los lugares más emblemáticos del mundo para este tipo de pruebas. Ese paisaje, resto de un antiguo lecho lacustre, alberga competencias de velocidad desde 1914.
La recta utilizada para estos intentos mide 16 kilómetros, mientras que el público debe ubicarse a unos 400 metros del recorrido.
La superficie blanca y uniforme también fue escenario de películas como Independence Day y The World’s Fastest Indian, además del episodio final de Mad Men. Ese entorno, casi lunar, forma parte de la identidad histórica del automovilismo de velocidad extrema en Estados Unidos.
Green iniciará su pasada cerca de una hora antes del amanecer. El intento llega además un año después de un accidente fatal en la edición anual de Speed Week en Bonneville. En agosto del año pasado, el piloto Chris Raschke murió tras perder el control de su vehículo Speed Demon cuando circulaba a 283 millas por hora, equivalentes a 455 kilómetros por hora.
