
Las exigencias de los mercados internacionales continúan reconfigurando la matriz operativa del comercio exterior. El reciente “Reporte de Sustentabilidad Global 2026” de la multinacional Bunge expone los resultados de un proceso de transformación logística y ambiental que ahora incluye la integración a escala global de las operaciones de Viterra. El documento corporativo detalla avances cruciales en dos variables que hoy definen el acceso a los mercados: la trazabilidad extrema de las materias primas y la reducción de las emisiones de carbono a lo largo de toda la cadena de suministro.
El mayor hito operativo reportado por la compañía durante 2025 radica en el control de su cadena de suministro en Sudamérica. Bunge alcanzó el 100% de trazabilidad y monitoreo hasta el campo tanto para el abastecimiento directo como indirecto de soja en las regiones prioritarias de Argentina, Brasil y Paraguay. Este logro logístico se sostiene en el despliegue del Programa de Asociación Sustentable, un esquema que transfiere tecnología, metodologías y herramientas geoespaciales a los acopiadores y cooperativas locales para transparentar los eslabones indirectos de la comercialización. A nivel global, la trazabilidad del aceite de palma hasta la plantación también experimentó un crecimiento, alcanzando el 96% de la cadena de suministro.
Para garantizar la integridad de estos datos, la compañía implementó herramientas como AceTrack y sistemas respaldados en tecnología blockchain, los cuales permiten a los clientes finales verificar el origen libre de deforestación y la huella de carbono del producto adquirido. En esta misma línea, el reporte confirma que la fecha de corte para considerar a un área libre de deforestación y conversión de vegetación natural se mantiene firme al 31 de diciembre de 2024.
En materia climática, la integración de las operaciones requirió recalcular las líneas base, pero los resultados mantienen una tendencia a la baja en la emisión de Gases de Efecto Invernadero (GEI). Bunge logró reducir un 19,4% sus emisiones absolutas de Alcance 1 y 2 (operaciones directas) frente a los niveles de 2020. Este descenso se explica por la inyección de más de 20 millones de dólares en proyectos de eficiencia energética, recuperación de calor y la compra de electricidad sin emisiones de carbono para sus plantas industriales.
El desafío más complejo para la agroindustria se ubica en el Alcance 3, que engloba las emisiones indirectas de la cadena de valor (desde la producción en los campos hasta la logística upstream) y representa la mayor parte de la huella de la compañía. Según el reporte, Bunge redujo un 12,1% estas emisiones absolutas respecto a 2020, acercándose velozmente a su objetivo científico del 12,3% fijado para 2030.
Esta descarbonización del suministro se apalanca fuertemente en la expansión de la agricultura regenerativa, que durante 2025 escaló hasta abarcar 490.000 hectáreas en Sudamérica con la participación de más de 200 productores rurales. El impulso a los cultivos intermedios y semillas novedosas (como la camelina, el cártamo y la canola de invierno) suma opciones de baja intensidad de carbono para el mercado de los biocombustibles y combustibles renovables de aviación (SAF).
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