
El lago Powell cayó a su nivel más bajo del que se tenga registro y quedó a unos 9,1 metros (30 pies) del umbral que pondría en riesgo la generación hidroeléctrica de la represa Glen Canyon en Arizona, con otro episodio de la crisis que atraviesa el río Colorado y que afecta el suministro de agua y energía para millones de personas en el oeste de Estados Unidos.
La cota del embalse marcó 1.072,9 metros sobre el nivel del mar el sábado, apenas por debajo del mínimo anterior fijado en abril de 2023. El registro llegó poco más de una semana después de que el lago Mead, el otro gran reservorio del sistema, también tocara un mínimo histórico. Entre los dos lagos concentran cerca del 60% del agua almacenada en la cuenca.
El descenso del lago Powell refleja una combinación de sequía prolongada, temperaturas más altas y un uso intensivo del recurso. El gran embalse perdió más de 6,1 metros desde comienzos de año, según datos de la Oficina de Recuperación de Estados Unidos (USBR).
Sumado a esto, las proyecciones federales ubican al sistema cerca del llamado “potencia mínima para generar energía” (“minimum power pool”), el punto a partir del cual las turbinas ya no pueden producir electricidad.
El lago artificial del límite entre Arizona y Utah alcanzó un récord de baja tras un invierno 2025-2026 especialmente seco y cálido en la alta cuenca del Colorado.
Ese deterioro acerca al lago a la cota de 1.063,7 metros (3.490 pies), nivel mínimo para sostener la generación hidroeléctrica. Si la baja continuara hasta 1.027,2 metros (3.370 pies), el agua dejaría incluso de fluir aguas abajo desde la presa.
Un sistema bajo presión desde hace más de dos décadas
La caída del lago Powell no constituye un episodio aislado. El informe de Associated Press señaló que tanto Powell como Mead se encuentran en sus niveles más bajos en casi siete décadas, en una cuenca que arrastra un deterioro sostenido.
En una misma dinámica, el río Colorado perdió cerca de 20% de su caudal desde 2000 por efecto de la sequía asociada al cambio climático, el aumento sostenido de las temperaturas y décadas de importantes niveles de consumo.
Ese sistema abastece a unos 40 millones de personas y riega más de 2 millones de hectáreas (más de 5 millones de acres) de tierras agrícolas en siete estados del oeste del país.
También sostiene hábitats de fauna, actividades recreativas y generación de energía. En ese entramado, el lago Powell funciona como una reserva estratégica para enviar agua río abajo en los años secos.
De acuerdo con la CNN, el lago comenzó a llenarse en 1963 detrás de la represa Glen Canyon Dam y tardó 17 años en alcanzar su cota máxima de 1.127,8 metros (3.700 pies). El diseño original del sistema apuntaba a almacenar excedentes en años húmedos y liberarlos en los períodos secos. Ese equilibrio quedó bajo presión por una menor acumulación de nieve en las Montañas Rocosas y por el crecimiento demográfico del oeste.
Riesgo para la electricidad y el agua río abajo
La cercanía al umbral de generación eléctrica figura entre las mayores preocupaciones. Las ocho turbinas de Glen Canyon Dam producen cada año energía suficiente para abastecer a cerca de 500.000 hogares. Esa electricidad llega a estados como Colorado, Utah, Wyoming, Nuevo México, Arizona, Nevada y Nebraska.
Funcionarios federales ya habían advertido en abril que sería necesaria una “intervención mayor” para evitar que el embalse alcanzara ese nivel crítico antes de fin de año. El medio local Arizona Daily Star agregó que las autoridades extrajeron agua de reservorios menores ubicados aguas arriba para demorar la llegada a ese punto.
La amenaza no se limita a la energía. Si el lago siguiera bajando hasta la condición de “nivel muerto” (“dead pool”), el embalse quedaría demasiado bajo para permitir el paso del agua río abajo.
El Arizona Daily Star señaló que ese escenario podría derivar en recortes severos del agua potable para millones de personas y afectar explotaciones agrícolas situadas hasta a 800 kilómetros (500 millas), incluida la zona del Imperial Valley en California.
Negociaciones, recortes y medidas de emergencia
El retroceso de los embalses coincide con una disputa de larga data entre los estados que dependen del río Colorado. California, Arizona, Nevada, Nuevo México, Utah, Wyoming y Colorado intentan acordar un esquema de manejo de largo plazo para un recurso cada vez más escaso. Tras años de negociaciones sin acuerdo definitivo, las autoridades federales avanzaron con propuestas propias.
La agencia AP recordó que la USBR presentó en julio un plan a 10 años con posibles recortes importantes para Arizona, California y Nevada. También, el gobierno federal se aprestaba a definir reducciones concretas para el período hasta 2028, después de que las conversaciones entre los estados no arrojaran una salida consensuada.
Algunos expertos describieron un panorama de alta incertidumbre. “Nos encontramos en territorio desconocido”, afirmó Jack Schmidt, director del Center for Colorado River Studies de Utah State University. El científico Brad Udall, de Colorado State University, calificó como “umbral aterrador” la proximidad del nivel mínimo para producir energía.
Impacto local y límites de las soluciones parciales
La baja histórica también golpea la economía ligada al turismo del lago Powell. Associated Press informó que el retroceso del agua obligó a adaptar marinas y rampas para embarcaciones. Algunas instalaciones cerraron o cambiaron de lugar, mientras otras fueron trasladadas de forma temporal hacia sectores de mayor profundidad.
Sobre este fenómeno, Arizona Daily Star indicó que el área recibe cerca de 4 millones de visitantes al año, atraídos por actividades como paseos en houseboat, esquí acuático y kayak, además de los cañones laterales y el arco rocoso de Rainbow Bridge. Esa actividad depende de un nivel operativo del lago que hoy se reduce mes a mes.
Las lluvias del monzón de verano o un eventual otoño húmedo asociado a El Niño podrían desacelerar la caída, pero no aparecen como una solución estructural. Los especialistas coinciden en que ni siquiera un invierno con nevadas excepcionales bastaría para sacar al sistema de la zona de riesgo, mientras persistan la aridez de fondo y la presión sobre la cuenca.
