
El último domingo, cuando el doloroso 0-1 contra España impidió la conquista del bicampeonato y bordar la cuarta estrella en la gloriosa camiseta blanquiceleste, se completó un ciclo de oro para 17 de los 26 héroes de la final contra Francia que repitieron su participación en la nómina de la Selección Argentina que saltó al césped del imponente Metlife Stadium de Nueva York – Nueva Jersey.
Messi, Dibu Martínez, Rodrigo De Paul, Alexis, Lautaro, Julián, Enzo, Nico González, Palacios, Thiago Almada, Rulli, Molina, Cuti, el “Facha” Paredes, Taglia, Licha, Ota y “Somos todos Montiel”. Esa banda prácticamente invencible desde la Copa América 2021.
Encabezado por Lionel Scaloni, el cuerpo técnico también se mantuvo intacto entre sus integrantes principales. Hubo algunas modificaciones, pero en las capas inferiores o puestos algo menores. Aimar, Samuel, El Ratón Ayala, Marito… esos, los más conocidos, los más queridos, siguieron.
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De los 9 campeones que no estuvieron y debieron mirar los partidos y alentar desde afuera, hay dos -Angel Día María y el arquero Franco Armani- que renunciaron al equipo nacional por voluntad propia y otros seis que dejaron de ser convocados por el entrenador, en cada caso por un motivo distinto: Germán Pezzella y el Huevo Acuña por sus bajos rendimientos en River, Paulo Dybala por tener poca continuidad y sufrir repetidas lesiones en Italia, Ángel Correa porque de Europa se fue a México, el defensor Juan Foyth por sus dolencias físicas y Guido Rodríguez porque en su puesto hay otros muchachos mejor considerados por Scaloni.
El caso restante constituye la duda más grande en la historia de la Selección.
Alejandro “El Papu” Gómez no solo dejó de ser convocado: fue literalmente desterrado de la Scaloneta, descendido a los infiernos, condenado al ostracismo, reducido a la nada, arrojado al vacío, sentenciado al olvido perpetuo y eterno.
No es que simple y sencillamente no se lo llamó más. No. Fue peor la cosa. Hubo una suerte de castigo ejemplar que lo mandó para siempre a la congelada tierra de los indeseables.
Y para colmo, nunca se explicó bien qué sucedió.
Hubo teorías -algunas disparatas y otras un poco más posibles- y un silencio de hierro que un día, se supone, alguien se atreverá a quebrar. Mientras siga sin suceder, queda repasar todo lo que se dijo desde entonces y acercarse a alguna conclusión medianamente seria, consistente y creíble.
EL DOPING QUE SE “OLVIDÓ” DE AVISAR
El Papu no era un integrante más del grupo: estaba metido en todas las bromas y en todos los videos y hasta participó de los festejos por ganar el Mundial como un participante central de la mesa chica del plantel. Incluso, casi se lastima junto con Messi, Di María, De Paul y Paredes cuando el micro que recorrió Buenos Aires el día de las 5 millones de personas en las calles pasó por debajo de unos cables. Todos debieron agachar la cabeza para no ser alcanzados y heridos por ese coaxil fuera de control.
Además, en los partidos siguientes, fue convocado por el DT. Lo llamó para jugar en marzo de 2023 dos amistosos contra Panamá y Curazao que sirvieron para festejar la coronación en territorio asiático. Sevilla, su equipo de aquel entonces, se negó a cederlo y ni siquiera tuvo la chance de despedirse en el campo de juego. Nunca más sería invitado a ponerse la celeste y blanca.
En octubre de 2023, el comité disciplinario de la FIFA confirmó lo que era un rumor muy fuerte en el mundo del fútbol: que Alejandro Papu Gómez enfrentaba un proceso por haber dado positivo un control antidopaje y al ser encontrado culpable, recibía una sanción de dos años sin poder jugar al fútbol profesional.
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La información venía con un dato clave: el análisis investigado era de octubre de 2022, dos meses antes de que se jugara el campeonato de Qatar. ¿Qué se dijo después de todo eso? Que Papu calló frente a Scaloni y a sus compañeros algo que probablemente ya supiera (que enfrentaba una causa por un supuesto doping positivo) y que eso, en definitiva, pudo poner en riesgo el título conseguido por La Scaloneta, algo considerado imperdonable por compañeros, cuerpo técnico y dirigentes.
El análisis de Gómez dio positivo de terbutalina y su explicación de que “por error” había tomado un jarabe contra la tos que utilizaba su hijo fue desestimada por la FIFA, que resolvió sancionarlo y marginarlo de las canchas por dos temporadas enteras. Volvió a jugar en noviembre del año pasado y desde entonces milita en el Calcio Pádova de la segunda división italiana. En algunos reportajes contó que “la pasó horrible” durante todo ese tiempo y que necesitó “mucho análisis, mucha terapia” y “una gran contención familiar” para salir adelante.
Ni siquiera mencionó a algún excompañero de La Scaloneta como apoyo o sostén en el momento más difícil de su carrera.
BRUJERIA, HIZO BRUJERIA
Es en este momento donde entran a jugar cosas que se dijeron en las redes sociales y que, de tan repetidas y nunca negadas ni refutadas, ganaron cierta fama de verdad o de cosa real, que se alimentaron con más y más versiones a medida que fue pasando el tiempo.
La leyenda cuenta -una de ellas, en realidad- que el Papu llegó a los meses previos al Mundial de Qatar con cierta desconfianza de no ser convocado por Scaloni. Había jugadores que estaban en un nivel más alto que el suyo, o que él creía mejor posicionados en la consideración del entrenador.
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La versión -enormemente descabellada por cierto- indica la posibilidad de que el futbolista, o alguien muy cercano a él, se haya acercadoo a una bruja o espiritista para que “le liberara al camino” rumbo a la convocatoria definitiva para jugar el Mundial.
Si que nadie pudiera confirmar un lazo entre una situación y otra, la gente recordó que Giovani Lo Celso (que integró la nómina de la Selección en México, Estados Unidos y Canadá) se lesionó poco antes de Qatar 2022 y que al poco tiempo salió la lista definitiva con Papu como integrante.
Creer o reventar: las brujas no existen, pero que las hay…
UN COMENTARIO QUE CAYO PARA EL C…
Si aquel rumor era poco creíble, este lo es más todavía.
Si bien no era titular-titular y muy pocas veces completaba los 90 minutos, Gómez era considerado “un hombre clave para el grupo” por todos los periodistas que cubrían las diferentes alternativas que involucran al seleccionado nacional.
“Un buen tipo, querible, amigo de la mayoría, jodón cuando se puede serlo y serio en los momentos oportunos, capaz de hacer un chiste para que se rían todos o meter una palabra seria cuando la situación lo requiere, capaz de cebarte un buen mate o de escucharte media hora si tenés algún tema sin resolver, un hombre muy importante para la unión del plantel, uno que resuelve fácil, rápido y sencillo cualquier problema de convivencia”. De esa manera lo definían esos periodistas tan cercanos al combinado argentino.
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No lo dijeron ellos, obviamente, pero el insólito rumor se instaló igual con cierta fuerza a partir de las habladurías que se dan en el mundo digital, sobre todo en X. A alguien se le ocurrió decir que “en una fiesta, en una reunión, el Papu hizo un comentario indebido sobre la esposa de un jugador muy importante del equipo, muy importantísimo, y pasó lo que nunca tendría que haber pasado” y ese bla, bla, bla se fue viralizando.
Para quienes sostienen esa loca teoría, “este jugador importante e importantísimo se enteró de alguna manera del comentario que habría hecho el otro sobre el cuerpo de su mujer, mejor dicho sobre una parte específica del cuerpo de su mujer, y le hizo la cruz para toda la cosecha”.
¿Grado de credibilidad? Menos 10… Si se dijo en Twitter. Pero también allí se arriesgó primero que algo pasaba con El Papu, y era cierto. ¿Entonces?
LA CHANCE MÁS FIRME: UNA INFIDENCIA QUE SACÓ DE QUICIO A SCALONI
El partido contra Países Bajos por cuartos de final es recordado como “La Batalla de Lusail”. En medio de un clima de nervios, tensión y agresiones verbales y físicas, Argentina se imponía 2-0 y estaba a 15 minutos de meterse en semifinales.
Holanda reaccionó cuando nadie lo esperaba y después de descontar faltando 10 minutos logró la igualdad en la última jugada del partido. Había que ir al alargue, que pasó sin pena ni gloria. Argentina fue más preciso en los penales y se metió entre los cuatro mejores de un torneo que luego ganaría. Lionel Messi despidió a los naranjas con el ya legendario “Andá pa’ allá, bobo”, que hasta se hizo frase de camisetas.
En la previa de ese partido, Scaloni sabía que tenía a Rodrigo De Paul, ya en ese momento novio de Tini y desde su llegada a la Selección (el mito dice que por recomendación/orden de Chiqui Tapia), lugarteniente absoluto y total de Lionel Messi, bastante averiado. Un dolor lo perseguía desde octavos de final (contra Australia, la última vez que Papu jugó para Argentina) y practicó como pudo. “Entrenó diferenciado”, decían sobre De Paul los periodistas que se especializan en deportes.
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En un encuentro con la prensa argentina a dos días del partido, Scaloni montó en cólera y explotó como nunca antes. Se enojó (muchísimo, estaba furioso) porque no uno ni dos sino tres reporteros manejaban la información de que RDP no había trabajado a la par de sus compañeros, que presentaba un dolor muy fuerte en una de sus piernas y que era posible que no llegara en condiciones a enfrentar a los neerlandeses.
Periodista: —Lionel, ¿llega De Paul al partido? Sabemos que está tocado…
Scaloni: —Se supone que el entrenamiento era puertas cerradas y que esto no tenía que trascender…
Periodista: —¿Pero nos podrías decir si llega De Paul o vas a ensayar alguna variante?
Scaloni: —Y vos decime quién te lo dijo y yo te digo quién juega el próximo partido.
Periodista: —Nosotros no podemos revelar la fuente, lo que queremos saber es si De Paul va a jugar…
Scaloni: —Muchachos, repito: el entrenamiento fue a puertas cerradas, solo estuvimos los jugadores y nosotros, hay cosas que no deberían trascender. ¿Para qué lo hacemos a puertas cerradas si no? Al final, ¿para quién jugamos, muchachos? ¿Somos de Argentina o somos de Holanda…?
Se dice que Scaloni habría culpado a Papu de la filtración de esa noticia y que, como sintió que eso ponía en riesgo tres años de trabajo y lo consideró “una traición inaceptable”, decidió no llamarlo nunca más. “El mundo se puede estar viniendo abajo que jamás de los jamases volvería a darle una chance”, se arriesga en el ambiente de la número cinco.
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