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Por Mauro Yasprizza
El peronismo santafesino encontró una manera bastante curiosa de renovarse: reunió a casi todos sus viejos referentes para presentarles a un hombre nuevo.
La cena se realizó el lunes en la casa de la exvicegobernadora Alejandra Rodenas, con el senador Armando Traferri como otro de los principales impulsores. El invitado central fue Federico Pucciariello, empresario vinculado con las energías renovables, exrugbier internacional y posible candidato a gobernador en 2027.
La idea es instalarlo como una figura surgida por fuera de la política tradicional. El problema es que su candidatura empieza a construirse dentro de la cocina más tradicional de todas.
Alrededor de la mesa estuvieron Diego Giuliano, Agustín Rossi, Germán Martínez, Caren Tepp, Rubén Pirola, Florencia Carignano, Eduardo Toniolli y Pablo Corsalini. También participaron Gerardo Rico y Miguel Rabbia. La reunión y la nómina de asistentes fueron confirmadas por Letra P.
Más que una fotografía del futuro, la cena pareció una reunión de consorcio de la vieja política. Cambian las consignas, se modernizan las redes sociales y aparecen palabras como “unidad”, “síntesis” y “renovación”. Los nombres, en cambio, sobreviven a todas las derrotas.
Un candidato nuevo patrocinado por los de siempre
Pucciariello puso una condición para competir: quiere ser el candidato único del peronismo. Pretende entrar en política sin atravesar una interna y con todas las tribus alineadas detrás de su figura.
Es una aspiración legítima, aunque difícil de sostener frente a una mesa donde varios comensales también miran la Casa Gris. Giuliano trabaja desde hace meses sobre una proyección provincial. Martínez ya reconoció que le gustaría gobernar Santa Fe. Marcelo Lewandowski conserva aspiraciones y Corsalini tampoco se baja de la conversación.
Todos hablan de unidad hasta que aparece una sola candidatura y hay que decidir quién queda afuera.
La escena tiene algo de comedia política: dirigentes que no pudieron ponerse de acuerdo durante años buscan un candidato de consenso y le piden a un recién llegado que resuelva las diferencias que ellos mismos alimentaron.
Pucciariello podría aportar aire nuevo. El riesgo es que termine convertido en una etiqueta moderna pegada sobre un envase vencido.
La primera reunión terminó sin proyecto
El empresario no presentó una plataforma ni un plan de gobierno. Habló sobre algunos asuntos de actualidad y respondió preguntas, pero su exposición no llegó a convertirse en una propuesta concreta. Durante la conversación hubo objeciones, diferencias y momentos incómodos.
No es un detalle menor. El PJ parece dispuesto a discutir primero quién será candidato y recién después qué piensa hacer con la provincia. Es el viejo método con un protagonista nuevo: elegir la cara, diseñar la campaña y completar las ideas cuando aparezcan las encuestas.
Santa Fe necesita respuestas sobre seguridad, producción, educación, salud, infraestructura y empleo. No alcanza con exhibir un currículum empresarial, una historia deportiva y una fotografía rodeada de dirigentes.
Pucciariello tiene una trayectoria respetable. Nació en Rosario, desarrolló una extensa carrera en el rugby europeo, representó a Italia y disputó el Mundial de 1999. Después se volcó a los biocombustibles y las energías limpias. En 2019 fue declarado Deportista Distinguido por el Concejo Municipal de Rosario.
El problema no es su pasado. Es la ausencia, hasta ahora, de una propuesta política capaz de justificar semejante lanzamiento.
Los responsables de la derrota ahora venden renovación
El apuro del PJ se entiende al mirar los números. En las elecciones provinciales de 2023, Maximiliano Pullaro consiguió 1.031.964 votos y Marcelo Lewandowski obtuvo 544.468. Fueron casi 488.000 sufragios de diferencia, de acuerdo con el escrutinio definitivo.
No fue una derrota ajustada ni un mal cálculo electoral. Fue una paliza.
Sin embargo, buena parte de la dirigencia peronista se comportó desde entonces como si el único problema hubiera sido encontrar un mejor candidato. Hubo pocas explicaciones públicas, escasa autocrítica y demasiadas negociaciones entre sectores.
Los nombres se reciclaron, las internas continuaron y cada tribu conservó su parcela. Ahora, quienes no lograron reconstruir el partido pretenden tercerizar la renovación en un empresario.
La vieja política tiene esa habilidad: pierde elecciones, conserva los cargos y después se presenta como arquitecta del cambio.
También ayudaron a fortalecer al rival
El desafío de 2027 será todavía más complejo porque Pullaro quedó habilitado para buscar la reelección. La cláusula correspondiente de la reforma constitucional fue aprobada por 45 votos contra 22 y recibió el acompañamiento de sectores del panperonismo. Entre quienes la respaldaron estuvieron Traferri, Rodenas y Pirola. La votación quedó registrada durante la Convención Constituyente.
La contradicción es notable: algunos dirigentes que ahora buscan desesperadamente un candidato competitivo colaboraron para habilitar al adversario que deberán enfrentar.
Primero le entregaron a Pullaro la posibilidad de ir por otro mandato. Después organizaron una cena para comenzar a buscar quién podría ganarle.
El ausente que también pesa
Omar Perotti no asistió. Su ausencia era previsible por su enfrentamiento con Traferri y su distancia respecto de la actual conducción partidaria. Tampoco estuvieron representantes de RAIS, el sector de intendentes liderado por Roly Santacroce.
Por lo tanto, ni siquiera la mesa presentada como ensayo de unidad logró reunir a todo el peronismo. Pucciariello pide consenso total, pero comenzó su recorrido frente a una fotografía con huecos visibles.
El PJ santafesino quiere encontrar en un outsider la frescura que sus principales dirigentes ya no pueden ofrecer. Puede funcionar electoralmente, pero antes deberá responder una pregunta incómoda: si el candidato es nuevo pero los padrinos, los operadores y los métodos son los mismos, ¿dónde está exactamente la renovación?
La política no cambia porque siente a un empresario en la cabecera. Cambia cuando revisa sus fracasos, jubila prácticas agotadas y presenta un proyecto creíble.
Hasta ahora hubo una cena, muchos apellidos conocidos y ninguna idea que sacuda la mesa. La vajilla puede parecer nueva. El menú sigue recalentado.
