Emilia Mazer nos presenta a su hija Uma, que coquetea con la actuación, pero se prepara para triunfar en la música

Emilia Mazer nos presenta a su hija Uma, que coquetea con la actuación, pero se prepara para triunfar en la música
Emilia Mazer nos presenta a su hija Uma, que coquetea con la actuación, pero se prepara para triunfar en la música

Emilia Mazer (60) empezó a actuar casi a la misma edad que hoy tiene su hija. Tenía 19 años cuando debutó en cine en Los chicos de la guerra, película icónica en la vuelta a la democracia, y rápidamente se convirtió en una de las referentes de su generación. Hoy comparte escenario con Julio Chávez en La Ballena, hace el unipersonal Las de siempre (un chat de amigas) y da clases de teatro.

Uma –que tiene 18 años– supo desde muy chica que su futuro profesional estaba sobre un escenario. Cuando cumplió 15 pidió permiso para irse a Nueva York a estudiar en la academia GO Broadway y, después de terminar la secundaria, se anotó en la EMC (Escuela de Música Contemporánea). Además, estudia teatro con su mamá; próximamente Emilia la dirigirá en la obra Alta en el cielo.

Rodeadas de plantas y flores, madre e hija posan en el PH antiguo que comparten

–Uma, ¿cuándo descubriste que querías cantar?

–¡Desde que nací!

Emilia: Literal: estaba en neo y estaba a los gritos, pero muy aguda, muy en soprano y el neonatólogo me dijo: ¡Qué voz tiene! Y cuando tendría 3 años me dijo: “Mami, quiero cantar en televisión”. En esa época había un programa al que iban chicos a cantar. Le expliqué que no era tan fácil, que el hecho de que yo fuera actriz no le iba a abrir puertas, que para cantar en serio tenía que estudiar. Y a los 7 años empezó a prepararse.

Uma: Me acuerdo que una vez me llamó un productor de Tinelli cuando estaban haciendo un programa de canto y como querían que cantara unos temas que a mí no me gustaban, no fui. Prefiero hacer mi carrera musical por otro lado, no tanto por un reality de canto. Madre e hija viven en un PH antiguo, lleno de colores, instrumentos musicales y una perra caniche que las acompaña desde hace muchos años. Emilia fue mamá cuando tenía 43, después de atravesar muchos tratamientos de fertilidad junto a su pareja en ese momento, el empresario Juan Leguizamón.

Uma, con 18 años, posa en la intimidad de su hogar

–¿Tu papá te apoya en tu camino artístico?

Uma: ¡Re! Le gusta que cante, que actúe, que me exprese, siempre me apoyó. En algún momento se enamoró de mi mamá y decidió tener una hija con ella, así que no le sorprendió mucho que yo quiera ser actriz. A él le fascina todo lo que yo haga mientras me maneje con respeto, humildad y madurez.

–Emilia, ¿cuándo te diste cuenta de que Uma se había transformado en una mujer que va por lo que quiere?

Uma: Creo que ella todavía me ve chiquita. [Se ríe].

Emilia: Es verdad, a veces es así… Pero hubo un momento en la preadolescencia que me asusté mucho porque de un día para el otro no me quiso dar más besos, ni abrazar y ¡ella era supercariñosa! De pronto empezó con la distancia física y me asusté. ¿Qué pasó? Me resultó muy chocante. Y después, bueno, aprendí a acompañarla en su día a día. Me doy cuenta de lo rápido que va todo, lo grande que está. Cuando me voy de gira o cuando se va a la casa del papá unos días, me parece un flash porque veo los cambios. A veces es un cuestionamiento o una actitud que me hace sentir que hay una mujer ahí enfrente. Siempre le di la posibilidad de que se exprese y me diga lo que quiere, lo que le pasa o cómo lo quiere hacer. Me encuentro con una mujer que todavía es una adolescente, pero siento que lo más complejo ya pasó y siento mucho placer porque cuando logramos tener esas charlas “importantes” o profundas, las disfruto mucho por su mirada, por lo que cree, por lo que piensa, por las cosas que cuestiona y me cuestiona, es ahí donde me en – cuentro con una mujer.

Emilia posa en un rincón de su casa rodeada de recuerdos de viajes y regalos especiales

–En una nota que diste a ¡HOLA! hace un par de años dijiste que eras un poco idishe mame.

Emilia: No son tiempos fáciles. Conozco a padres que saben la ubicación de los hijos por el celular. Yo ese control nunca lo ejercí sobre ella. Siempre queremos que nuestros hijos no se encuentren con los mismos obstáculos que vivimos nosotros y queremos allanarles el camino, pero me acuerdo que cuando yo era adolescente mis viejos me querían evitar ciertas cosas y yo les decía: “Me lo podrán evitar, pero lo tengo que vivir”. Mi tarea es lanzarla al mundo lo más preparada posible, no sólo desde el lado académico, sino también desde lo emocional para que pueda tomar decisiones pensadas.

Madre e hija en la barra de la cocina

–¿Cuál fue la discusión más brava entre ustedes que recuerden?

Uma: Hay varias, pero no se pueden contar públicamente. [Se ríe].

Emilia: Yo creo que uno de los conflictos más grandes fue el UPD (el último primer día del secundario) en casa. ¡Casi me muero! Eran como cuarenta y había chicos que no conocía. Porque los amigos de ella vienen a casa desde chiquitos, este era el lugar de encuentro porque seré una de las madres más grandes, pero también saben que soy piola.

Uma: ¡Sí! Para mis amigos es “la” madre canchera.

Emilia: Canchera, pero pasé cinco días limpiando el desastre que hicieron en casa.

–Uma, ¿qué es lo que más admirás de tu mamá?

–Que es una mujer que se reinventa constantemente. Cada vez que le pasa algo que la puede tirar abajo un poco, ella lo toma como un impulso para seguir adelante. Siempre busca algo nuevo para hacer, algo nuevo para subsistir, para sobrevivir y eso es algo muy admirable de su parte. No es una carrera fácil la de actriz y menos en este país y ella, sin embargo, logró vivir de lo que la apasiona toda su vida, comprar la casa donde vivimos…

Además de estudiar canto desde chica, Uma toca la batería electrónica. Las paredes de su dormitorio reflejan su amor por la música

–¿Y qué le criticás?

–Quizás la extrema sensibilidad que tienen los actores. Todo lo que le pasa le pasa por el cuerpo. Escucha un ruido y es como una bala para ella. Si le pasa algo lindo es lo más feliz que le pasó en la vida y si le pasa algo triste, lo peor.

–A vos, Emilia, ¿qué te cuesta entender de Uma?

–A mí me cuesta entender que no necesite hablar de ciertas cosas. Para mí siempre hablar alivia, acerca, descarga y ella puede pasar tiempo sin hablar de un tema. Tiene otros tiempos. A veces cuando la llevaba al colegio –porque la acompañé muchas veces hasta en quinto año– me ponía a charlar y ella me decía: “No quiero hablar” y ahí me cortaba.

Uma: Le gusta hablar todo. [Se ríe]. Ahí está lo de la intensidad que te contaba antes.

“Mi hija es mi maestra. Nosotros creemos que educamos a los chicos, pero ellos vienen a traernos el presente y nos hacen ver de qué manera podemos cambiar”, nos contó Emilia

–¿Qué aprendés de tu hija?

–Un montón de cosas. Hay pensamientos que todavía tengo que son algo machistas, patriarcales, antiguos, de una mujer que fue criada en la dictadura. Sé que hay cosas que no puedo decir, pero no sólo porque no es políticamente correcto, sino porque debo modificar ese pensamiento. Mi hija es mi maestra, en ese sentido. Nosotros creemos que educamos a los chicos, pero vienen a traernos el presente y nos hacen ver de qué manera podemos cambiar.

–Hace un tiempo que no estás en pareja… ¿Te gustaría volver a enamorarte?

–Para enamorarme hay que darme varios sartenazos en la cabeza. [Se ríe]. Son tiempos complejos, tengo una edad compleja para eso, pero tengo fe. Creo que me interesa más enamorarme que estar en pareja…

–Uma, ¿a vos te gustaría que tu mamá se enamore?

–¡Sí! Soy hija única y estaría buenísimo que tenga alguien con quien compartir.

Producción: Paola Reyes

Maquillaje y peinado: @joaquinamakeupartist

Agradecimientos: @melaniagarbellotto By Marfil @47stree @andreavasenbsas @oggizapatos @lunagrazonaccesorios y Mireya González Talavera (asistente peinado).

La tapa de revista ¡Hola! de esta semana