Estados Unidos acusó a seis empresas chinas de inteligencia artificial de copiar tecnología a escala industrial

Estados Unidos acusó a seis empresas chinas de inteligencia artificial de copiar tecnología a escala industrial
Estados Unidos acusó a seis empresas chinas de inteligencia artificial de copiar tecnología a escala industrial

La Agencia de Seguridad Nacional (NSA), el FBI y la Agencia de Ciberseguridad e Infraestructura (CISA) de Estados Unidos acusaron el martes a seis empresas chinas de inteligencia artificial de copiar de forma sistemática la tecnología de sus competidoras estadounidenses mediante una técnica conocida como destilación. El informe conjunto llega poco más de dos semanas antes de la visita a Washington del presidente chino, Xi Jinping, prevista para el 24 de septiembre.

Las tres agencias señalan a DeepSeek, Moonshot AI, Alibaba, MiniMax, StepFun y Z.AI de haber extraído, desde finales de 2024, miles de millones de tokens —las unidades mínimas en que estos sistemas procesan el lenguaje— a través de millones de consultas dirigidas a modelos como Claude (Anthropic), GPT (OpenAI), Gemini (Google) y Grok (xAI, la empresa de Elon Musk). Según el documento, la práctica ocurrió “probablemente con conocimiento del Gobierno chino”.

La destilación en sí es una técnica legítima y extendida en la investigación en inteligencia artificial: consiste en entrenar un modelo más pequeño y barato con las respuestas generadas por otro más grande y costoso, de modo que el primero imite el comportamiento del segundo sin replicar toda su arquitectura. Empresas de todo el mundo, incluidas las propias firmas estadounidenses, la utilizan para abaratar costes de cómputo.

El logotipo de Moonshot AI se ve en esta ilustración tomada el 5 de septiembre de 2026. REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración

Lo que Washington cuestiona no es la técnica, sino su empleo “agresivo, malicioso y dirigido a escala industrial” para extraer funciones restringidas de modelos ajenos, en presunta violación de los términos de servicio de sus fabricantes. El informe detalla, por ejemplo, que DeepSeek indujo a los modelos rivales a exponer su razonamiento interno paso a paso —lo que en el sector se llama cadena de razonamiento o chain of thought—, con el fin de enseñar a sus propios sistemas no solo datos, sino métodos de razonamiento. Para acceder a los modelos restringidos, las compañías chinas recurrieron además a un mercado gris de intermediarios, las llamadas “estaciones de transferencia”, que revenden acceso sorteando las restricciones geográficas, y compraron en bloque suscripciones premium compartidas entre equipos de desarrolladores.

La disputa no nace con este aviso. Se remonta a enero de 2025, cuando el lanzamiento del modelo R1 de DeepSeek, entrenado según la propia empresa por USD 5,6 millones, provocó un desplome bursátil de Nvidia cercano a USD 600.000 millones en un solo día. Días después, OpenAI acusó a la firma china de haber destilado su tecnología sin autorización.

La denuncia escaló en febrero de 2026, cuando Anthropic documentó que DeepSeek, MiniMax y Moonshot AI habían generado más de 16 millones de intercambios con Claude a través de unas 24.000 cuentas falsas. En abril, Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, formalizó la acusación en un memorando que calificó la práctica de campaña “deliberada” y “a escala industrial”, semanas antes de que Trump viajara a Beijing en mayo, donde invitó a Xi a visitar Washington en otoño. En junio, Anthropic sumó un nuevo caso: atribuyó a Alibaba la mayor operación conocida contra sus modelos, con cerca de 28,8 millones de consultas y 25.000 cuentas fraudulentas.

FOTO DE ARCHIVO: El logotipo de Alibaba aparece en esta ilustración tomada el 29 de enero de 2025. REUTERS/Dado Ruvic/Ilustración/Foto de archivo

Beijing ha rechazado sistemáticamente las acusaciones. En julio, el ministro asistente de Asuntos Exteriores chino, Liu Bin, calificó el debate de “engañoso y contraproducente” en la Conferencia Mundial de Inteligencia Artificial de Shanghái. Días después, el Ministerio de Comercio respondió que las acusaciones carecen de “fundamento fáctico y respaldo legal” y acusó, sin aportar pruebas, a empresas estadounidenses de destilar a su vez modelos chinos.

El trasfondo militar añade otra capa de tensión. Una investigación de Reuters publicada el 31 de julio, basada en más de 80 artículos académicos y patentes chinas, documentó que instituciones vinculadas al Ejército Popular de Liberación emplearon salidas de modelos de OpenAI y Anthropic para entrenar sistemas de reconocimiento de imágenes en drones y para depurar código militar sensible, con el objetivo de operar sistemas propios dentro de redes militares internas.

Frente a este panorama, el informe conjunto recomienda a las empresas estadounidenses tres medidas: reforzar la detección de patrones anómalos, como suscripciones nuevas que operan de inmediato a máxima capacidad; alterar de forma encubierta las respuestas a cuentas sospechosas de destilación maliciosa, sin advertirles del cambio; y compartir indicadores de infraestructura entre proveedores de nube y agregadores para detectar campañas distribuidas. A ello suma mitigaciones del marco MITRE ATLAS, un catálogo de tácticas de ataque contra sistemas de inteligencia artificial, y del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST), como la privacidad diferencial: una técnica que añade ruido estadístico a las respuestas de un modelo para dificultar la reconstrucción de sus datos de entrenamiento, a costa de reducir su precisión.

La publicación coincide con los preparativos de un diálogo bilateral sobre seguridad en inteligencia artificial previsto para mediados de septiembre y con la antesala de la visita de Xi, la primera de su mandato a Estados Unidos desde 2015. El asunto amenaza con introducir otro frente de fricción en una relación que ambos gobiernos habían intentado estabilizar tras la cumbre de Busan del pasado octubre.