
Florencia y Juan son de Pergamino, se conocieron hace 25 años cuando ambos estudiaban en un centro regional de la Universidad Católica Argentina para contador público, pero los últimos dos años debían decidir si cursarlos en Rosario o Buenos Aires. Florencia, al contrario que sus amigas, decidió mudarse a Buenos Aires a pesar de no conocer a nadie.
Los fines de semana optó por no volver para Pergamino y un día dijo: “voy a hacer más amistad con los que vinieron, entre ellos Juan y otro chico, éramos como el trío, re amigueros”, cuenta Florencia sobre un vínculo de amistad entre los tres que sigue vigente al día de hoy.
Florencia tuvo algunos novios pero ninguna relación que valiera la pena, Juan, lo opuesto, comenzó una relación formal y optó por la convivencia.
“Fui a la boda de mi mejor amigo”
Los mejores amigos comenzaron a rumbear su vida por diferentes caminos. Mientras Juan convivía y planificaba su casamiento, Florencia se daba cuenta de que no tenía ganas de vivir en Argentina: “Trabajaba en una multinacional en la que todo el mundo era re cheto, viajaban, habían ido a Europa millones de veces y yo no había salido de Argentina, me dije quiero vivir una experiencia así”, recuerda Florencia cuando empezó a mandar curriculums y a buscar oportunidades.
Fue una empresa en España que con un trabajo le dio la oportunidad de cruzar al otro lado del océano. Le asignaron un determinado día de marzo del año 2007 para sacarle el pasaje para su mudanza, pero era el mismo día en que se casaba su mejor amigo. Mintió diciendo que era su hermano y por suerte sus nuevos jefes fueron comprensivos y la dejaron viajar unos días mas tarde.
“Fui a la boda de mi mejor amigo, era un vínculo tan fuerte que todos mis amigos me decían te lo perdiste para siempre, ya está”, Florencia no daba acuse de recibo, le parecía hasta ridículo el planteo considerando que ella se iba a vivir a España y que estaba feliz por el paso paso tan importante que estaba dando su amigo, estaba lejos de perderse algo. Aunque reconoce que la novia solía mirarla mal y por ese motivo a ella tampoco le caía bien, era recíproco. “Pero yo no veía lo que ella veía o lo que todos los demás veían. Juan era mi amigo”, analiza Florencia a la distancia, “obviamente en mi època de soltera mire a todos mis amigos pero con Juan eramos muy amigos, yo no quería saber nada con él porque era una amistad hermosa”, agrega. Ambos conocían a la familia del otro y por esas casualidades las madres eran buenas compañeras de yoga.
Florencia sabía lo que quer+ía en ese momento y aprovechó el casamiento para despedirse de todos sus amigos que estaban allí presentes. La esperaba un nuevo destino.
“Fue una cañita al aire, no le di mucha vuelta”
Florencia se fue a España convencida de que tendría mejor suerte con los hombres, “en Argentina no tengo suerte, nadie me da pelota pero seguro cuando llegue a Madrid todo va a ser distinto, voy a tener muchos candidatos, pero no, nada”, se ríe Florencia.
En paralelo Juan, que se había mudado con su mujer a Mar del Plata, se encontró dentro de un matrimonio que no era el que había soñado y luego de un año y medio decidió separarse. En el medio de su crisis matrimonial falleció su padre y luego su madre. Con tantos duelos por procesar Juan decidió viajar a Madrid a visitar a sus amigos (el tercer amigo del grupo también se había mudado al continente europeo)
Cuando Juan le avisó a Florencia del viaje ella se pidió dos semanas de licencia sin goce de sueldo para viajar con su amigo. Planificaron todo el año el viaje, la única condición que Florencia le puso es que debía acompañarla al Oktoberfest que se había convertido en su plan anual.
Dieron comienzo a su viaje y en el festival, con un par de cervezas extra la amistad traspasó lo físico. Los días siguientes Florencia quiso hablar de lo que había sucedido entre ellos pero no encontró el momento, Juan la esquivaba. Cuando fueron a París, otra vez el alcohol se interpuso y volvieron a traspasar los límites de la amistad.
Finalizado el viaje Juan volvió para Mar del Plata a continuar con la firma de papeles del divorcio y continuar con su vida. Florencia también volvió a su vida de antes, y entre ellos todo fue igual que antes: grandes amigos: “fue una cañita al aire, no le di mucha vuelta”, admite con naturalidad Florencia.
Su amistad nunca había sido de mensajes todos los días, siempre fue de esas amistades en las que cuando te ves pareciera como si el tiempo no hubiera pasado pero que luego tal vez pasan meses sin saber uno del otro.
“Siempre nos quedará París”
A fin de año Florencia viajó dos semanas a Pergamino para pasar las fiestas junto a su familia. Compró un chip con número de teléfono argentino y le mandó un mensaje de texto a Juan: “Siempre nos quedará París”. Juan, desconcertado por aquel mensaje misterioso de un teléfono desconocido intentaba averiguar quien era el destinatario. Florencia divertida con la situación demoró en confesar que era ella y comenzaron un ida y vuelta de mensajes que fue creciendo en tráfico día tras día.
Florencia volvió a Madrid y los mensajes seguían con mayor intensidad que otras etapas. El 14 de febrero del 2011 Juan la saludó: “Felíz día”. Florencia lo frenó, no le encontraba sentido a seguir hablando como lo venían haciendo considerando que un oceano los separaba, y le aclaro que esas actitudes le generaban algo de miedo, temía confundirse con su amistad. Pero la respuesta de Juan fue directa y sincera: “Yo ya me estoy confundiendo”.
El 2011 fue un año crucial donde comenzaron una relación a distancia. En julio Florencia decidió viajar a Mar del Plata para descubrir si al verlo a Juan y estar su lado lo sentiría como un amigo o como alguien con quien podría llegar a ser su pareja. Se fueron juntos de viaje a Puerto Madryn, pasearon por la feliz y sí, se sentían a gusto el uno con el otro.
Se dio comienzo a un nuevo dilema. “¿Qué hacemos?” Para Florencia volver a Argentina no era opción, estaba feliz con su vida madrileña y estaba convencida de que Juan tendría muchísimas oportunidades, sería una experiencia única e inolvidable para él. Lo convenció y a fin de año él también se mudó a España y dieron comienzo a la convivencia.
“No soy un chico normal”
Juan no demoró en conseguir trabajo, pero un tiempo después renunció porque ambos decidieron viajar por Europa y Asia durante un año. En aquel viaje vieron muchas familias con hijos y Florencia, que con 37 años no se había planteado la posibilidad de ser mamá, comenzó a entusiasmarse con la idea. Al tiempo quedó embarazada de su primer hijo y luego llegó el segundo.
“Siempre vivimos una vida de viaje, tenemos un blog que se llama Ruta del Mate y hace tres años que vivimos de manera permanente en un autocaravana. Trabajamos online, nuestros hijos no van a la escuela, nosotros los educamos a ellos”, cuenta Florencia.
Están felices con su estilo de vida. “Juan era un chico normal que quería casarse, tener hijos, comprarse una casa y laburar. Cuando nos escribió a mí y a mi amigo para ir a España nos dijo: ”No soy un chico nomal” y ahí nos contó que se estaba separando, no lo podíamos creer, era super estructurado. Nosotros en cambio viajando, de joda, era otra onda la que teníamos”, analiza Florencia.
“Él cambió un montón, era un chico que no había salido del país, dejó de ser un chico normal para ser el chico viajero, quería que sus hijos vayan al colegio marista y ahora somos padres homeschooling, cambió mucho su perspectiva. Yo por mi lado nunca fui tan tradicional, de mí por ahí se espera un poquito mas estas cosas, pero de él no tanto”, cuenta Florencia que, admite, ahora es Juan el que más quiere viajar y salir a conocer el mundo. Y en eso estamos.
