
En Santa Fe, la negociación salarial docente volvió a convertirse en un escenario de alta tensión política. La asamblea provincial de Amsafe resolvió rechazar de manera categórica la propuesta salarial presentada por el Gobierno de Maximiliano Pullaro, en una votación que dejó un dato difícil de relativizar: el 99,5% de los docentes optó por la negativa. El resultado no solo clausuró la posibilidad de acuerdo inmediato, sino que activó un nuevo capítulo del conflicto con un paro previsto para el 2 de marzo, en coincidencia con el inicio del ciclo lectivo.
La contundencia del rechazo no apareció como un hecho sorpresivo dentro del universo educativo. Durante las semanas previas, en distintas localidades del centro norte provincial, los docentes habían comenzado a expresar públicamente su malestar. Asambleas departamentales, movilizaciones locales y pronunciamientos en redes sociales anticipaban un clima adverso para la oferta oficial, especialmente si el Ejecutivo no introducía modificaciones sustanciales en el esquema salarial.
La propuesta del Gobierno replicaba la lógica aplicada en la administración central: una compensación del 3% por el desfase de noviembre y diciembre de 2025, más un incremento del 12,5% para el período enero–junio de 2026, desagregado en tramos mensuales. A ello se sumaban componentes específicos para el sector docente: un mínimo garantizado, un incremento del 30% en el ítem por responsabilidad jerárquica para cargos directivos y una suma de $100.000 vinculada a capacitación.
Desde la conducción gremial, la lectura fue crítica en varios planos. El secretario general Rodrigo Alonso definió la oferta como “insuficiente”, insistiendo en que no responde a la pérdida acumulada del poder adquisitivo. El dirigente remarcó que, según los cálculos sindicales, el deterioro salarial desde diciembre de 2023 ronda el 33%, mientras que el reconocimiento estatal se limita a un tramo mucho menor.
Uno de los ejes más sensibles del cuestionamiento giró en torno a la estructura del ingreso. Alonso sostuvo que parte del impacto salarial se apoya en suplementos y adicionales, lo que —según la postura gremial— no consolida un salario “genuino”. En esa línea, también objetó que el mínimo garantizado alcance exclusivamente a docentes activos, dejando afuera al sector pasivo.
La suma por capacitación constituyó otro punto de fricción. Si bien el Gobierno la presentó como un reconocimiento mensual, el gremio expresó reparos sobre su implementación futura y su carácter no remunerativo. En paralelo, el plan Asistencia Perfecta volvió a ser señalado por Amsafe como un mecanismo que condiciona la adhesión a medidas de fuerza y tensiona la dinámica laboral cotidiana.
El impacto sobre jubilados y jubiladas apareció, nuevamente, como uno de los núcleos más conflictivos. El diferimiento en el traslado de aumentos y la discusión en torno al aporte solidario continúan formando parte de los reclamos sindicales, pese a los anuncios oficiales vinculados a la situación de la Caja de Jubilaciones.
La definición de la asamblea incluyó además un plan de acción escalonado. Antes del paro del 2 de marzo, el gremio prevé jornadas de visibilización en todo el territorio provincial, concentraciones departamentales y la instalación de una Carpa Blanca itinerante que recorrerá los distintos departamentos.
Más allá de los números, el conflicto docente vuelve a exhibir una dimensión política más amplia. En el universo educativo comienza ahora otra etapa: la de sostener la decisión frente a un contexto que, desde el inicio de la gestión, estuvo atravesado por un vínculo áspero entre el Ejecutivo y la docencia. Internamente, sectores sindicales reconocen que el desafío inmediato será resistir las presiones que puedan emerger en el marco de una disputa que combina salario, condiciones laborales y relato político.
En ese tablero, la experiencia reciente del conflicto policial aparece como referencia inevitable dentro del debate público. La firmeza, en aquel caso, alteró el desenlace de la negociación. En el ámbito docente, la pregunta que comienza a instalarse es otra: cuánto margen de resistencia tendrá un sector que, esta vez, decidió expresarse sin matices.
