
Una investigación reciente de la Universidad de Aberdeen, centro académico británico, transformó la forma en que se entiende la prevención de muertes y daños por avalanchas. Demuestra que la clave no está en la magnitud del desastre, sino en la gestión anticipada y los sistemas de alerta temprana implementados.
Este descubrimiento subraya que, con preparación adecuada, los riesgos pueden mitigarse considerablemente, cuestionando la visión tradicional de inevitabilidad. El hallazgo científico está respaldado por la colaboración con el Divecha Center for Climate Change, instituto líder en investigaciones climáticas de la India, y el Indian Institute of Science.
El trabajo pone énfasis en que un enfoque basado en monitoreo integrado —por satélite y terrestre—, protocolos claros de evacuación, preparación comunitaria y la adopción de sistemas de alerta temprana permite reducir víctimas, sin importar el tamaño del fenómeno. Investigadores de la Universidad de Aberdeen aseguran que la anticipación y la acción inmediata son determinantes para evitar tragedias.
Qué revela el nuevo estudio
La Universidad de Aberdeen trabajó en conjunto con el Divecha Center for Climate Change y el Indian Institute of Science para comparar dos escenarios de avalanchas recientes de alta montaña: el desastre de Chamoli (India, 2021) y el de Blatten (Suiza, 2025), ambos involucrando hielo y roca, pero con consecuencias opuestas.
Experiencias opuestas: Chamoli y Blatten
En Chamoli, la falta de sistemas de monitoreo y preparación derivó en más de 200 muertes. No existían rutas de evacuación ni protocolos claros de actuación. El estudio detalla que la ausencia de advertencias y directrices dejó a la población completamente vulnerable.
“Los desastres en la montaña no son solo eventos naturales, también son pruebas para la gobernanza”, afirmó el Dr. Anshuman Bhardwaj, coautor e integrante de la Escuela de Geociencias de la Universidad de Aberdeen.
Por contraste, en Blatten la prevención fue decisiva. El monitoreo continuo de pendientes, rutas de evacuación definidas y alertas tempranas permitieron una evacuación expedita de la comunidad. Así se evitaron víctimas fatales, aunque una extensa parte de la localidad quedó sepultada.
“Chamoli mostró lo que ocurre cuando se ignoran las señales de advertencia. Blatten demostró que incluso los riesgos extremos pueden superarse si se anticipan y el sistema está listo”, indicó el equipo de la Universidad de Aberdeen.
Recomendaciones clave para zonas vulnerables
El estudio, dirigido por el Dr. Rayees Ahmed y la Dra. Lydia Sam, ambos de la Universidad de Aberdeen, ofrece una hoja de ruta concreta para gobiernos y comunidades en zonas vulnerables, especialmente en el Himalaya.
Recomienda un monitoreo integrado constante, la definición de umbrales claros para la toma de decisiones, la implementación de rutas de comunicación rápidas y la descentralización de la autoridad para activar evacuaciones ante el aumento de la amenaza.
La investigación impulsa la capacitación comunitaria y advierte que los sistemas de preparación para avalanchas son escasos en regiones montañosas, a diferencia de los existentes para ciclones o inundaciones.
Según la Dra. Sam, el calentamiento global está desestabilizando los glaciares y las laderas de alta montaña, lo que incrementa la frecuencia y la imprevisibilidad de este tipo de aludes. Por esta razón, los marcos basados únicamente en antiguas categorizaciones del riesgo resultan insuficientes frente al impacto del cambio climático.
Adaptar modelos globales a contextos regionales
El trabajo señala que los métodos aplicados en Suiza pueden adaptarse en contextos como los Himalayas o el macizo andino, donde el retroceso glaciar y la degradación del permafrost amplifican los peligros existentes. El planteamiento trasciende el ámbito técnico y sitúa la anticipación como un desafío de gobernanza y de preparación colectiva, no solo de capacidad operativa.
La Universidad de Aberdeen subraya que el elemento clave no es la intensidad de la avalancha, sino la creación de sistemas locales capaces de identificar señales de alerta, comunicar peligros de manera efectiva y activar rutas de evacuación.
Este cambio de modelos reactivos a una gestión anticipada, según los autores, es la principal diferencia entre una tragedia y una respuesta efectiva a eventos futuros.
