
La dinámica institucional del Concejo Municipal de Santa Fe volvió a quedar atravesada por el clima nacional. Lo que debía ser este jueves el acto formal de apertura del período de sesiones ordinarias, con el tradicional mensaje del intendente Juan Pablo Poletti, fue finalmente reprogramado para el viernes 20 de febrero. La decisión no respondió a una cuestión protocolar menor, sino al impacto directo del paro general convocado por la Confederación General del Trabajo (CGT) y la adhesión de ASOEM.
El inicio del calendario legislativo local estaba previsto para las 9.30 en el recinto de calle Salta 2943. Sin embargo, la medida de fuerza definida a nivel nacional alteró la agenda institucional de la ciudad capital. ASOEM, el gremio que nuclea a los trabajadores municipales, confirmó su adhesión al paro y dispuso la huelga sin asistencia a los lugares de trabajo, lo que en términos operativos imposibilitó la realización del acto.
Desde la conducción sindical justificaron la decisión en un comunicado que explicitó el posicionamiento político del sector. “La medida de fuerza se llevará adelante sin asistencia a los lugares de trabajo, en rechazo a la reforma laboral impulsada por el gobierno nacional, que constituye un grave retroceso en materia de derechos laborales y sociales”, señalaron.
La reprogramación, aunque administrativa en su forma, deja al descubierto el modo en que los conflictos de escala nacional se proyectan sobre la vida institucional de los gobiernos locales. No se trata únicamente de un corrimiento de fechas, sino de la evidencia de un escenario político donde las tensiones laborales y económicas condicionan incluso los actos más estructurales del funcionamiento democrático.
El nuevo período ordinario del Concejo se inscribe además bajo el marco normativo actualizado tras la reciente adecuación reglamentaria. La ordenanza sancionada el 18 de diciembre de 2025 fijó taxativamente que el cuerpo deliberativo sesionará anualmente entre el 15 de febrero y el 10 de diciembre, ampliando formalmente el tiempo legislativo y alineándolo con el nuevo esquema institucional provincial.
El texto establece también los mecanismos de prórroga, convocatoria extraordinaria y delimitación de temas, consolidando un diseño que busca dotar de mayor previsibilidad al funcionamiento parlamentario municipal. En ese contexto, el mensaje del intendente adquiere un valor político central, al constituir la instancia en la que el Ejecutivo expone el estado general de la administración y traza las líneas de gestión.
Fuentes del municipio habían anticipado que el discurso de Poletti se estructuraría sobre los ejes “levantar, ordenar y pacificar” Santa Fe. Tres conceptos que sintetizan la narrativa oficial de la actual gestión y que funcionan, al mismo tiempo, como diagnóstico implícito de la situación heredada y horizonte de acción política.
El corrimiento del acto no modifica ese contenido, pero sí introduce un dato político ineludible: la apertura legislativa se producirá en un contexto atravesado por el paro nacional y el debate por la reforma laboral, una discusión que excede lo estrictamente económico para instalarse en el terreno de la disputa política e ideológica.
Las declaraciones del triunvirato de la CGT aportaron densidad a ese escenario. Jorge Sola ratificó la huelga por 24 horas y advirtió que “la Argentina se paralizará de punta a punta”. El dirigente sindical sostuvo que la central obrera no rechaza una reforma en abstracto, sino la pérdida de derechos, y vinculó la medida con un deterioro del empleo formal, la caída del poder adquisitivo y el incremento del endeudamiento familiar.
El impacto del paro, así, no quedó restringido al plano productivo o administrativo. Alcanzó de lleno la dinámica política e institucional, reconfigurando agendas y exhibiendo el delicado equilibrio entre gobernabilidad local y clima nacional.
El viernes, cuando Poletti finalmente ingrese al recinto para pronunciar su mensaje, el acto no será ya una simple formalidad. Será leído inevitablemente bajo la sombra de un conflicto laboral de alcance federal, en un momento donde la política, una vez más, se ve obligada a convivir con la tensión social.
