
El estado de Iowa invertirá más de USD 100 millones en infraestructura para el tratamiento de agua durante los próximos diez años, en un intento por frenar la creciente contaminación por fertilizantes en sus ríos. La gobernadora Kim Reynolds anunció la medida en el Capitolio estatal tras años de deterioro en la calidad del agua potable: numerosas localidades superan los límites legales de nitratos, un contaminante que disparó las alarmas sanitarias y ambientales en todo el estado, informó el medio Inside Climate News.
Desde el inicio de 2024, al menos siete comunidades registraron niveles de nitratos superiores al máximo permitido por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), según documentos del Departamento de Recursos Naturales de Iowa. La cifra marca un récord en décadas para el abastecimiento de agua potable. La Central Iowa Source Water Resource Assessment, un estudio científico de dos años publicado en el verano de 2025, atribuyó el 80% del nitrógeno presente en las cuencas de Iowa central a actividades agrícolas.
Investigaciones citadas vinculan la exposición prolongada a nitratos, incluso a bajas concentraciones, con distintos tipos de cáncer y riesgos graves para la salud de lactantes.
La estrategia presentada por Reynolds contempla un aporte inicial de USD 25 millones para ampliar la planta de remoción de nitratos Central Iowa Water Works, que abastece a más de 600.000 residentes en el área metropolitana más grande del estado. La planta debió operar más de 100 días en lo que va de 2026, período en que los ríos Des Moines y Raccoon registraron concentraciones cercanas a récords históricos y por encima del límite legal de 10 miligramos por litro.
El paquete legislativo prevé también USD 76 millones en subvenciones y créditos para modernizar los sistemas de tratamiento en comunidades rurales, las más afectadas por la falta de infraestructura para eliminar este tipo de contaminantes. “Redirigimos los fondos a las necesidades más urgentes y a los programas más eficaces. La calidad del agua no es un problema agrícola, urbano ni político, es un principio no negociable”, afirmó la gobernadora.
Fertilizantes y desechos, la fuente del problema
Los orígenes de la crisis radican en la utilización intensiva de fertilizantes sintéticos y desechos de porcinos y aves, prácticas esenciales para el crecimiento acelerado del maíz y la soja en la región, según la Central Iowa Source Water Resource Assessment.
Cuando estas sustancias no son absorbidas por los cultivos, se filtran en los suelos y desembocan en los cursos de agua, donde promueven la proliferación de algas, organismos patógenos y altos niveles de nitrato.
La mayoría de las comunidades rurales carece de instalaciones adecuadas para tratar el agua y eliminar esos residuos, lo que eleva su vulnerabilidad frente a crisis de abastecimiento. “La contaminación por nitratos exige una solución de escala estatal”, señaló Colleen Fowle, directora del programa de aguas del Iowa Environmental Council.
La respuesta gubernamental combina fondos para infraestructuras urbanas y rurales, pero los especialistas insisten en el carácter insuficiente y localizado de las medidas. Varias regiones con los índices más elevados fuera de Iowa central quedarían marginadas de los principales apoyos del paquete, subrayó Fowle. El propio Iowa Environmental Council calificó la propuesta oficial como “un pequeño primer paso”.
Regulación y monitoreo: los flancos débiles
El plan de Reynolds destina también USD 52 millones adicionales al Departamento de Agricultura y Desarrollo Rural de Iowa para fomentar prácticas agrícolas como cultivos de cobertura, siembra directa y humedales reductores de nitrato. Todas estas acciones son voluntarias, precisó el secretario de Agricultura, Mike Naig, durante el acto.
“Las regulaciones obligatorias son la única forma de garantizar mejoras en la calidad del agua, y además gozan de un apoyo muy elevado”, sostuvo Jennifer Breon, organizadora de la organización de defensa ambiental Food & Water Action en Iowa. Según una encuesta realizada por esa organización, el 79% de los votantes respalda requisitos obligatorios para que la agricultura industrial reduzca la contaminación.
Otra crítica apunta a la exclusión del Iowa Water Quality Information System de la financiación estatal. La red de más de 60 sensores automáticos, operada por la Universidad de Iowa, perdió sus fondos estatales en 2023 y sobrevive con subvenciones privadas que expiran a fines de julio. El nuevo paquete destina, en cambio, USD 500.000 anuales adicionales al Departamento de Recursos Naturales para su programa de monitoreo mensual, que realiza muestreos en 60 cursos de agua, un método menos preciso que el monitoreo en tiempo real.
“La pérdida de esta red sería un golpe enorme para un estado que ya enfrenta grandes dificultades para garantizar agua potable a su población”, advirtió Fowle ante representantes de la Iowa Farmers Union.
