
Durante meses fue simplemente una mujer mayor que recorría las calles de Buenos Aires. Quienes solían verla por San Telmo la describían como reservada, prolija y reacia a contar detalles sobre su pasado. Solía desayunar en un bar de avenida Independencia, pagaba siempre lo que consumía y exigía su comprobante. Su manera de hablar también llamaba la atención: tenía un acento europeo difícil de identificar, con rasgos que algunos asociaban al italiano.
Pero a comienzos de 2018 dejó de ser una desconocida. O eso se sospechó. Todo comenzó cuando una periodista mexicana que investigaba la desaparición de Marcela Basteri, la madre de Luis Miguel, reparó en aquella mujer y planteó una hipótesis explosiva: ¿podía ser ella la mujer que llevaba más de tres décadas desaparecida? El notable parecido físico fue suficiente para que las imágenes comenzaran a circular y el caso tomara una dimensión internacional.
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Había además un elemento que hacía que la teoría no pareciera completamente absurda: Marcela había pasado buena parte de su infancia y adolescencia en la Argentina. Nació en Italia, pero llegó al país siendo una niña y aquí creció, en las calles de la Ciudad de Buenos Aires, antes de conocer a Luisito Rey, con quien luego tendría tres hijos: Luis Miguel, Alejandro y Sergio. Por eso, la posibilidad de que Basteri hubiese regresado a Buenos Aires después de desaparecer de España era una de las tantas hipótesis que se habían manejado con los años.
Cuando en aquel momento Luis Ventura logró acercarse a la mujer que mendigaba en San Telmo, ella negó ser la persona que buscaban. Al preguntarle por Luis Miguel, respondió confundida, preguntando si se refería a “el torero”. Poco después ocurrió algo todavía más desconcertante: un hombre de España vio las imágenes y aseguró que aquella mujer era su hermana desaparecida, a quien identificó como Honorina Montes. Su familia asturiana llevaba décadas sin saber de ella.
La tal Honorina terminó internada en el Hospital Moyano y una medida judicial limitó la difusión de información sobre su situación. Pero para Ivana y Flavia Basteri, primas de Marcela, esta explicación no terminó de cerrar el caso. Las mujeres insistieron ante la Justicia para que se realizara un cotejo genético y señalaron varias coincidencias físicas entre Honorina y su prima desaparecida.
Entre ellas mencionaron un lunar en el cuello y una deformación en el dedo anular de la mano izquierda, que vincularon con los años en que Marcela trabajó con la costura y utilizaba dedal. Otros familiares maternos llegaron incluso a visitar a Honorina y sostuvieron públicamente que reconocían en ella historias y datos que, según decían, solamente conocía la familia Basteri.
Esas afirmaciones mantuvieron viva durante años una teoría que dividió incluso a quienes investigaron el caso.
LA HISTORIA DE LA DESPARICIÓN DE MARCELA BASTERI, LA MAMÁ DE LUIS MIGUEL
La última etapa conocida de Marcela comenzó en 1986, cuando su relación con Luisito Rey ya estaba profundamente deteriorada. De acuerdo con la investigación realizada por los biógrafos Javier León Herrera y Juan Manuel Navarro, había regresado a Italia con su hijo menor, Sergio, y se había refugiado junto a familiares. Testimonios recogidos por ellos describieron una relación atravesada por la violencia —la que Luis Rey ejercía sobre ella— y un enorme desgaste emocional.
En agosto de ese año decidió Marcela viajar desde Italia hacia Madrid, donde debía reencontrarse con el papá de Luis Miguel. Antes había tenido un último encuentro con su hijo en el aeropuerto madrileño, antes de que el cantante viajara a Chile. Según esa reconstrucción, madre e hijo estuvieron aproximadamente una hora juntos. Ya nunca volverían a verse.
Días después, Marcela llamó a su tía Adua. Le contó que estaba en Madrid junto a sus hijos Alejandro y Sergio, y que supuestamente viajaría a Chile para reencontrarse nuevamente con Luis Miguel. A partir de allí, su rastro se perdió por completo. Luisito Rey sostuvo posteriormente distintas versiones sobre su destino, entre ellas que Marcela se había marchado con otro hombre. Ninguna permitió encontrarla.
Luis Miguel dedicó años a intentar saber qué había ocurrido. Según sus biógrafos, recurrió a investigadores privados y recibió la información de que su madre habría muerto en España en 1986 por “causas no naturales”. Nunca apareció un cuerpo ni existe una resolución judicial pública que haya establecido qué ocurrió realmente con Marcela, por lo que alrededor de su desaparición crecieron durante décadas hipótesis que fueron desde una muerte violenta hasta internaciones psiquiátricas o una vida bajo otra identidad.
El capítulo argentino tuvo finalmente una respuesta genética. Después de años de reclamos, en octubre de 2023 la Justicia autorizó un nuevo cotejo de ADN entre Honorina Montes e Ivana y Flavia Basteri. Un mes más tarde trascendió el resultado: la comparación fue negativa y descartó el vínculo biológico buscado, por lo que Honorina no era Marcela Basteri.
La mujer de San Telmo dejó así de ser una posible respuesta al mayor misterio de la vida de Luis Miguel; el verdadero destino de su madre, casi cuatro décadas después, continúa sin una explicación pública definitiva.
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